-VI' %
GWT OF
JoCoCEIBMIUüi^
ÍÉP2Al;r.X^
m¥^^
r *>¿
':¿Sí:
HUDBNCIO OTERO SANCHE
%B S P ATSJ^
•ATRI A'-D&'COLÓl
BIBLIOTECA IhíUEVA
ESPAÑA, PATRIA DE COLÓN
»ÜC. DE RIVADSNBYRA (s. A.). PASEO DB SAN VICENTE, 20. — MADRID
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
ESPAÑA,
PATRIA DE COLON
BIBLIOTECA NUEVA
USTA, 66. — MADRI©
1922
<^n
1^
f
x^
j^'
V
AL GRAN ESPAÑOL DON RAFAEL CALZA-
DA, QUERIDO AMIGO MIÓ B INSPIRADOR
DE ESTA OBRA.
EL AUTOR
493;iH2
AL LECTOR
En el año de 191 3, el insigne pontevedrés Celso Gai-
cía de la Riega, escribió su obra Colón, español, siendo
el primer historiador que proclamó la patria española
de Colón. Su labor conjetural es digna de encomio;
pero como la base de su trabajo asentaba sobre docu-
mentos reargüidos de falsos, por apareéer, según dicen
los paleógrafos, alterados, hubiera caído en el olvido si
otro esclarecido español, el doctor Rafael Calzada, dis-
tinguido jurisconstdto, publicista y ex diputado a Cor-
tes por Madrid, no hubiese persistido en sostener que
el gran almirante no era genovés, puesto que, además
de los argumentos presentados por la Riega para con-
ceptuarlo español, poseía fotografías de autógrafo de
Cristóbal Colón, cuyos caracteres gráficos eran de letra
española, distinta de la italiana de la misma época.
El doctor Calzada me escribió pidiendo unos datos,
al propio tiempo que me instaba a que, ayudado por
nuestros amigos D. Casto Sampedro, D. Heliodoro Fer-
nández Gaztañaduy y D. Torcuato UHoa, hiciéramos,
por medio de la Prensa, estado de opinión hasta que
la Real Academia de la Historia estudiase el asunto y
7
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
salvase el error histórico de la cuna genovesa de Colón,
afirmando que toda la gloria del descubrimiento de
América correspondía a España.
¿Cómo podía desatender las indicaciones de mi ex-
celente amigo, si así, además, contribuía a rehabilitar la
memoria de Celso García de la Riega?
Lánceme, pues, con afán, a buscar nuevos elementos
probatorios que me llevasen al firme convencimiento de
que Crictóbal Colón fué español; y puedo jurar, que-
ridos lectores, que si no hubiera adquirido tal convic-
ción, no me atrevería a escribir este libro, exento de
galas literarias, pero inspirado por una conciencia hon-
rada y basado en datos históricos exactos, incontrover-
tibles. Como prueba de imparcialidad, se encontrará en
este libro la genealogía genovesa de Colón, trabajo
completo y eruditísimo del académico de la Historia
D. Ángel Altolaguirre y Duvale; genealogía preparada
durante varios siglos sin intervención de España, y
que, verdadera o falsa, nada tiene que ver con la ge-
nealogía del linaje verdadero de los de Colón, como lo
demostraré. Pero como la Real Academia de la Historia
persiste, al parecer, en el prejuicio de que no es posible
destruir la genealogía genovesa, y, por lo tanto, desiste
de enviar a esta capital la Comisión ofrecida a la Co-
misión Pro-Patria Colón, para informar en asunto de
tal importancia para España, he ahí el por qué me de-
cido a escribir este libro, en el que haré una relación
exacta de lo ocurrido entre la Academia y la Comisión
Pontevedresa, y pueda así juzgar la opinión con absolu-
to conocimiento de causa.
%
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Este libro es, pues, una apelación ante el público, y
confío en que se dedicarán el buen sentido y la discre-
ción, movidos por el amor a la verdad, a subsanar aquel
error histórico.
Tal vez no me sea dado alcanzas la terminación de
este pleito, pues ya he entrado en el decimoquinto lus-
tro de la vida; pero si mis ojos se cierran antes, llevaré
la esperanza de que vosotros formaréis una falange de
convencidos, que impondréis vuestro criterio, haciendo
que la Historia y la verdad vuelvan por sus fueros, al
sostener que la patria de Colón no es Italia, sino Es-
paña.
- Prudencio Otero Sánchez.
GÉNESIS DE LA OBRA DE CELSO GARCÍA
DE LA RIEGA "COLON, ESPAÑOL*'
Hace más de treinta años, reuníanse en el escritorio
de D. Casto Sampedro, fundador y presidente de la
Sociedad Arqueológica de Pontevedra, y más tarde cro-
nista de su provincia, varias personas amantes de las
glorias patrias y de nuestra región gallega, entre
ellas los señores D. Alejandro Cerda, ingeniero jefe
de Obras Públicas de esta provincia; D. Celso García
de la Riega, historiador, publicista, ex diputado a Cor-
tes, ex gobernador, etc., el malogrado y cultísimo joven
D. Carmelo Castiñeira, abogado y peritísimo en asuntos
de arqueología; D. José Casal y Lois, D. Luis Goros-
tola, y otros que fueron los primeros socios de la Ar-
queológica Pontevedresa, y que, alentados por su fun-
dador, pe^eguían con interés todo objeto antiguo del
cual poseían noticias para que su museo fuese digno de
figurar entre los primeros del mundo.
En busca y captura de objetos y documentos que tu-
vieran interés con el logro dé sus propósitos, el señor
Sainpedro y el Sr. Castiñeira encontraron en el archi-
vo del Ayuntamiento de Pontevedra unas fojas en per-
M
PRU D ENCIQ OTERO SÁNCHEZ
gamino, en una de las cuales constaba debérsele a D."
de Colón y B.° Fonterosa varias sumas de maravedises
por alquiler de unas muías para llevar pescado al ar-
zobispo de Santiago.
El hallazgo fué la comidilla de las personas de ma-i
yor o menor cultura de esta población, y el primer rayo
de luz que alumbró la idea de que el descubridor del
Nuevo Mundo fuese pontevedrés la dio D. Casto Sam-
pedro, diciendo a sus amigos y contertulios, entre los
que se hallaba García de la Riega, que puesto que apa-
recían varios Colones, se hacía preciso seguir su hue-
lla, porque el estar unidos los dos apellidos de Colón y
Fonterosa en un mismo documento eran indicios im-
portantísimos.
Esta fué la base de la conferencia de García de la Rie-
ga ante la Sociedad Geográfica de Madrid y el punto de
partida, más tarde, para escribir su obra Colón, español.
Hombre activo y de imaginación, se consagró sin des-
canso a revisar el archivo de las Cofradías, que existía
en casa de los notarios Vázquez, que poseía el hijo po-
htico del último notario, D. Joaquín Núñez, y con el
hallazgo de otros documentos, que agregó al primera-
mente encontrado en el Ayuntamiento, dio en Madrid la
citada conferencia.
Después continuó buscando nuevos elementos para
escribir su libro Colón, español, hasta que la fatalidad
quiso que se produjese el incendio en la casa matriz de
los notarios Vázquez, quemándose los papeles que en
ella se hallaban.
En una de las visitas que hice a mi amigo La Riega
12 ^
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
antes de irme a América, allá por el año 1907, tuve en
mis manos todos los documentos que él compulsara, y
declaro que no vi en ninguno de ellos la más mínima
alteración; pero sí recuerdo que en algunos podía leer
con dificultad, pues la acción del tiempo pusiera la tin-
ta amarilla 3^ desvaida, valiéndome de una lente, el ape-
llido Colón, y en otro, al terminar la segunda o tercera
línea, el apellido Fonterosa.
Por aquel entonces estaba casi ciego García de la
Riega, y apenas salía a la calle, pues entre la ceguera y
un fuerte ataque de gota, se hallaba imposibilitado para
caminar.
Al regreso de otro viaje mío a Buenos Aires, en 191 3,
hallé publicada la obra de la Riega y a éste próximo a
morir; y la repercusión de lo escrito por La Riega fué
tal en España y en el extranjero, que alguna de las na-
ciones americanas varió sus libros de enseñanzas, sal-
vando el error histórico que el Almirante, por su pro-
pia conveniencia, quiso producir al estampar en su Ins-
titución Mayorazga lo de que de "Genova salí y en
ella nací".
Y esto fué causa de que, puestos de acuerdo el pre-
sidente de la Diputación y el alcalde del Ayuntamiento
de Pontevedra — ya fallecido La Riega — , invitasen a
una asamblea magna, formada por personas de la ca-
pital, para buscar forma y modo de que la Real Acade-
mia de la Historia emitiese su opinión sobre la tesis
sustentada por García de la Riega.
En ella se nombró una Comisión, compuesta por los
Sres. D. Rafael López de Haro, notable escritor, abo-
13
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
gado y notario ; D. Renato y D. Torcuato Ulloa Vare-
la, escritores; D. Luis Lueso y D. Ángel Miguez, pe-
riodistas, para que se viesen con ei hijo de La Riega
y examinasen los documentos que su padre había fo-
tografiado en el libro Colón, español, pues se decía pú-
blicamente que esos documentos habían sido alterados,
y así lo manjifestaba en una Revista de Arqueología,
Bibliotecas y Museos persona tan autorizada en la ma-
teria como el Sr. Serrano Sanz.
Hecha, pues, la inspección de esos documentos por
la Comisión nombrada, halló que, efectivamente, la ma-
yoría de ellos tenían señales de haber sido alterados, y
dio cuenta de su misión al Ayuntamiento, terminando
así su cometido.
Tal es, a grandes rasgos la génesis de la obra Colón,
español, publicada por Celso García de la Riega.
II
GÉNESIS DEL PRESENTE LIBRO
Permanecía olvidada la obra de García de la Riega,
cuando el doctor Calzada, que se hallaba en Asunción
del Paraguay, vióse solicitado por una Comisión de da-
mas, para dar una conferencia, con un objeto benéfico,
en el teatro Principal de la capital de aquella Repú-
blica en el año 191 5.
Eligió el conferenciante por tema Colón, español, y
fué tan enorme el entusiasmo que despertó entre las
personas cultas de aquel país, que después de aplaudir
el fondo y forma de la disertación, se acercaron a él
miembros del Gobierno paraguayo, para felicitarle y
manifestarle que en los libros de enseñanza se rectifi-
caría el error histórico respecto de la cuna de Colón.
Formó entonces el propósito de ampliar la obra de
La Riega con nuevos datos, y con este objeto me es-
cribió, pidiéndome algunos que necesitaba y excitándo-
me para que en España se hiciese propaganda en la
Prensa, con el fin de que la Real Academia de la His-
toria se ocupase de un asunto de tanta importancia.
Como estuviera ausente de Pontevedra cuando la
asamblea magna, acudí a la única persona que juzgué
15
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
más documejptada em este asunto, D. Casto Sampe-
dro, quien me hizo relación de cuanto sucediera con
la obra de La Riega, entregándome el trabajo del se-
ñor Serrano Sanz, en el que se tachaba de falsos los do-
cumentos que fotografiara La Riega, con el objeto de
que, a mi vez, se lo enviase al doctor Calzada y tuviera
así conocimiento de este hecho.
Cumplí fielmente d encargo del Sr. Sampedro, es-
cribiendo y remitiendo a mi amigo Calzada el trabajo
del Sr. Serrano Sanz; pero como yo tenía el conven-
cimiento de haber visto parte de aquellos documentos
sin mácula de ningún género en los apellidos Colón, y
además una idea clara y perfecta de la inteligencia de
mi amigo La Riega, declaro que no quedé convencido
ni me convencerá nadie de que los documentos estuvie-
sen adulterados por él.
Planteado el problema, que era goloso de suyo, quise
estudiarlo a fondo, y acudí a mi amigo Sampedro, quien
me manifestó con toda hidalguía que, aunque los do-
cumentos fotografiados por La Riega estuviesen adul-
terados, él poseía otros y conocía más, que probaban la
existencia, en Pontevedra, del apellido Colón ; pero que
no los juzgaba bastantes para variar la genealogía co-
lombiana de Genova. Puso, sin embargo, a mi disposi-
ción esos documentos y su copiosa bibliografía referen-
te a Cristóbal Colón.
Después de concienzudo estudio, es absoluta mi con-
vicción de que el Almirante no fué genovés, y así lo
manifesté a Sampedro y Calzada. Este, conforme con
mis apreciaciones, y después de una extensísima co-
16
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
rrespondencia, me indicó la conveniencia de que diera
ocasión a la Prensa para que se ocupara de ello; soli-
cité la cooperación de mi amigo Sampedro, pero no
pude obtenerla.
Conociendo a quienes habían formado la Comisión
para examinar los documentos de La Riega, conferen-
cié con ellos, y después de manifestarles que era con-
veniente el que se continuaran los trabajos de la obra
Colón, español, accedieron a mis deseos con deferencia
que agradezco sinceramente.
Convenido el día de la reunión, llevé a ella mi pri-
mera exposición, fecba 6 de febrero de 1917, con cuyo
contenido se hallaron conformes, acordando su publi-
cación en diarios de Galicia y algunas revistas ilustra-
das, en la forma siguiente :
COLÓN^ ESPAÑOL
Nota oficiosa.
La Comisión designada para continuar las indagacio-
nes en averiguación de la patria del descubridor de
América, se ha vuelto a reunir, convocada por su pre-
sidente y a instancias de D. Prudencio Otero Sánchez.
Esta Comisión, a virtud de cierta impugnación de
que fueran objeto los documentos reunidos por D. Cel-
so García de la Riega, creyó oportuno someter al Ayun-
tamiento de Pontevedra el nuevo estado de la cuestión
para que se recabase dictámenes técnicos que resolvie-
sen la controversia, .considerándose tal Comisión como
virtualmente disuelta.
17
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Las incesantes, pacientísimas gestiones de D. Pruden-
cio Otero, eficazmente facilitadas por la benevolencia
de D. Casto Sampedro, han producido felizmente el
hallazgo de nuevos documentos de autenticidad indu-
bitada y que pueden tener una importancia decisiva.
En vista de ello, la Comisión se considera reconsti-
tuida, después de cubrir la vacante que dejó en ella el
Sr. Rodríguez Lueso con la cooperación del distinguido
escritor gallego Sr. Fernández Gastañaduy, y se ha pro-
cedido a examinar los. nuevos documentos aportados
por el Sr. Otero y la exposición redactada por este
señor.
Y creyendo que la cuestión se plantea de nuevo y en
términos distintos y que la demostración de haber sido
Colón gallego tiene hoy muy grandes probabilidades de
imponerse, esta Comisión acuerda :
i.° Publicar con esta nota oficiosa la exposición o
moción presentada por D. Prudencio Otero.
2.° Pedir a la Excma. Diputación provincial que
gestione y consiga que por la Academia de la Historia
sea estudiado e informado tan importante asunto; y
3.° Hacer cuantas gestiones conduzcan a este fin
hasta lograr que sea rectificado un aserto histórico que
va teniendo todas las apariencias de un error, restitu-
yéndose con ello a España y a Galicia la mayor de sus
glorias.
MOCIÓN
''Señor presidente y demás señores que componen la
Comisión ejecutiva elegida por la Asamblea magna pre-
18
íiSPAÑA, PATRIA DE COLON
sidida por los señores presidente de la Diputación pro-
vincial y alcalde de la capital con objeto de continuar
las indagaciones de la verdadera patria del inmortal
Cristóbal Colón, en consonancia con las ideas y demos-
traciones vertidas por el inolvidable pontevadrés Celso
García de la Riega en su obra titulada Colófi, español
Ante todo quiero agradeceros la buena acogida que
habéis dado a la carta que con fecha 14 de diciembre
del año que acaba de fenecer tuve el gusto de dirigir
a vuestro presidente, Sr. López de Haro, como me lo
demostráis con el hecho de veros reunidos en este mo-
mento, que era el fin que me proponía conseguir con mi
citada carta.
II
Al aceptar con entusiasmo el puesto que ocupáis, se-
guramente pensabais os sería fácil llevar a término los
trabajos que se propusieron en aquella magna Asamblea,
de hijos, unos, y de vecinos, otros, de ^sta provincia,
cuales son destruir los errores que contiene la Historia
respecto a la verdadera patria de Colón hasta obtener,
como aseguraba García de la Riega en su citada obra!
que aquel grande hombre había'tenido por cuna Ponte-
vedra. ;
19
rRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
III
Cuando ^dabais los primeros pasos en vuestros traba-
jos, apareció un articulo, suscrito por el catedrático
doctor Serrano Sanz, en la Revista de Archivos, Biblio-
tecas y Museos de marzo a abril de 1914, en el cual
pretendió demostrar aquel señor que de los once docu-
mentos que presentaba García de la Riega como de-
mostración de que el apellido del linaje verdadero de
Colón era oriundo de Pontevedra ocho de ellos habían
sido alterados.
Nada me extraña que vuestro entusiasmo decayese
ante semejante aseveración, hecha por persona autori-
zada, mucho más cuando al cotejar los documentos fo-
tografiados con los originales, visteis que en algunos de
aquellos documentos el finado García de la Riega había
cometido (permítaseme la frase) una verdadera inocen-
tada avivando las palabras ''Colón", no alterándolas,
para que apareciesen más claras.
Yo, y como yo algunos otros ami¿os del finado Cel-
so de la Riega, entre ellos el abogado de este Colegio
D. Luis Gorostola y D. Joaquín Núñez (que fué el que
le facilitó algunos de los referidos documentos), tenía-
mos la seguridad de haberlos visto en perfecto estado,
sin avivación alguna (avivación que confiesa el mismo
García de la Riega) ; pero como no podíamos inculcar
a los demás la misma seguridad de que esos documen-
tos aun avivados decían lo mismo en su primitivo es-
20
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
tado, íni aun haciéndolo «n una declaración notarial,
desistí de ello y me impuse el ímprobo trabajo de bus-
car nuevos datos que pudieran acreditar lo mismo que
se propuso en su obra García de la Riega.
IV
Paralizados, pues, los trabajos de esta Comisión con
motivo del citado artículo del Sr. Serrano Sanz, no por
eso dejaron algunos compatriotas nuestros que se ha-
llan en Ultramar, entusiastas de la teoría proclamada
por García de la Riega, de publicar en la Prensa artícu-
los haciendo opinión y demostrando con deducciones
lógicas que el inmortal Colón se había llevado a la tum-
ba el secreto de su nacimiento, y que algún motivo había
tenido para no decir que su cuna era España.
Entre estos entusiastas compatriotas se halla en pri-
mer lugar mi querido amigo el doctor Rafael Calzada,
notable jurisconsulto y publicista, residente en la Re-
pública Argentina, quien después de haber dado, con
un objeto benéfico, una conferencia en el teatro Nacio-
nal, de la República del Paraguay, cuyo tema fué Co-
lón, español, me escribió con fecha 14 de noviembre
de 191 5 pidiéndome datos que necesitaba para publicar
un libro, sosteniendo la misma tesis de García de la
Riega y ampliándola con nuevos datos que poseía, para
que todos los pueblos tengan que reconocer que Cristó-
bal Colón era, cuando menos, español.
. 21
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Esta carta llegó a mí poder en momentos en que yo era
instado por D. Ramón Peinador (que es una de las per-
sonas más entusiastas de la misma idea) para que yo,
como diputado provincial e individuo de la Comisión
permanente, obtuviese que ésta se dirigiera a la Academia
de la Historia con el fin de que enviara una Comisión de
la misma que, con uno o dos paleógrafos, estudiase
los documentos fotografiados por García de la Riega e
informase si efectivamente ellos, aun avivados, dicen
o no lo mismo que decían.
He aquí expuestas a grandes rasgos las razones que
me han impulsado a ocuparme de este asunto, habién-
dome servido de acicate para ello, no sólo el deseo de
complacer a mis amigos Calzada y Peinador, sino el de
coadyuvar en mi modesta esfera a que la obra de García
de la Riega no quede en el olvido.
Pero para poder resucitarla era necesario encontrar
nuevos elementos que, aun en el caso de que no dieran
por válidos algunos de los documentos presentados por
García de la Riega, sirvieran para acreditar de una ma-
nera indubitable que el apellido del linaje verdadero de
"Colón" existía en Pontevedra mucho antes del descu-
brimiento de América.
¿Ya quién dirigirme que estuviera en condiciones
para darme esos elementos?
A la única persona que por sus aficiones paleográficas
22
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
es también el único que ha revisado todos los archivos
de documentos antiguos que existen en esta capital.
Esa persona ya sabéis que es el presidente y fundador
de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, D. Casto
Sampedro.
Gracias a él, hoy puedo presentaros la fotografía de
seis nuevos documentos auténticos y fuera de toda con-
troversia, que acreditan sin género de duda que el ape-
llido del linaje verdadero de Colón existía ya en Pon-
tevedra seguramente muchos años antes de 1405.
VI
Con estos elementos confío en que acometeréis con
valentía la continuación de nuestros trabajos hasta ob-
tener el fin que se había propuesto García de la Riega,
cual era el de que la Academia de la Historia rectificara
el error que todos los historiadores han cometido hasta
nuestros días de dar como cuna de Colón la ciudad de
Genova ; error muy fácil de explicar porque todos ellos
parten de la aseveración que aquel grande hombre hizo
en su institución Mayorazga al estampar en ella ''De
Genova salí y en Genova nací".
VII
Como debéis suponer, yo quise, antes de daros a co-
nocer los nuevos documentos hallados, relacionados con
un asunto para mí completamente ajeno y fuera de la
23
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
órbita de los que me han ocupado en mi larga vida de
trabajo, llevar a mi ánimo y a mi conciencia la convic-
ción de que no era una quimera la tesis tenida por Gar-
cía de la ^iega de que Colón era español, y para ello
he buscado creo que cuanto la Historia ha escrito re-
ferente a su verdadera patria, y después de examinarlo
todo con ánimo sereno, libre de todo prejuicio y sin
apasionamiento alguno, puedo aseguraros que he adqui-
rido la firme convicción de que todos los historiadores,
desde su hijo Fernando, el padre Las Casas, Navarrete,
Harrisse, Irving, Humbolt hasta Asensio, han partido
de aquella aseveración falsa; y, por lo tanto, siendo
falsa la premisa, falsas resultan todas las consecuencias.
VIII
Seria en mí una verdadera petulancia pretender refu-
tar todo lo que han escrito esos señores historiadores ;
pero como todos vosotros los habéis leído y habréis
formado vuestro juicio, me concretaré, por no hacer
interminable esta exposición, a manifestaros, en sínte-
sis, las observaciones que- me ha sugerido la lectura de
varios volúmenes que he tenido a la vista referentes a
Colón.
IX
Encuentro perfectamente atinente todo cuanto dice
en su obra García de la Riega desde él capítulo I hasta
el XII inclusive.
24
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Lo que queda en pie, lo único que a mi pobre juicio
hay que averiguar es, en síntesis, lo siguiente :
Cristóbal Colón, ¿era Colón o Colombo? Si era Co-
lombo, es italiano ; si era Colón, es español.*
Para formar juicio sencillo, sin entrar en la balumba
de todo cuanto se ba escrito al respecto, haciendo gala
de erudición, no hay más que dos documentos feha-
cientes que puedan servirnos para llevarnos a la ver-
dad. Esos documentos son el contrato firmado por los
Reyes de España y Cristóbal Colón en Santa Fe y su
institución Mayorazga de 1498.
¿Qué nos dicen esos documentos?
El primero lo firmó como Cristóbal Colón, porque
seguramente pensó que si aparecía como Colombo po-
dían algún día darlo por nulo.
En el segundo, aunque hizo la aseveración "De Ge-
nova salí y en Genova nací", tuvo buen cuidado de es-
tampar que, si llegase a extinguirse la institución por
falta de varón, que se buscase en cualquier cabo del
mundo aquel que lleve y hayan llevado sus antepasados
"el apellido de su linaje verdadero de Colón".
Todo lo demás de Colombo de Terrarubra, Colombo
de Tarrarrosa, Colombus, Colomas, etc., no quiere de-
cir otra cosa sino que variaba de apellido según le
convenía.
Como no se encuentre nada serio más que lo que dejo
dicho para determinar si era Colombo o Golón, puede
afirmarse que su verdadero apellido era Colón, y, por lo
tanto, español.
25
PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
X
Para demostraros que no era hijo de Doménico Co-
lombo y Susana Fontanarosa, basta, a mi juicio, pre-
guntar a los mismos historiadores de Colón y a todos los
hombres de buena voluntad. Si vosotros hubierais des-
cubierto un Nuevo Mundo, que es el hecho más grande
que registra la Historia después de la venida a él del
mártir del Gólgota, ¿a quién lo hubierais comunicado
con más premura, no teniendo esposa ausente, sino a
vuestro padre? Pues Doménico Colombo murió en 1498,
seis años después de haber descubierto su hijo Cris-
tóbal las Indias occidentales, sin que haya noticia algu-
na de que lo supiera, m nadie en Genova se movie-
se individual ni coFectivamente para felicitarlo. Si el
pobre Doméstico Colombo, lanero, cardador de lana o
fabricante, hubiera podido imaginar siquiera que, an-
dando el tiempo, le habían de dar por hijo al inmortal
Colón, hubiera salido por las calles de Genova gri-
tando: ''Ese es mi hijo."
Otra pregunta les haría: ¿Es posible que haya un
hombre que no haya jamás escrito tma sola palabra en su
idioma ? Pues de Colón no se sabe que la haya escrito :
todo cuanto de él se conserva, todo está escrito en espa-
ñol, y cuando le ha faltado una palabra castellana la puso
en gallego o en portugués, que, como sabéis, en aquella
época era lo mismo, con la agravante de que cuando se
2a
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
dirigió al gobernador de Genova lo hizo en latín y
cuando se dirigió a Toscanelli no le dio el tratamiento
de compatriota.
En conclusión: no hay un solo dato que acredite que
es genovés sino su dicho "De Genova salí y en Genova
nací", que no hay posibilidad de aceptarlo procediendo
de buena fe, y, en consecuencia, es español, y siendo
español, ¿de dónde es?
XI
Los datos que presenta La Riega y los que os presento
yo demuestran, sin duda alguna, que el apelHdo del lina-
je verdadero de Colón es oriundo de Pontevedra, pues
no es posible que, siendo genovés, no se le ocurriese,
después de cumplir con los Reyes de España y su Prín-
cipe, poniendo la Isabela, la Fernandina y la Juana a
las tierras que iba descubriendo, poner la Genovesa en
lugar de la Española, o el nombre de cualquiera de los
diez y siete pueblos que se disputan su cuna, y, en cam-
bio, ¿qué hizo?
Poner a infinidad de islas los nombres todos de para-
jes y Cofradías de Pontevedra, y si bien es cierto que el
Salvador y Santa María Porto Santo los hay en varios
sitios, no se encuentran reunidos en un solo punto, y
como si le pareciese poco a Colón para determinar de
fuña manera clara y terminante su procedencia, dio a
tierras por él descubiertas el nombre de Galea y Punta
27
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Lanzada, dos puntos que creo existen sólo en la ría de
Pontevedra y que todos conocéis.
Este dato es muy significativo, y me ha extrañado
mucho no lo haya citado García de la Riega.
XII.
Terminaré, pues, rogándoos no desmayéis en la mi-
sión que os ha sido confiada, y si después de aquilatarlo
todo llegáis a adquirir honradamente la misma con-
vicción que yo tengo de que la verdadera patria de
Colón es España, os dirijáis a los organismos provin-
ciales y municipales, para que a la vez que votan los
fondos necesarios, inviten a la Academia de la Historia
para que envíe una Comisión de su seno que con paleó-
grafo venga a cerciorarse de la legitimidad de los do-
cumentos que se le presenten, y no dudo que, después
<ie verlos, informarán a la Academia para que ésta
haga rectificar el error que hasta hoy contiene la His-
toria.
Con ello, si bien es cierto que España habrá reivin-
dicado para sí la gloria de haber sido la cuna del in-
mortal Colón, también lo es que la reivindicaréis para
nuestro Celso García de la Riega por la gallardía que
tuvo en ser el prim.ero que lo proclamó. A vosotros os
bastará eon que os lo agradezca este bello rincón de
Galicia que se llama Pontevedra, y yo me quedaré con
28
ESPAÑA,, PATRIA D e' C O E O N
el consuelo de haber servido en el ocaso de la vida de
fuerza motriz para que esa Comisión pueda impulsar
a todos los elementos que son necesarios hasta alcanzar
la realización de nuestros propósitos.
(Firmado.) Prudencio Otero Sánchez.
Pontevedra, febrero 8 de 19 17.»
III
NUEVAS INVESTIGACIOxNES
Publicada la anterior exposición, que produjo el he-
cho que se buscaba, y alentado por las felicitaciones que
recibía de españoles residentes en la Península y en
América, no descansé buscando siempre nuevos elemen-
tos de juicio que apoyasen la tesis Colón, español, y
cuando, convencido de que pisaba terreno firme, se
reunió, a petición mía, la Comisión Pro-Patria Co-
lón el 24 de mayo del mismo año, bajo la presidencia
del Sr. López de Haro, presenté ante la misma una se-
gunda exposición, que fué aprobada y mandada publi-
car, acordándose a la vez, vista la penuria económica
por que atravesaba nuestra Corporación municipal, pre-
sentarse a la Comisión permanente de la Diputación
provincial para que autorizase al presidente de la mis-
ma (que tenía el doble carácter de presidente de la
Asamblea magna) a sufragar los gastos de la Comisión
de la Real Academia de la Historia, a la que se había
de invitar para venir a esta capital a fin de informar
sobre el punto concreto de la cuna de Colón.
He aquí, pues, mi segunda exposición:
31
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
"Señor Presidente y demás miembros de la Comisión
Pro-Patria ''Colón, español".
Hace poco más de dos meses que acordasteis pu-
blicar el modesto trabajo que os presenté con las fo-
tografías de los nuevos documentos facilitados por el "
notable arqueólogo y paíeógrafo D. Casto Sampedro,
y que idemuestran que el linaje verdadero de Colón es
oriundo de Pontevedra.
Esa publicación dio por resultado el que se for-
mara un gran estado de opinión, por haberse reprodu-
cido, no sólo en los diarios y revistas de nuestra región,
sino en las de la corte y de casi todas las regiones de
España, y como prueba irrefutable de este aserto es
el haberse presentado en una de las últimas sesiones
de la Academia de la Historia por el secretario de la
misma, Sr. Pérez de Guzmán, la revista Mondariz, en
donde se halla inserta mi exposición, como lo habéis
leído en el diario El Debate, fecha 17 de abril i^ró-
ximo pasado, y en el número de La Acción, del 18, y
me consta que ha sido aceptado en principio este asun-
to por aquella docta Corporación, esperando solamente
la invitación oficial de Pontevedra para enviar una Co-
misión de su seno, a fin de ocuparse del esclarecimiento
del mismo. , ,
62
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
II
Deseando por mi parte acumular el mayor número de
datos que puedan servir para el esclarecimiento de la
tesis sostenida por García de la Riega, vengo a presen-
taros hoy:
I."* Una fotografía del crucero que existe ««n Porto
Santo, frente a la casa' que en aquel lugar se dice que
fué de Colón, con la inscripción que tiene en su base.
2." Un plano de la ría de Pontevedra, y que grá-
ficamente constituye una verdadera partida de naci-
miento de Cristóbal Colón, hecha por él mismo ; y
y Un análisis de su institución Mayorazga^ único
documento en que se fundan todos los historiadores
para aseverar que es Genova su cuna.
III
Como todos sabéis, hace muchos años que hay en
Porto Santo una casa en ruinas, que la tradición dice
que fué del descubridor del Nuevo Mundo.
Queriendo cerciorarme de si efectivamente aquella
tradición tenía algún viso de verdad, averigüé quién era
el propietario, con el objeto de reconocer los títulos de
propiedad para ver si, por medio de esta investigación,
retrotrayendo de comprador a vendedor, era posible lie-
gar al origen.
38
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Este trabajo, de verdadera paciencia, no me dio re-
sultado, porque no ignoráis que la mayor parte de las
adquisiciones en nuestro país se hacen verbalmente y
otras por herencia, sin que conste de quién proceden ni
estén inscriptas en el Registro de la Propiedad.
Abandoné ese trabajo, y sentándome en el muro que
hay frente a la casa, y que tiene en medio un crucero
perteneciente a la misma, ya .cerca del crepúsculo vino
providencialmente a mis ojos algo que se diseñaba como
una inscripción entre el musgo y el liquen que contenía
la base del referido crucero.
Levánteme, y con la contera de mi bastón empecé csn
todo cuidado a limpiarlo, y con emoción fui leyendo
''Juan Col", pero no encontraba la terminación "on",
.aunque ya no me cabía duda de que ese crucero perte-
necía a Juan Colón.
Como se avecinaba la noche, retíreme para continuar
el esclarecimiento completo de la inscripción en la tarde
siguiente. Ya en este día tuve que ver a mi amigo Luis
Gorostola, miembro de la Sociedad Arqueológica de
Pontevedra, y al comunicarle mi feliz descubrimiento,
quiso adelantarse a mi propósito y se fué a Porto Santo
al mediodía, y entusiasmado con el hallazgo, me envió
a las dos de la tarde el facsímil que os presento, y que,
sin duda ninguna, dice: ''Juan Colón. — Recuerdo. —
Año 1490."
Creo innecesario el haceros ver la importancia colosal
que para nuestra tesis tiene -este hallazgo, que, unido
al de la capilla que existe en la iglesia de Santa María,
de esta ciudad, bastarían por sí solos para acreditar la
.34 H k^.
ESPAÑA, PATRIA DE C O E O N
existencia de los '"Colón" en nuestro país antes del des-
cubrimiento de América.
IV
Os presento un plano de la ría de Pontevedra, calca-
do sobre la carta geográfica de Fontán, que es la más
antigua de Galicia que he tenido a la vista, para demos-
trar de una manera gráfica que la verdadera partida de
nacimiento del gran almirante, la dejó becha él inismp
con los nombres que puso a diferentes islas y lugares
que iba descubriendo.
Así, por ejemplo, la primera tierra en que puso el
pie al descubrir las Indias Occidentales, dice él, en su
relación de viaje: ''En recuerdo del Salvador del mun-
do, le puse por nombre San Salvador,"
¡ Qué coincidencia : el mismo nombre de la parroquia
en que segurame'nte hizo su primera comunión!
Porque permitidme una ligera digresión: ¿Cómo es
que se le ocurrió ponerle San Salvador y no El Salva-
dor? Yo he registrado todo el calendario romano se-
ráfico, por ver si encontraba algún San Salvador, y
no lo hallé.
Yo siempre he creído y sigo creyendo, que "San Sal-
vador" es un modismo pura y netamente gallego; así,
por ejemplo, tenemos San Salvador de Poyo, San Sal-
vador de Lerez, San Salvador de Meis, San Salvador
de Sayar: pero fuera de Galicia no conozco ningún
35
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
San Salvador más que en América, en recuerdo de ser
el nombre de la primera tierra que descubrió Colón.
Tal vez lo haya en Genova, pero por más pesquisas que
hice, aun no tengo noticia de que alli exista.
Después de cumplimentar al almirante, a los Reyes
Católicos y al príncipe Juan, poniendo a otras islas los
nombres de ''La Fernandina", ''La Isabela" y "La Jua-
na", quiso también darle el nombre de "La Española"
y "La Gallega" a otras islas. ¿Y por qué no "La Ge-
novesa", "La Romana", "La Veneciana" o la de cual-
quiera de los diez y siete pueblos que se disputan su
cuna en la República de Genova?
Y, sin embargo, hizo todo lo contrario ; fué poniendo
nombres de algunas de las cofradías de Pontevedra, y
cuando encontró una ensenada parecida a la de "Porto
Santo", lugar de su nacimiento, le puso ese nombre, y
para que se pueda formar una idea de la configuración
parecida de ambas ensenadas ahí tenéis a la vista las dos
fotografías, de la de aquí, y de la de Baracoa, en Cuba.
De este modo quiso determinar de una manera grá-
fica el principio de la ría de Pontevedra, en donde se
embarcó por primera vez e hizo su aprendizaje de ma-
rinero.
Y cuando encontró un cabo parecido al de la Galera,
en la isla"Onceta", término sur de la ría de Ponte-
vedra, le puso por nombre "Cabo de la Galea" (que así
se decía antiguamente en gallego), y cuando encontró
una punta parecida a la "Punta Lanzada", término de
nuestra ría, le puso el mismo nombre ; y es muy signifi-
cativo el que por única vez, al poner un nombre, le haya
3$
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
distinguido con el viento "Ñor", Nordeste, como veréis
por la Rosa Náutica.
¿ Y es posible que sean éstas meras coincidencias ? No,
no puede ser, porque no existen en ninguna ría del mun-
do todos esos nombres reunidos. Con toda seguridad
quiso dejar un recuerdo de todos aquellos lugares que
le eran familiares, y en donde hizo su aprendizaje de
marino. Hombre que miraba al porvenir, queriendo
dejar una demostración clara y gráfica de su cuna, ño
habiendo en aquella época partidas de bautismo, puesto
que éstas fueron ordenadas muy posteriormente, como
sabéis, en el Concilio de Trento, quiso poner los nom-
bres del principio y fin de nuestra ría para que sirvieran
de clave en su día para averiguar la verdad de lo que
tenía que ocultar, dados los prejuicios de la época en
que vivía.
La institUGÍón Mayorazga es la obra más meditada,
pensada, tal vez consultada, de Cristóbal Colón. Puede
decirse, sin temor de equivocarse, que es su obra
maestra.
Si cupiera en los límites de esta exposición hacer un
estudio psicológico del carácter gallego, seguramente
no se encontraría un modelo más acabado y perfecto
que el de aquel grande hombre.
Ese documento, único de donde arrancan los histo-
riadores la premisa de que había nacido en Genova,
37
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
puesto que asi lo manifiesta aquél, es de donde deduzco
yo, y creo que cualquiera que lo analice sin pasión debe
sacar la consecuencia de los esfuerzos que tuvo que
hacer para dejar en la obscuridad "su origen y patria",
como dice su hijo Fernando, el mejor y más veraz his-
toriador de su padre.
Hay que fijarse que ese documento fué redactado
cuando comprendió que la rancia aristocracia de la Cor-
te de los Reyes Católicos le era hostil ; cuando se con-
venció de que trataban de cuestionarle las bases de su
contrato con los Reyes Católicos; cuando concibió la
duda de que, muerto él, no reconocieran a sus herederos
los titulos, fueros y preeminencias que le habían sido
concedidos, y cuando, en fin, debió tener una providen-
tial visión de que serían traídos a España él y sus her-
manos cargados de grillos y cadenas como feroces cri-
minales.
Hombre previsor, quiso asegurar para los seres que
le eran queridos lo que tantos trabajos y tantos desvelos
y disgustos le había ocasionado.
¿Y cómo buscar la fórmula para conseguir esto, en
una época en que ni los Reyes Católicos tenían residen-
cia fija, por las continuas luchas en que se hallaba em-
peñada España?
¡ Ah ! Acogiéndose a una potencia que en aquella épo-
ca era tan fuerte como es en la actualidad Inglaterra.
Esa y no otra fué la razón más poderosa que tuvo el
inmortal Colón para declararse genovés (puesto que no
le conveaía declararse español, y gallego, ya por su
ascendencia judaica y ya porque Galicia estaba en entre-
38
ESPA.ÑA, PATRIA DE COLON
dicho con los Reyes Católicos por las cuestiones de
Juana, la Beltraneja). Y lo hizo asi con el único y exclu-
sivo objeto de que, como ciudadano genovés, pudiera
esta floreciente y poderosa República defender los de-
rechos de sus herederos.
VI
Hora es ya de que me ocupe de analizar el ya citado
notable documento.
Empieza en nombre de la Santísima Trinidad ocu-
pándose en determinar lo que le pertenece y corres-
ponde en derecho según las estipulaciones hechas con
los Reyes, en Santa ,Fe, y es de admirar que en un
documento de este género no haya empezado diciendo
quiénes eran sus ascendientes, ni dónde residían, pues-
to que Doménico Colombo, que dan los historiadores
por padre del almirante, vivía en febrero de 1498, fe-
cha de la Institución.
En la cláusula primera determina quiénes hayan de
sucederle, empezando por su hijo D. Diego, y termina:
"Y si a nuestro señor pluguiese que después de haber
pasado algún tiempo este mayorazgo en uno de los
dichos sucesores, viniese a prescribir herederos hom-
bres legítimos, haya el dicho mayorazgo, y le suceda y
herede el pariente más llegado a la persona que here-.
dado lo tenía, en cuyo poder prescribió, siendo hombre
legitimo que se llame y se haya siempre llamado de su
padre o antecesores, llamados de los de Colón. El cual
39
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
mayorazgo en ninguna manera lo herede mujer ningu-
na, salvo si aquí o en otro cabo del mundo no se hallase
hombre de mi linaje verdadero que se hubiese llamado
y llamase él y sus antecesores de Colón."
Supongamos, pues, que ha llegado el caso previsto
por Colón en la cláusula precedente, y, por lo tanto,
hay que llamar, citar y emplazar a todos aquellos que
se consideren con derecho a la sucesión de Colón, y
demos también por supuesto que se presentan todos los
Colombos que existen en los diez y siete pueblos de Ge-
nova que se disputaban su cuna y que se presentan los
de Colón de aquí.
¿A quién le corresponde la sucesión, a los Colombos
o a los del linaje verdadero de los de Colón?
Juzgo incuestiontble que a los de Colón.
Si su hijo Fernando, que como sabéis fué un hombre
de gran inteligencia, de una cultura extraordinaria, dig-
nidad de la Iglesia, viajero infatigable y que recorrió
toda la Italia en busca de los ascendientes de su padre,
sin encontrar uno solo por ninguna de las líneas pater-
na ni materna, sin embargo de ser tan común el ape-
llido Colombo en Genova, como en España un Fernán-
dez; si en lugar de dirigirse a Itaha lo hubiera hecho
a este rincón de Galicia, seguro estoy de que hubiese
encontrado sus ascendientes buscándolos entre los que
tuviesen el apellido de su linaje verdadero de Colón.
Continúa la institución Mayorazga haciendo la dis-
tribución de las rentas de la misma, y al final termina :
**en tal manera, que todavía el diezmo de toda esta
renta se dé y hayan las personas de mi linaje más ne-
40
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
cesitadas que estuviesen aquí o en cualquier otra parte
del mundo a donde los envíen a buscar con diligencia''.
¿Y por qué no decir en Genova en vez de cualquier
parte del mundof
Continuemos: "ítem mando al dicho D. Diego, mi
hijo, o a la persona que heredase el dicho mayorazgo,
que tenga y sostenga siempre en la ciudad de Genova
una persona de nuestro linaje que tenga allí casa y
mujer e le ordene renta con que. pueda vivir honesta-
mente, como persona llegada a nuestro linaje, y haga
pie y raíz en la dicha ciudad como 7iatural de ella, por-
que podrá haber de la dicha ciudad ayuda a favor en
las cosas del menester suyo.'*
Bien claro se ve la intención oculta del almirante,
o sea que la República de Genova defendiese los inte-
reses de sus herederos, haciéndose ciudadanos geno-
veses.
La cláusula transcrita es una prueba clara y terminan-
te de que Colón no era genovés. Comienza encargando
a su hijo que tenga y sostenga siempre con casa puesta
un individuo de su linaje, lo cual demuestra que no
existía ninguno. De existir, dada la corrección con que
está escrito todo el documento, es indudable que Co-
lón le hubiese ordenado a su hijo que continuase sos-
teniendo, o que cuidase de que no dejase nunca de
vivir en Genova alguno de su linaje, o hubiera empleado
alguna frase análoga que indicase su verdadero deseo
de que no faltase nunca familia suya en la citada po-
blación.
El encargo que hace, interpretado rectamente como se
41
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
debe, indica que lo que desea Colón es que después de
su muerte aparezca en Genova gente de su linaje, a fin
de que no se descubra la superchería de que no había
nacido en Genova.
Como si esta primera parte de la cláusula no fuese
bastante para sostener mi opinión, viene a corroborarla
la segunda parte, en la cual manifiesta Colón que desea
eso "para que hagan pie y raís como naturales de ella".
Hacer pie es una frase castellana que significa arrai-
gar o coger alguna cosa, tomar ocasión o pretexto de
ella. Al emplearla Colón, se ve claro que lo que quiere
es que empiece a vivir en Genova, con casa o mujer, es
decir, como vecino, algún individuo de su linaje, para
que vaya arraigando el apellido, para que empiece a
existir el apellido Colón en Genova, para cjue se vaya
propagando poco a poco, hasta aparecer como naturales
de ella.
»
En las dos cláusulas siguientes encarga a su hijo Die-
go que emplee todo el sobrante de sus diezmos y rentas
en Logos, que tiene el oficio de San Jorge de Genova,
porque es dinero muy seguro y renta el seis por ciento,
y porque la ciudad de Genova es muy noble ^ muy po-
derosa por la mar.
Es decir, que Colón quería que su dinero lo tuviese
empleado en una institución bancaria, que en aquella
época era tan poderosa como el Banco de Londres en
la actualidad; como lo hacen la mayor parte de los Jefes
de Estado, para evitar que los países que gobiernan se
jqueden con él en cualquiera de las convulsiones polí-
ticas p sociales por que atraviesan con frecuencia; y
42
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
al jiiiismo tiempo advierte a España que si los Reyes
Católicos quisieran después sacar a sus herederos los
fueros y preeminencias a que tenían derecho que Ge-
nova los defendería, porque era muy noble y poderosa
por la mar.
VII
Acaecida la muerte de Colón, ¿por qué su hijo Diego
no se ocupó en dar cumplimiento a los ^landatos de su
padre ?
¡Ah! Porque demasiado sabría por las confidencias
que verbalmente le había hecho que todos los amores
con que trató a Genova en un documento público no
eran más que la fórmula que con empeño tanto había
buscado para defender sus intereses, en el caso de que
la aristocracia española consiguiese de los Reyes Cató-
licos que le mermasen sus derechos y los de sus des-
cendientes.
Cuando su hijo Diego, casado con doña María de
Toledo, descendiente de una de las ramas más nobles
de España, se vio en posesión de todos los derechos,
fueros y preeminencias que había tenido su padre, no se
ocupó jamás de cumplimentar aquellos mandatos, es-
tampados con tanta solemnidad en su institución Ma-
yorazga, ni se ocupó para nada, ni él ni sus tíos Barto-
lomé ^y Diego, de Genova ni de buscar allí sus des-
cendientes.
43
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Sólo lo hizo su hijo Fernando, porque seguramente,
como más joven, no estaba en el secreto,
Y con esto termino el examen analítico de la institu-
ción Mayorazga de Cristóbal Colón, esperando que en-
contraréis lógicas las deducciones que resultan de él.
VIII
Siento qwe mi amigo el doctor Rafael Calzada no
pueda ser en este momento colaborador nuestro, pues
en carta que me dirige, con fecha 31 de marzo próximo
pasado, me dice:
''Veo líos elementos smninistrados por el sabio ar-
queólogo y paleógrafo D. Casto Sampedro, verdadero
héroe de esta jornada, y puede decirse de toda ella,
puesto que está proporcionando materiales de inmenso
valor para la vindicación histórica más grande de la
edad presente con generosidad increíble, pues no d^ fe
a la vindicación, y, sin embargo, yo tengo el presenti-
miento de que acabará por creer en ella, porque lo con-
sidero irremediable."
"Lo que hace falta es un libro serio, concienzudo, una
especie de alegato documentado que lleve a la concien-
cia de todos la verdad verdadera y no deje en el ánimo
la menor duda. Eso quiero hacer yo, y eso pienso, si
mis fuerzas y mi pobre cabeza alcanzaran a tanto. Yo
espero que sí. ¿Cuánto tiempo necesito para ello? Este
44
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
año y el que viene, que tardaré en arreglar mis asuntos."
''Con esto y con el memorial fundadísimo que has
presentado, y con. cuanto me dices en tus cartas, pisamos
en terreno firme."
''Ahora se impone un trabajo sereno, reposado, diá-
fano, con gran conocimiento, no ya de Colón, sino de
la historia de aquellos tiempos, que forme una partida
de nacimiento de aquél, más segura y más firme que
si estuviese en los libros parroquiales, dado que éstos
pueden ser imitados y falsificados; mientras que los
hechos no se falsifican. Son lo que son."
"Que nos vengan ahora con que el apellido Colón
es italiano, ni tuvo jamás nada que ver con Italia. Es
español puro."
IX
Me apresuro a presentaros esta exposición porque
ha llegado el momento en que presentéis la solicitud a
la Excma. Diputación provincial, a fin de que sea auto-
rizado su presidente para invitar a la docta Academia
de la Historia, a fin de que envíe una Comisión de su
seno para que compruebe la legitimidad de los docu-
mentos que se le presenten para acreditar el apellido
del linaje verdadero de Colón y falle en definitiva
este pleito con arreglo a su conciencia, sin tener en
cuenta los prejuicios de la Historia.
Esperando que daréis a esta exposición la misma
aprobación que a mi anterior, y que obtendréis de la
45
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Comisión que se nombre por la Academia de la Histo-
ria, informe a la misma de conformidad al cuestionario
que le presentéis, no dudo que con ello no sólo haréis
rectificar la Historia, sino que recibiréis el aplauso y
la gratitud de todos los españoles.
(Firmado.) Prudencio Otero Sánchez.
Pontevedra, mayo 24 de 1917.» *
IV
UN REQUERIMIENTO A LA ACADEMIA
DE LA HISTORIA
Dada a la publicidad esta segunda exposición, la Co-
misión Pro-Patria Colón, acompañada del señor presi-
dente de la Asamblea m.agna, D. Antonio Pazos, que lo
era al mismo tiempo de la Diputación, requirió a la
Comisión permanente de la misma en cumplimiento de
lo acordado en la última reunión, para pedir la autori-
zación necesaria de invitar y sufragar los gastos que
demandase la venida a esta capital de una Comisión de
la Real Academia de la Llistoria, que debía informar
sobre los fines indicados.
Obtenida la autorización pedida, se dirigió por el
señor presidente de la Diputación al de la Real Aca-
demia de la Historia la comunicación siguiente:
"Cumplimentando un acuerdo de esta excelentísima
Comisión provincial, tomado con fecha 28 de junio pró-
ximo pasado, y que me 'ha sido trasladado en el día
de hoy por el excelentísimo señor gobernador civil de
esta provincia, acuerdo recaído a solicitud de la Comi-
sión constituida para d esclarecimiento de la verdadera
47
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
patria del inmortal Cristóbal Colón, de conformidad a
la tesis proclamada por el distinguido publicista e his-
toriador pontevedrés Celso García de la Riga (q. e. g. e.),
y continuada hoy por la referida Comisión, tengo el
honor de dirigirme a V. E. rogándole se digne acordar
sea nombrada una Comisión de esa Excma. Academia
de la Historia, que V. E. preside tan dignamente, a fin
de que, en bien de la patria, se tome la molestia de venir
a esta capital para formar juicio e informar a esa docta
Corporación respecto a la autenticidad de los docu-
mentos y demás antecedentes y deducciones lógicas que
la Comisión Pro-Patria Colón le presente para acredi-
tar que la verdadera patria del descubridor de las Indias
Occidentales, Cristóbal Colón, es España.
El gran estado de opinión que este importante asunto
tiene dentro y fuera de ella, y como muy bien dice el
distinguido publicista, jurisconsulto y ex diputado "a
Cortes por Madrid doctor Rafael Calzada, será la vin-
dicación histórica más grande de la edad presente ; me
obligan a rogar a V. E. no vea en esta invitación más
deseo que el de que en este pleito pueda triunfar Es-
paña, demostrando ante todas las naciones que el des-
cubridor de un Nuevo Mundo, no sólo ha sido apoyado
por los Reyes Católicos, para su descubrimiento, sino
que el genio que tan magna empresa ha realizado ha
tenido por cuna nuestra patria. ,
Por si esta invitación tiene, como espero, favorable
acogida por esa Corporación, cúmpleme asimismo ma-
niTestar a V. E. que estoy autorizado para sufragar to-
dos los gastos de viaje y pertm^epci^ eti esta capital de
4^
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
la Comisión que esa Corporación se digne enviar para
el referido esclarecimiento, razón por la cual me permi-
to rogar a V. E. me diga qué fondos debo situar en ésa
para dicho objeto, o si se abonan aqui contra la cuenta
que presenten los señores académicos.
Aprovecho esta oportunidad para presentar a V. E. mi
más distinguida consideración y respeto, a la vez que
hago votos a la Providencia para que conserve largos
años su preciosa vida.
(Firmado.) Antonio Pazos.
Pontevedra, julio de 19 17. »
Esta comunicación fué contestada por la Real Aca-
demia de la Historia con fecha 10 de julio, por orden de
su director, el finado sabio Padre Fidel Fita, en la for-
ma siguiente:
"Excelentísimo señor: Con fecha 3 del corriente se
recibió por el señor director de esta Real Academia,
Excmo. Sr. D. Fidel Fita, el oficio de V. I., en que,
cumpliendo un acuerdo de la Comisión provincial, de
fecha del 28 del próximo pasado junio, y a fin de que
se esclarezca la verdadera patria de Cristóbal Colón, en
conformidad a la tesis proclamada por D. Celso García
de la Riega, y continuada por la referida Comisión Pro-
vincial de Pontevedra, propone que se nombre una Co-
misión de numerarios de este Cuerpo que se traslade a
esa capital y en ella examine la autenticidad de los do-
cumentos y demás antecedentes que 'han servido de base
49
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
a lo sustentado por el Sr. García de la Riega, esto es,
que la patria verdadera del descubridor del Nuevo Mun-
do es España, sobre lo que han de formar juicio e in-
formar a esta Corporación.
Para facilitar los medios de hacer efectiva esta invi-
tación se dice asimismo que V, I. se halla autorizado
para sufragar los gastos de viaje y permanencia de la
Comisión académica en esa capital, a cuyo fin insinúa
qué fondos debe situar en Madrid para ese objeto, dé
no admitir la proposición de que los referidos académi-
cos presenten la cuenta para abonarla ahí.
Aunque este oficio ha llegado después de declaradas
y puestas en práctica las vacaciones estivales, que el re-
glamento permite a la Academia, el señor director, ha-
ciendo uso de las facultades que le atribuye el capí-
tulo VIII de los Estatutos vigentes, y tomando en la
debida consideración la proposición que V. I. le hace en
nombre de esa Comisión provincial, accede desde luego
a ella en todas sus partes; de modo que, dejando a la
prudencia de V. I. la cantidad en globo que ha de situar
en Madrid para ese objeto, designará tres de sus indi-
viduos de número, de especial competencia en el asunto
y /que han de prestar los servicios de reconocimiento y
examen de documentos y apreciar, además de su auten-
ticidad, el verdadero valor testifical de todos los ante-
cedentes que se les consulte, y estudien, para dar testi-
monio y fe de los unos e informe crítico y científico a
este cuerpo de su importancia demostrativa, con el pro-
pósito de llegar a la solución, por todos tan deseada, de
punto tan transcendental en la Historia. Luego que
50
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
V. I. acuse su conformidad le serán comunicados los
nombres de los académicos designados y el día de su
salida de aquí para Pontevedra.
Por disposición del señor director tengo d gusto de
ponerlo en su conocimiento para los efectos consiguien-
tes. Dios guarde a V. I. muchos años. Madrid, julio i6
de 1917.
El Secretario accidental (firmado), Juan Pérez de
GuzMÁN" Y Gallo. (Hay un sello que dice: "Real Aca-
demia de la Historia. — Secretaría HI.'') — Señor Presi-
dente de la Diputación provincial de Pontevedra."
"Excelentísimo señor Director de la Real Academia
de la Historia.
Excelentísimo señor: Al acusar recibo a la atenta
comunicación que por disposición de V. E. me ha diri-
gido el señor secretario de esa Real Academia de la
Historia, con fecha 15 del corriente, cúmpleme ante
todo, en mi triple carácter de presidente de la Diputa-
ción provincial y como ordenador de pagos de la mis-
ma, presidente de la Asamblea y Comisión Pro-Patria
Colón, y en el mío particular, presentar a V. E. mi
mayor agradecimiento, no sólo por haber diferido a lo
solicitado en mi comunicación de 2 del corriente, sino
también por haber tenido la atención de ha^er uso de
las facultades que le atribuye el capítulo VHI de los
Estatutos vigentes de esa docta Corporación para enviar
la referida Comisión durante las vacaciones estivales.
Como no es posible presupuestar la cantidad que sea
necesaria para los gastos que se originen en la estancia
51
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
í
y viajes, dentro de esta provincia, de los señores aca-
démicos, he creído conveniente poner a disposición
de V. E. un cheque a la orden del Sr. Pérez Guzmán
por i.ooo pesetas, que juzgo serán suficientes para el
kilométrico de primera clase, así como para subvenir
a los gastos de vagón-cama, conducción de equipaje y
en su viaje de ida y regreso.
Respecto a los gastos que origine su estancia en el
primer hotel de esta capital, me hago responsable.
Espero solamente se digne comunicarme los nombres
de los señores académicos que V. E. tenga a bien nom-
brar y el día de su salida, para tener el honor de reci-
birlos y ponerme a sus órdenes. Dios guarde a V. E. mu-
chos años. Pontevedra, julio 26 de 1917. — (Firmado.)
Antonio Pazos."
''Excelentísimo señor: En virtud de su atenta co-
municación de 26 de julio finado, y confirmando la dis-
posición del señor director de esta Real Academia, en
uso de las facultades que le concede el capítulo VI de
los Estatutos vigentes, transmitida a V. E. con fecha
1.° del mismo mes, la Comisión que ha de reunirse en
esa capital el día 17 del mes que hoy empieza estará
compuesta de los académicos de número excelentísimo
Sr. D. Ángel de Altolaguirre y Duvale, intendente mi-
litar, que, como más antiguo, desempeñará el cargo de
presidente de la misma; limo. Sr. D. Rafael de Ureña
y Smenjand, decano de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Madrid, y D. Ángel Bonilla y San-
martín, catedrático en la Facultad de Filosofía y Le-
52
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
tras, en la misma Universidad, y del correspondiente
Sr. D. Julián Paz y Espeso, jefe de la Sección de ma-
nuscritos de la Biblioteca Nacional y gentilhombre de-
Cámara de S. M., en concepto de vocal secretario.
Al mismo tiempo acuso el recibo del dheque núme-
ro 1.006.335, emitido por D. José Riestra, de esa ve-
cindad, contra el Banco Español del Río de la Plata,
por valor de i.ooo pesetas y en favor del académico
secretario accidental que suscribe, con destino a los
gastos de kilométricos, vagón-cama, conducción de equi-
pajes y en el viaje de ida y vuelta de la Comisión refe-
rida, aceptando los demás relativos a su estancia en
esta capital, que V. E. toma sobre sí.
El Sr. Altolaguirre y Duvale queda autorizado por
el señor director para sostener con V. E. la correspon-
dencia que exijan los acuerdos sobre el día de llegada y
hotel de residencia. — Dios guarde a V. E. muchos años.
Madrid, i.° de agosto de 1917. — El Secretario (fir-
mado), Fidel Fita. — ^(Hay un sello que dice: "Real
Academia de la Historia. — Secretaría.")"
De conformidad con lo dispuesto por la Real Acade-
mia, el presidente de la Comisión Pro-Patria Colón re-
cibió del Sr. D. Ángel Altolaguirre una carta que a la
letra dice : ,
«Reinosa, 7 de agosto de IC17.
Señor D. Antonio Pazos.
Muy señor mío : Nombrado presidente de la Comisión
de la Real Academia de la Historia, que por invitación
53
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
de k Diputación provincial que usted preside ha de dic-
taminar sobre la autenticidad de los documentos descu-
biertos en esa capital, en los qué figuran individuos con
el apellido Colón, tengo el gusto de manifestarle que, si
circunstancias imprevistas no lo impiden, estaremos los
académicos en Pontevedra el 17 del corriente, quedando
en avisar a usted la hora de llegada.
Es para mí muy grato el ofrecerle el testimonio de mi
más distinguida consideración, y en espera de hacerlo
personalmente me reitero suyo afectísimo seguro ser-
vidor, q. s. m. e., — ^(Firmado.) Ángel Altolaguirre."
En vista de lo manifestado por el Sr. Altolaguirre
en la anterior carta, se reunió el 12 del mismo mes la
Comisión Pro-Patria Colón y acordó recibir dignamente
a la representación de la Academia de la Historia, y que
el autor de las dos exposiciones presentadas y publica-
das fuese el ponente ante la misma, para presentar to-
dos los documentos; daíos y consultas que debieran ha-
cerle, a fin de que pudiese informar con conciencia en
asunto tan debatido y de tanta importancia.
Apenas me quedaban horas para preparar la ponencia
que me había sido encomendada, la que presenté a la
Comisión Pro-Patria Colón, dejando para las conferen-
cias con la de la Academia la mayor suma de razona-
mientos, deducciones, argumentos, etc., etc., que debía
de aducir a las objeciones y observaciones que me
fuesen hechas por esta última.
64
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
PONENCIA
A la docta Comisión nombrada por la Excma. Aca-
demia de la Historia para informar sobre la autentici-
dad de los documentos que se le presenten y demás an-
tecedentes que han servido de base para sustentar la
tesis proclamada por D. Celso García de la Riega de
que la verdadera patria del gran Almirante Cristóbal
Colón es España.
I
Ante todo, y abrogándome la representación del pue-
blo de Pontevedra, cuyas pulsaciones he sentido en casi
todas las clases sociales, debo manifestaros la gratitud
que este pueblo siente y debe, no sólo a la docta Corpo-
ración que representáis, sino a vosotros mismos por ha-
ber aceptado la misión delicada que os ha sido confiada,
pues no desconocemos los sacrificios que representa y
el esfuerzo de inteligencia, estudio y trabajo que habéis
de hacer para informar en una materia sobre la que
pesa un prejuicio de más de cuatro siglos, y del cual os
ruego desprenderos al analizar la prueba indiciaría que
se os presente, seguro de que, de este análisis, habréis
de sacar la convicción de que aquel grande hombre que
se llamó Cristóbal Colón tuvo por cuna España, y si
asi lo hacéis, como espero, habréis salvado un error his-
tórico, realizando, como ha dicho mi querido e ilustre
amigo el doctor Rafael Calzada, ''la vindicación histó-
rica más grande de la edad presente".
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
II
La Comisión Pro-Patria Colón, a quien he presentado
mis dos exposiciones anteriores, y que en la actualidad
la forman los Sres. D. Rafael López de Haro, D. Tor-
cuato y D. Renato Ulloa, D. Ángel Miguez y D. Gerardo
Alvarez Limeses, me han designado para ser el ponente
ante vosotros de tan magno asunto ; y sólo la fe que he
adquirido de que estoy en lo cierto, me animó a aceptar
este cargo, pues, como habréis visto por la primera ex-
posición de 7 de enero del corriente año, no me he de-
dicado jamás a trabajos históricos ni paleográficos, ni
aun literarios, y puedo aseguraros, con la mano sobre
mi conciencia, que no es la vanidad ni la gloria la que
me obliga a echar sobre mis hombros trabajo de tal
magnitud para mis fuerzas y conocimientos, sino el de-
seo de vindicar para nuestra patria la gloria de haber
sido la cuna del insigne navegante que descubrió un
mundo.
La prioridad de este anhelo nuestro corresponde ín-
tegra al patricio pontevedrés Celso García de la Riega,
cuya gallardía en ser el primero en proclamar que Cris-
tóbal Colón era español, y cuyo esfuerzo al hacer su
libro Colón, español, cuando ya estaba al borde de la
tumba, haciendo una labor conjetural digna sólo de
hombres superiores, de aquellos a quienes el Supremo
Hacedor de todo lo creado ha querido dotar de esa
thispa divina que se llama inteligencia, llevó por todo
56
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
el mundo la nueva tesis que hoy nos tiene reunidos.
Su libro fué el punto de partida para que otros vinie-
sen a continuar su obra, aportando cada uno su grano
de arena ; tales como el doctor Constantino Horta, Arri-
bas Turul, Antón del Olmet y otros, que crean un ver-
dadero estado de opinión, tanto en el viejo como en el
Nuevo Mundo, a tal punto que hoy puede decirse que
la inmensa mayoría de las gentes cultas, si no adquirió
la firme convicción de que Colón es español, alimenta la
duda de que fuera genovés.
III
Publicada la obra de Celso García de la Riega, y fa-
llecido éste a raíz de su publicación, apareció en la ''Re-
vista de Archivos, Bibliotecas y Museos", de marzo a
abril de 1914, un artículo de persona tan autorizada en
la materia como et Sr. Serrano Sanz, rearguyendo de
falsos los documentos en que aquél apoya su tesis. Ese
artículo vino a ser como una lápida de plomo puesta
encima del libro de La Riega.
Pero así como toda semilla germina y fructifica cuan-
do es sana y se arroja en buena tierra, así también no
faltó quien allende el mar, en la República Argentina,
pensando en las glorias de la patria y teniendo fe en
la labor conjetural de La Riega, puso empeño especial
en hacer revivir la obra de ese genio pontevedrés, y a
él se le debe cuanto en tal sentido se ha hecho para le-
vantar aquella lápida, dejando en plena luz la obra
57
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Colón, español, con objeto de que, acumulando elemen-
tos sobre ella, que hicieran desaparecer las sospecbas
de falsedad de los documentos, pudierais acudir con
vuestros superiores conocimientos e inteligencia a pro-
clamar provisionalmente, con vuestro informe, que es
España la verdadera cuna del gran Almirante, por haber
bastantes elementos de juicio para ello, o, cuando menos,
para continuar las investigaciones hasta donde sea po-
sible. Ese expatriado es el esclarecido español y juris-
consulto y publicista doctor Rafael Calzada, para quien
recabo el mérito de haber hecho resucitar la obra de
García de la Riega, pues no ha dejado un solo correo
sin instarme a que buscase nuevos datos y conseguir
que la docta Corporación que representáis tomase en
consideración asunto de tanta importancia para España.
IV
Obtenido ya nuestro primer objeto, y dejando deter-
minadas las razones por qué, siendo yo el menos ca-
pacitado de todos los que intervienen en este asunto,
aparezco como el héroe por fuerza actuando en él, y
dando por reproducidas mis dos exposiciones de 7 de
enero y la del 24 de mayo próximo pasado, que cono-
céis, pasaré a otras consideraciones y deducciones, de
una fuerza tal que considero indestructibles.
58
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
• Descubiertas por Cristóbal Colón las Indias Occi-
dentales al finalizar el siglo XV, es en el siguiente en
d que hay que buscar la verdad de la verdadera patria
de Colón, puesto que es en el que más se ha escrito sobre
el hallazgo del Nuevo Mundo y sobre la patria del gran
Almirante. Es entonces cuando aparecen las obras de in-
finidad de hombres eminentes, como Pedro Mártir de
Anglería, Fernando Colón, Metolinea, Alfonso de Oje-
da, Diego de la Tobilla, Enciso, López de Gomara, Her-
nández de Oviedo, Alfonso de Mata, Pedro de Cieza, Al-
var Núñez Cabeza de Vaca, Andrés de Sanmartín, obispo
de Chiapa, Deán Cervantes, Pedro Pizarro, Ñuño de
Guzmán, Agustín de Zarate, Alfonso de Ercilla, Lasso
de la Vega, Benzón, Bry, Acosta, Antonio de Saavedra
y tantos otros hasta llegar al cronista Antonio Herrera,
quien, por autorización del Rey D. Felipe HI, a fines del
siglo XVI, publicó la historia general de los hechos de
los castellanos en las Indias y Tierra firme, en las cuatro
décadas siguientes al descubrimiento.
Todos los que se han ocupado en ese siglo de la
patria de Colón, el que más aseguró que naciera en Ge-
nova, y lo • hace siempre con la salvedad de haberlo
dicho el propio Almirante en su institución Mayorazga,
mientras que su propio hijo Fernando Colón dice ''que
su padre ha querido dejar en la oscuridad su origen
y patria", y el propio Herrera, compendiando lo que
expresaron sus antecesores (página 15, primera década),
59
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
i
afirma: "Conviene saber que fué D. Cristóbal Colombo
a quien, por más cómoda pronunciación, dijeron Colón
nacido en la ciudad de Genova, en lo cual, y en que su
padre se llamó Domingo, se conformaron cuantos de
él escriben y hablan y él mismo lo confiesa, y en cuanto
al origen, unos quieren que fuese Plasencia y otros
Cucureo, en la ribera, cerca de la misma ciudad, y otros
de los señores del Castillo de Cúcaro, que cae en la
parte de Italia que se dijo Liguria, que ahora es juris-
dicción del ducado de Monferrato, tan cerca de Ale-
jandría de la Falla que se oyen las campanas ; pero cual
sea la más cerca descendencia, en el Consejo Supremo
de las Indias, adonde se litiga, se determinará."
De esto se puede deducir lógicamente que en todo el
siglo XVI no se sabía a ciencia cierta dónde había nacido
Colón. Desde entonces acá, continuaron los historiado-
res y los pueblos, hasta el número de diez y siete, dis-
putándose la cuna de Colón, porque era tan común el
apellido "Colombo" en la República de Genova y en
Italia, que todos querían poseer la gloria de tener la
cuna del gran Almirante.
Pero lo admirable es que el Almirante ha dejado di-
cho de una manera clara y terminante que el apellido
de su linaje verdadero era "de los de Colón".
¿Por qué, pues, ese empeño en llamarle Colombo?
¿Por qué decir "que por más cómoda pronunciación di-
jeron Colón"? ,¿ Acaso no es tan cómodo y fácil decir
Colombo que Colón?
¡ Ah ! Porque lanzados todos los historiadores a bus-
car un Colón en Genova no lo encontraron.
60
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
¿ Y por qué no se han ocupado, como el mismo Almi-
rante dice terminante e insistentemente en su institu-
ción Mayorazga, de buscarlo en cualquier cabo del mun-
do en donde existiese uno que llevase o hubiesen lle-
vado sus antepasados el apellido de su linaje verdadero
"de los de Colón"?
Esta es la incógnita que hay que despejar, y no pue-
de hacerse de otra manera sino buscando después de
su muerte, en el cabo del mundo, dónde se hallasen
"los de Colón".
Todas las genealogías de los Colombos de Italia pue-
den ser ciertas o falsas: no nos importa. Nosotros te-
nemos que buscar la genealogía de los Colón. En Es-
paña la tenemos, y aquella región, aqueít pueblo, aquel
lugar que presente mejores títulos para determinar el
nacimiento de Colón, a aquella región, pueblo o lugar,
debe otorgársele la gloria.
Es indiscutible e innegable que el nacimiento de Co-
lón ha sido puesto, desde su muerte, en duda, y de la
duda al error no hay más que un paso ; y ésa es la ra-
zón por que hasta nuestros días se haya escrito y diva-
gado tanto para acreditar la verdadera cuna de Colón.
VI
La única base para asegurar que es genovés es su
institución Mayorazga, en donde dice que allí nació.
Como habréis visto por el análisis que de esa insti-
tución hice en mi anterior exposición, indico la razón y
61 -
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
las deducciones lógicas que de ese documento se des-
prenden, para poder asegurar que lo hizo por sostener
hasta más allá de la tumba que era genovés, puesto
que asi convenia a sus intereses y como garantía de
que éstos fueran defendidos para sus descendientes por
aquella poderosa República.
Esa institución es la prueba más acabada de que no
era genovés. Hay en ella elementos bastantes para po-
der afirmarlo, pues en varias de sus cláusulas echóse
de ver que siempre dejó en la oscuridad dónde resi-
dían sus parientes. En una de aquéllas dice ''que toda-
vía el diezmo de esta renta se dé y hayan las personas
de mi linaje que estuviesen aquí o en cualquiera otra
parte del mundo''. ¿Y por qué no decir aquí o en Geno-
va? Claro es que no existían en esta República, porque,
si no, no necesitaba encargar por otra cláusula a su hijo
Diego ''que sostenga siempre en la ciudad de Genova
una persona de nuestro linaje".
Es evidente que el Almirante lia tenido especial em-
peño en dejar en la duda "su origen y patria", como lo
dice su hijo Fernando; pero no por eso dejó de poner
los jalones para que andando el tiempo se aclarase el
misterio, que su linaje verdadero era de los de Colón y
que se buscase en cualquier cabo del mundo, en donde
seguramente se encontrarían sus ascendientes y descen-
dientes, unidos a los nombres de aquellos sitios y obje-
to's que retenía en su memoria desde la infancia, y cu-
yos recuerdos quiso perpetuar al poner los nombres de
"San Salvador", "Puerto Santo", "Cabo de la Galea",
"Punta de la Lanzada" (determinando por única vez el
62
¡1 S P A Ñ A, PATRIA DE COLON
viento nordeste, y cuyos nombres son los del princi-
pio y fin de nuestra ría), "La Gallega'', '*La Trinidad",
''San Miguel" y ''San Juan", etc.
¿ Es posible que un hombre que en su institución Ma-
yorazga demuestra tanto cariño a Genova, no se le hu-
biera ocurrido, al descubrir las Indias Occidentales,
empezar por poner nombres a aquellas tierras que des-,
cubría que recordasen los pueblos que le dan por cuna
los Colombos de Italia?
VII
. Los motivos que hubiera tenido el gran Almirante
para ocultar su origen y patria pueden ser muy bien
los que supone el Sr. García de la Riega en su obra tan-
tas veces citada, al demostrar que era de procedencia
judaica; pudiera ocurrir también que por ser gallego,
región que se había pronunciado en favor de Juana la
Beltraneja ; tampoco sería extraño que, hombre místico,
tuviera en consideración la frase de Jesús: "Nadie es
profeta en su patria", o bien por haber sido corsario o
pirata (sin que con esto ofenda la memoria de aquel
grande hombre, pues fueron muchos los que se dedica-
ron a ello entre Jos marinos de nuestra ría, cuyos des-
cendientes, personas honorables, hemos tratado con in-
timidad), opinión que comparte el señor González Be-
sada ; como también pueden haber sido todos o parte de
estos motivos los que le indujeron a no manifestar su
verdadera patria. Y no es aventurada esta última hipó-
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
tesis, cuando el mismo Almirante nos dice que arribó a
Portugal nadando sobre un remo, como único supervi-
viente de una nave que había estado batiéndose, como
corsario, todo el día, con naves venecianas.
VIII
Leyendo al cronista mayor de Felipe III, Antonio
Herrera, primera obra oficial que encierra lo referente
al descubrimiento de las Indias durante las dos pri-
meras décadas, o sea desde 1492 a 1506, en que falleció
el Almirante, aparte de los nombres ya citados, todos de
puntos o Cofradías de Pontevedra, se encuentran nue-
vos datos que sería prolijo enumerar y que demuestran
de una manera concluyente que es aquí donde hay que
buscar sus ascendientes. Así, por ejemplo, hallamos un
río al cual llamó ''San Salvador", como a la primera
tierra en que puso su planta; a otras islas puso los
nombres de **San Nicolás", ''Santa Catalina", "San
Juan Bautista" ; y cuando bautizó a otra llamándole "La
Española", lo hizo oponiéndose a indicaciones que le su-
gerían sus compañeros de que la apellidara "La Cas-
tellana".
IX
Permitidme que sobre este importante dato llame
vuestra atención, pues no quiso aceptar la indica-
ción que le hacían de que le pusiera "La Castellana" y
64
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
le nombró ''La Española" ; y este dato que nos suminis-
tra Herrera (página 33) es tan significativo, que bas-
taría por sí solo para demostrar que la verdadera patria
de Colón es España.
Ofendería vuestra cultura si quisiera hacer una re-
seña de nuestra historia en aquella época, pues para
todos es bien conocida la enemiga que existió, y aun
continuó hasta nuestros días, entre Castilla y Galicia.
¿ Quién de vosotros ignora el desdén con que los cas-
tellanos han tratado siempre a los gallegos?
Al oír aquel grande hombre la indicación de sus com-
pañeros para que diese a una isla el nombre de "La
Castellana", es indudable que se le sublevó su alma
gallega, y como una protesta muda le puso ''La Espa-
ñola", y a otra isla "La Gallega" para afirmar de una
manera indiscutible lo mal que sonaba en sus oídos la
palabra "castellana".
Si hubiera sido el Almirante genovés o italiano, ¿ con
qué placer no hubiera recibido la insinuación de sus
compañeros, puesto que para todo extranjero era más
grato el recuerdo de los Reyes de Castilla ?
Creo firmemente que este dato es de una importancia
tal, que tiene más fuerza que una partida de bautismo
(si existiesen en aquella época), y, libres de toda pasión
y prejuicio, os persuadirá de que la patria de Colón
fué España.
65
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
En fin, son tantos los indicios que existen para de-
mostrar que no es genovés y sí español, que por si solos
forman plena prueba.
Pero si a aquéllos agregamos el hecho de que no se
encuentra un solo papel del Almirante en italiano y sí
infinidad en romance castellano y muchísimas notas en
latín, sin que aparezca nada escrito en su idioma — como
era natural — , y que si alguna vez se le olvidaba una
palabra castellana la sustituía con otra gallega, tenemos
forzosaj^ente que reconocer qut no era Genova su pa-
tria, pues puede afirmarse que no hay un hombre en el
mimdo que sepa escribir de quien no se encuentre un
solo doaimento escrito en el idioma de sus primeros
años.
El cronista Herrera nos dice que el Almirante sabía
latín y hacía versoe. Lástima que la Historia no haya
conservado alguno de ellos, pues tengo la seguridad
que los haría en castellano o en gallego, puesto que la
inspiración poética se revela en el idioma patrio.
XI
Como habréis visto por mi segunda exposición, he
querido buscar en Porto Santo alguna prueba documen-
tal en la casa que la tradición dice que fué de los de
66
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Colón, o mejor dicho, como allí llaman, (Po que descu-
briu as Américas, y cuando me disponía a dar por in-
eficaz este^ trabajo encontré el crucero de Juan Colón, y
aunque ha ofrecido controversia, en vista de que con
el miembro de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra
D. Luis Gorostola, quien asegura que dice ''Juan Colón",
están conformes el miembro correspondiente de la Real
Academia de la Historia D. J. Fernández Gil, enten-
didísimo paleógrafo, y el doctor Constantino Horta, de-
seo que decida esta cuestión el señor vocal secretario
y paleógrafo de vuestra Comisión, ilustrísimo señor don
Julián Paz Espeso.
XII
Es de grandísima importancia la tradición que existe
en el lugar de Porto Santo, y acerca de ella dejó el
Sr. Fernández Gil la demostración de su valer. De ella
se ha ocupado también el ilustrísimo señor gobernador
de esta provincia, D. Luis Tur Paláu, miembro y secre-
tario de la Sociedad Geográfica, persona que por su
ilustración y vastísima y sólida cultura da al tema
tratado el valor de cosa real.
XIII
Y ahora me concretaré a presentaros los documentos
que prueban que el apellido del linaje verdadero de
Cristóbal Colón y Fonterosa existían aquí antes y des-
67
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
!
pues del descubrimiento de América; y el plano que
demuestra de una manera gráfica que el propio Almi-
rante ha querido dejar hecha su partida de nacimiento.
XIV
DOCUMENTQS
I. — Fotografía de la capilla de Santa María, en donde
existe la inscripción siguiente: Os do cerco de Juan
Neto e de Juan de Colon fixeron esta capella. Esta igle-
sia, según manifestación del señor cura D. Francisco
Castro Queiruga, se empezó entre el año 1480 y 1484 y
se terminó en 1559, y como la capilla se halla a tres me-
tros de los cimientos, es de suponer que fué construida
antes del descubrimiento de las Indias occidentales.
2. — Fotografía del crucero de Porto Santo, sacada a
las dos horas del descubrimiento.
3. — Transcripción al ferro-prusiato de la inscripción
del mismo crucero, hecha por el miembro de la Socie-
dad Arqueológica de Pontevedra D. Luis Gorostola.
4. — Plano de la ría de Pontevedra calcado sobre el
plano de Fontán — que tiene noventa años de existen-
cia— , y en el cual se hallan al principio y fin de la ría
los nombres de 'Torto Santo", ''San Salvador", "La
Galera" y ''Punta Lanzada".
5. — Fotografía de una escritura otorgada en 11 de
octubre de 15 18 ante el notario Alonso García de Sisto,
en que Juan Neto y Juan de Padrón dan fianza cance-
laría a Juan de Colón.
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
6. — Escritura sobre cuentag de la iglesia de Santa
María que rindió Juan de Colón en 21 de septiembre"
de 1529, otorgada ante el mismo notario Alonso García
Sisto.
7. — Hojas sueltas de un libro de visitas de la parro-
quia de Santa María la Grande, de Pontevedra, que
procede del gremio de mareantes y se guarda en la So-
ciedad Arqueológica, en que figura girando visita el muy
magnífico y reverendísimo maestre D. Cristóbal Colón
en 1575.
8. — Otra igual visita en 1576 por el mismo D. Cristó-
bal Colón.
Las notas de estos cuatro últimos documentos fueron
facilitadas por el Sr. D. Casto Sampedro, y las dos úl-
timas se hallan en su poder, como presidente de la So-
ciedad Arqueológica.
9. — Otra acta de 28 de diciembre de 1575, de otra
visita girada por el mismo D. Cristóbal Colón, encon-
trada por el que suscribe en el Archivo de la Cofradía
de la Santísima Trinidad de Santa María.
10. — Libramiento del Arzobispo de Santiago, don
Lope de Mendoza, a favor del Maese Nicoláu Oderige
de Genova, a cargo del Ayuntamiento de Pontevedra.
II. — Libro del Concejo en poder de la Sociedad Ar-
queológica.
Acuerdo del mismo Concejo de 20 de julio de 1457,
ordenando el pago de pequeñas cantidades a Domingo
de Colón y Benjamín Fonterosa.
12. — Cuaderno de cuentas de la Cofradía de San Mi-
guel en poder de la Sociedad Arqueológica, donde figu-
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
i
ra Alfonso o Antonio dar Colón. Comprende los años
1480 a 90. I ;
13. — Cartulario propiedad de García de la Riega, en
que existe una escritura aforamiento de 14 de octubre
de 1496, lindando con la heredad de Cristobo de Colón.
14. — Escritura de aforamiento, hecha en 13 de octu-
bre de 1 5 19 a Juan y Constanza de Colón.
XV
Como el Excmo. Sr. Director de la Real Academia
de la Historia dice en su comunicación del 16 de julio
de este año que la Comisión nombrada viene, no tan
solamente para el reconocimiento y examen de los do-
cumentos y apreciar, además de su autenticidad, el ver-
dadero valor testifical de todos los antecedentes qiie se
les consulten y estudien, ciréome autorizado para rogar-
le se digne informar al tenor de las siguientes consultas :
I. — El verdadero apellido del linaje verdadero de
Cristóbal Colón, ¿era Colón o Colombo?
2. — ¿ Cree que haya existido o exista en el mundo un
hombre que supiera escribir, y que habiendo llegado a
la cumbre de la gloria, no dejase algún documento es-
crito en el idioma en que aprendió a hablar ?
3. — ^¿Conoce algún documento público o privado escri-
to en el idioma que usaba la República de Genova, por
Cristóbal Colón?
4. — ¿ Sabe de algún historiador que haya encontrado
en Italia, en los siglos xv y xvi, algún individuo que
llevase el apellido verdadero de Colón? ,
70
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
XVI
Como la solución de estas consultas son las que en-
tiendo han de llevarnos á la verdad, demostrando que
el apellido Colón — que es el verdadero del Almirante — ■
no es italiano y si español, ruego a los académicos que
tengan la bondad de contestarlas a la vez que emitan su
informe a la docta Corporación dé la Academia, refe-
rente a los demás puntos que contiene esta exposición,
en vista de los antecedentes presentados y los trabajos
verificados por el correspondiente de la Real Academia
Sr. D. J. Fernández Gil.
Pontevedra, agosto 15 de.1917. — (Firmado.) Pru-
dencio Otero Sánchez."
Cuando ya nos disponíamos a recibir a la Comisión
de la Real Academia, sobrevino la huelga ferroviaria en
toda España, que interrumpió la venida de aquélla y
quedó todo en suspenso hasta que, terminada, se recibió
de la docta Corporación la comunicación que a la letra
dice:
"Los sucesos lamentables que han tenido lugar des-
de el pasado mes de agosto, impidieron a la Comisión
nombrada por el señor Director de esta Real Academia,
y de que V. S. tiene conocimiento, realizar su marcha
a esa capital con el objeto de examinar los documentos
referentes a la familia de un Colón, que por muchos se
considera ser la del descubridor glorioso del Nuevo
71
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Mundo, que esa Diputación provincial deseaba que por
este Cuerpo fuesen técnicamente avalorados. Por des-
gracia, ni el estado general de las cosas ha conseguido
totalmente su justo y pacifico equilibrio, ni algunos de
los numerarios nombrados, por su especialidad, para
este objeto, abierto para unos que son catedráticos de
la Universidad Central el curso académico, y atentos
otros a obligaciones ineludibles de los cargos que des-
empeñan en la carr.era militar, a que pertenecen, se
hallan en situación de momento para poder desempeñar
tan delicado cargo; por lo que, en la sesión celebrada
por esta Academia el día 5 del corriente, expuesta por
dichos señores la realidad de las cosas, se acordó dar a
V. S. conocimiento de ello para poner a su elección una
de las tres soluciones posibles: Primera, el aplazamien-
to hasta tener la amplitud necesaria de tiempo para lle-
varlo a cargo; segunda, la remisión a Madrid, con las
seguridades y garantías necesarias, de los documentos
que se han de examinar para proceder aquí a su prolija
inspección, o admitir la renuncia de la misión encomen-
dada a este Cuerpo, y que tiene a honor realizar, en
cuyo caso serían devueltas las mil pesetas recibidas para
los gastos de viaje a esa capital. — En cumplimiento de
este acuerdo, tengo el honor de comunicárselo para su
conocimiento y resolución. — Dios guarde a V. S. mu-
chos años. — Madrid, 20 de octubre de 19 17. — El Se-
cretario accidental. — (Firmado.) Juan Pérez de Guz-
MÁN Y Gallo. — Sr. Presidente de la Excma. Diputación
provincial de Pontevedra. — (Hay un sello que dice:
''Real Academia de la Historia. — Secretaría.")'*
K SP A Ñ A, ' P A T RI A DE C O L O .V
Recibida por el presidente de la Diputación la co-
municación que antecede, dio cuenta de ella a la Comi-
sión Pro-Batria Colón en 22 de diciembre y acordó
contestarla en los térnainos siguientes :
"La demora en contestar la muy atenta comunicación
que V. E. ha tenido a bien dirigirme con fecha 20 de
octubre próximo pasado, ha sido motivada por tener que
dar cuenta de ella a la Comisión ejecutiva Pro-Patria
Colón, a fin de que conocieran las justas eausas que
han dado lugar a la suspensión de la venida a esta ca-
pital de la Comisión de esa Real Academia de la Histo-
ria y de las soluciones que esa docta Corporación pro-
pone para continuar la labor empezada de determinar
la verdadera cuna del inmortal Cristóbal Colón. En
su consecuencia, reunida aquella Comisión bajo mi
presidencia, acorcíó manifestar a V. E. lo siguiente:
1." Aceptar la primera de las soluciones propuestas por
esa Real Academia, rogando a V. E. haga presente a la
Comisión elegida de su seno el vehemente deseo que
esta Comisión tiene de que no pase el año próximo de
1918 sin que se realice el viaje suspendido; 2.°, auto-
rizar al presidente de esta Comisión ejecutiva, D. Ra-
fael López de Haro, para que personalmente haga en-
trega a V. E. o a la Secretaría de la Excma. Real Aca-
demia de las dos exposicioi:kes fechas 7 de enero y 24
de mayo del corriente año, presentadas por D. Pruden-
cio Otero Sánchez, y de la ponencia del mismo señor
aprobada por esta Comisión fecha 15 de agosto y de
to'las'las fotografías y demás antecedentes que debían
73
PRUDENCIO OTERO 'SÁNCHEZ
presentarse a la Comisión de la Real Academia, para
que sean conocidos por ésta y puedan compulsar su
autenticidad en su estancia en esta capital ; y 3.°, rogar
ai Sr. D. Juan Fernández Gil, miembro correspondiente
ae esa Rejl Academia, envíe directamente a la m'sma
los trabajos que tenía preparados, e igual ruego al miem-
bro de esta Comisión D. Gerardo Alvarez Limeses. De-
jando, pues, trasmitidos los acuerdos de esta Comisión,
séame permitido hacer a V. E. otro ruego, y es que, au-
torizado ya por esta excelentísima Diputación provin-
cial para subvenir a los gastos que la venida de la Comi-
sión demande, deseo que en lo sucesivo hasta termi-
nar la secuela de este asunto me sean dirigidas las
comunicaciones de V. E. en el carácter de presidente
de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, pues es el
cargo que tengo y deseo ostentar por ser permanente,
mientras que el de presidente de la Diputación es tran-
sitorio. Dios guarde a V. E. muchos años. — Pontevedra,
diciembre 22 de 1917. — (Firmado.) Antonio Pazos. —
Excelentísimo señor presidente de la Real Academia de
la Historia. Madrid."
Con fecha 10 de enero de 1918, el señor presiden
te de la Comisión ejecutiva Pro-Patria Colón, don
Rafael López de Haro, dio cuenta ante la Comisión de
haber cumplido su cometido, entregando en la Secreta-
ría de la Real Academia de la Historia, como así se
había acordado en la sesión de 22 de diciembre del
año anterior, mis dos exposiciones y ponencia, con todas
las fotografías y demás antecedentes que debían haberse
11
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
presentado a la Comisión de la Academia, acordándose
que yo continuase en mis investigaciones hasta que avi-
sase su viaje a esta capital.
Prosegui con paciencia y cariño mis trabajos, y al
tiempo en que eran mayores mis esperanzas de obtener
para España la gloria de que hubiese sido un español
el descubridor del Nuevo Mundo, me encuentro con ver-
dadero asombro que el Sr. D. Ángel Altolaguirre,
miembro de la Real Academia de la Historia y presi-
dente de la Comisión que de su seno se había nombrado
para venir a esta capital, presenta a la Corporación y
publica en el Boletín Oficial de la misma correspondien-
te al mes de marzo un trabajo, en el cual se afirma la
patria genovesa de Cristóbal Colón.
COLON, GENOVES, SEGÚN UN ACADÉMICO
He aquí el trabajo del Sr. Altolaguirre, titulado: "La
patria de D. Cristóbal Colón, según las actas notariales
de Italia":
"Parecía que se había ya fijado el criterio universal
reconociendo que el descubridor de América nació en
Genova, cuando el Sr. García de la Riega publicó su
obra Colón, español, tratando de demostrar que fué en
Pontevedra donde vio la luz primera el gran navegante,
doctrina que se ha abierto algún camino merced a la
activa propaganda que, tanto en Galicia como en Amé-
rica, efectúan los entusiastas partidarios de la idea, los
que procuran captarse adeptos publicando y haciendo
circular con profusión copias fotográficas de los docu-
mentos en que apoyan sus juicios y en folletos y confe-
rencias divulgan los argumentos en que fundan su teo-
ría (i).
(i) GWstóbal Colón nació en Pontevedra en el año 1436
o en el 1437, y fueron sus padres Domingo de Colón, llamado
el Mozo, y Susana Fonterosa. (La Riega: capítulo XIV.)
'77 •
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Es axiomático que para fallar un pleito en justicia
necesario es oír los alegatos de las partes contendientes,
y abundando en este concepto, perécenos que para ilus-
trar la opinión, a nuestro juicio un tanto descarriada,
será conveniente hacer un resumen de lo que nos dicen
las actas notariales de Italia sobre la hasta ahora tenida
por familia de D. Cristóbal Colón.
En el volumen i, parte II, de la Raccolta Colombiana,
y precedidos de un estudio de L. T. Belgrano y M. Stag-
lieno, se publicó una numerosa colección de documen-
tos, en los que figuran los nombres de un Cristóbal de
Colombo, sus padres, hermanos y parientes de diversos
grados.
La frecuencia con que en documentos y obras apare-
ce en Italia el apellido Colombo ; el haberse descubierto
que algunos de los documentos en que figura el sobre-
nombre del primer almirante de las Indias son apócri-
fos, y el no poder comprobarse la autenticidad de otros
por haber sido destruidos o no encontrarse los origina-
les, han motivado el que sean acogidos con cierta des-
confianza los documentos notariales de Italia y no se
les atribuya todo el valor que como fuente de conoci-
miento histórico tienen la mayor parte de ellos.
El que algún documento haya resultado falso no pue-
de constituir prueba de que lo sean todos los demás, y
por esto, ínterin no se demuestre de una manera evi-
dente, como resultado de una investigación directa y
reconocimiento técnico, que son apócrifos, ttpdremos
por auténticos todos los publicados por la Real Comisión
Colombiana, siempre que conste la existencia y sitio en
• 78
ESPAÑA, PATRIA DE COLÓ N
que se hallan depositados los originales, a fin de que
pueda ser compulsada la autenticidad, descartando, en
cambio, como medios de prueba, aquellos que no pue-
den ser cotejados con sus originales por tjo parecer o
haber sido éstos destruidos.
Partiendo de estas bases, haremos un sucinto extrac-
to de los que se refieren al Domingo de Colombo, tenido
por padre del almirante D. Cristóbal.
En las actas notariales extendidas en Genova en el
siglo XV, para evitar que las personas que en ellas figu-
raban pudieran ser confundidas con otras que tuviesen
el mismo nombre y apellido, se hacía constar en casi
todas, no sólo el lugar en que habían nacidg o de que
eran oriundos, sino también el nombre de su padre, an-
teponiendo la palabra quondam si éste había ya falleci-
do, o la de fillius si vivía.
Los documentos extendidos en Saona son, por regla
general, menos explícitos, y suelen no contener más da-
to que el del punto de residencia de las personas que en
ellos figuran.
El primer documento en que aparecen los nombres de
los supuestos abuelos y padre de D. Cristóbal Colón
tiene fecha 21 de febrero de 1429, y en él consta que
"lohannes de Columbo de Moconexi" (i), habitante en
la villa Quinti, inmediata a Genova, compareció ante el
(i) Moconoxí, villa situada en el valle de Fontanabuona, co-
lindante con el de Bisagno, en el que se halla la Villa Quinti;
ambos valles están próximos a Genova; en el primero se en-
cuentran también Terrarossa y Fontanarossa, y en el segundo,
Villa Quarto.
79
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
notario de esta ciudad ''Quirico de Albenga", declaran-
do que colocaba a su hijo Domingo, que tenía cerca de
once años de edad, como aprendiz de tejedor de paños,
en casa de ''Guillermo de Bravante".
Es de sumo interés este documento, que demuestra
que en 1429 se hallaba ya establecido en Genova el
abuelo de Cristóbal Colombo, y sirve de punto de par-
tida para probar que el que fué padre de éste, Domingo
de Colombo, que a la sazón sólo tenía once años de edad,
permaneció establecido en Genova o Saona hasta su
muerte.
Diez años después, en i.° de abril de 1439, Domingo
de Colombo, "filio Iohannis'\ convertido ya en maestro
tejedor de paños, toma de aprendiz a un hijo de Pedro
de Verzia, según acta otorgada en Genova ante el nota-
rio Benedicto Peloso.
La identidad de nombre, apellido, profesión y nom-
bre del padre, son datos bastantes para comprobar que
este docum.ento y el anterior se refieren a un mismo
Domingo de Colombo.
En 6 de septiembre de 1440, el Monasterio de San
Esteban cede en enfiteusis a "Dominighino Columbo
textori pannorum, filio lohannis", un terreno en la vía
Olivella, en el que se hallaba edificada una casa lindan-
te por un lado con un edificio propiedad de Bertore de
Valetariis, y por otro con la casa de Pedro de Croza de
Rapallo ; el censo que Dominico tenía que satisfacer
anualmente era de 15 soldi y 2 y2 denari, apareciendo
deudor por este concepto y cantidad en los libros del
8Q
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Monasterio correspondientes a los años de 1456-57-58-
59 y 60.
En 20 de abril de 1448 los hermanos Antonio y Do-
mingo de Colombo, quondam lohannis, habitantes en
Villa Quinti, se obligan en Genova, ante el notario Anto-
nio Fazio por el resto de la dote de su hermana Bat-
tistina.
Este documento nos da a conocer que el Juan de Co-
lombo de Moconexi habitante en Villa Quinti, que figu-
ra en el acta de 21 de febrero de 1429, tuvo además de
Domingo de Colombo otro hijo llamado Antonio y una
hija de nombre Battistina.
Según consta en acta otorgada en Genova ante el no-
tario Jacobo Bonvino, "Dominico de Columbo, textorí
pannorum lañe in lanua quondam lohannis^', adquirió
«n 26 de marzo de 1451 una parcela de terreno "in po-
testacia Bissamnis in Villa Quarti".
En 18 de enero de 1455 el Monasterio de San Este-
ban cede en enfiteusis a "Dominico Columbo, textori
pannorum lañe", un terreno "in burgo Sancti Stephani",
sobre el que estaba edificada una casa que lindaba por
un lado con fincas de Juan de Palavania y por otro con
edificios de propiedad de Antonio Bondi ; más adelante,
al ocuparnos del litigio a que dio lugar esta propiedad,
demostraremos que el Domingo Colombo a que se hace
la cesión es el Domingo Colombo hijo de Juan, vecino
de Villa Quinti.
En 4 de junio de 1460, en la ciudad de Genova, y
ante el notario Juan Valdettaro, es testigo y fiador "Do-
minicus de Columbo, frater Antonius de Coliunbo, ha-
Sí
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
bitator Villa Quinti, potestacie Bisanmis, qiiondam
lohannis", en el compromiso contraído por Antonio-
para colocar a su hijo Juan de aprendiz en casa del
sastre Antonio de Planis; este Juan, llamado así sin
duda por ser el nombre de su abuelo, es más que pro-
bable que tuviera por segundo el de Antonio, que era
el de su padre, y fuera, por tanto, el Juan Antonio Co-
lombo que más adelante ha de servirnos en nuestro re-
lato para identificar la personalidad del gran descu-
bridor.
Según acta levantada en Genova el 15 de marzo
de 1462 por el notario Andrea de Cairo, ''Dominicus
de Colombo, textor pannorum lañe, quondam lohan-
nis'\ fué testigo del pago de una deuda de 50 liras he-
cho a Antonio Leverone, y en 5 de julio de 1464, el
mismo ''Dominicus de Columbo quondam lohanni^',
aparece en Genova como formaiarius, declarando ante
el notario Juan Valdettaro adeudar 15 liras a Jerónimo
delle Vigne, figurando también en idéntica forma y como
testigo en una sentencia arbitral inserta en acta exten-
dida en Genova el 14 de septiembre de 1465 por el nota-
rio Benedicto Peloso.
En 17 de enero de 1466 ''Dominicus de Columbo,
quondam lohannis textor pannorum lañe, habitator la-
nue in contracta extra portam Sancti Andree", afianza'
en Genova, ante el notario Andrea de Cairo, la evicción
de una tierra en Villa Quarti, que vendió su primo iher-
mano lohannes de Columbo de Moconexi, quondam
Luce'\
El primer documento en que aparece en Saona tiene
82
SSPAÑA, PATRIA DE COLON
fecha 2 de marzo de 1470, y por él consta que ante el
notario Juan Gallo tomó a su servicio "Dominicus de
Columbo civis lanue, quondam lohannis de Quinto, tex-
tor pannoruní et tabernarias" a Bartolomé Castagnelli.
En extremo interesante es el acta extendida en Ge-
nova en 22 de septiembre de 1470 por el notario -Jacobo
Calvi, en la que consta que ''Dominicus de Columbo
quondam lohannis y Chrisioffoms, eitis filius", en pre-
sencia y con el consentimiento de su padre, toman por
arbitro de sus diferencias con Jerónimo de Portu a Juan
Agustín de Coano.
La sentencia arbitral la dictó Coano el 28 del mismo
mes y año, ante el notario Calvi, y por ello condenó a
"Dominiami de Columbo et Christophorum eius films"
al pago de 35 liras a Jerónimo de Portu.
Tan importante o más que la anterior es el acta exten-
dida en Genova el 31 de octubre de 1470 por el notario
Nicolás Raggio, y en la que ''Chistof forus de Columbo,
filius Dominici maior annis decemnovem et in presentía
auctoritate concilio et consensu dictis Dominici eius pa-
tris presentís et autorizantís", se declara deudor de una
cantidad por resto de una partida de vinos que vendie-
ron por cuenta de Pedro Belexio de Portu. Si se tiene
en cuenta que en el acta de 2 de marzo de 1470 Do-
mingo de Columbo, vecino de Genova, ''quondam
lohannis de Quinto", figura como tejedor de paños y
comerciante en vinos (tabernarius), y en las de 22 y 28
de septiembre de 1470 este mismo Domingo de Colum-
bo, quondam lohannis, aparece como padre de Cristóbal
Colombo, no puede ofrecer duda que el Domingo Co-
83
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
lumbo, comerciante en vinos y padre del Cristóbal Co-
lumbo que aparece en el acta de 31 de octubre de 1470,
últimamente citada, es el mismo Domingo Colombo,
hijo del Juan Colombo, habitante en Villa Quinti, que
figura en la primera de todas las actas citadas, y lo
mismo el "Dominicus Columbus lanerius habitator
Saone", que, en unión de su hijo Cristóbal, reconocen
en acta otorgada en Saona por el notario Tomás del
Zocco, el 26 de agosto de 1472, ''deber ciento quarenta
liras a Juan de Signorio", pudiendo, por tanto, afirmar-
se que existe un perfecto enlace entre todos los doai-
nientos de que hemos hecho mención, los cuales prueban
que desde 1429 hasta 1470, en que aparece por vez pri-
mera en las actas Cristóbal Colombo, su familia residió
en Italia, y él y su padre, en Genova, sin que exista
dato alguno que permita suponer que éste cambiara de
residencia, una vez que entre las fechas de unas a otras
actas no media gran espacio de tiempo, y en todas figu-
ra ejerciendo su oficio de tejedor de paños o dedicado
a empresas mercantiles, que requerían, como el comer-
cio de vinos, permanencia en la localidad.
En Genova, el 25 de mayo de 1471 "Suzana, filki
quondam lacobi de Fontanarubea et uxor Dominici de
Columbo textoris pannorum lañe, presentes", ratifica
ante el notario Francisco Camogli la venta de un in-
mueble a "Goagninus de Fontanarubea fratem ipsius
Suzane" ; que este Domingo de Colombo es el hijo de
Juan a que en todo este trabajo nos venimos refiriendo,
lo demuestra el acta en que cinco días después los mis-
mos "Goagninus de Fontanarubea y Dominicus de Co-
■ 84 ^
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
lumbo textor pannorum lañe, quondam lohannis", nom-
bran ante el notario Ambrosio Garumbero dos arbitros
para dirimir sus diferencias, y la de 14 de abril de 1472,
en la que se hace constar que ante el mismo notario
''Dominicus de Columbo textor panMorum lañe, quon-
dam lohannis" recibe en Genova de Guagnino de Fon-
tanarubea determinada cantidad, como resultado de la
venta del inmueble a que se refiere el acta de 25 de mayo
de 1471.
En 7 de agosto de 1473, ante el notario de Saona
Pedro Corsaro: "Sozana, filia quondam lacobi de Fon-
tanarubea de Benzagno et uxor Dominici de Columbo
de lanua ac Christophorus, et lohannis Pelegrenius,
ñlii dectorum Dominici et Sozane, iugalium et cum auc-
toritate et consentu dictorum parentum suorum presen-
tium", consienten en la venta que iba a hacer Domingo
de una casa que poseía *'in civitate lanue in contrata
porta Olivella".
Expuesto queda que en las actas notariales de Sao-
na no suele aparecer el nombre del padre de Domingo
de Colombo, como sucede en las de Genova; por eso
tenemos que recurrir a ellas para la comprobación, y, en
efecto, aparte de que en el acia ya citada de 6 de sep-
tiembre de 1440 consta que el Monasterio de San Este-
ban cedió en enfiteusis a "Dominighino Columbo, textori
pannorum, filio lohannis" (ya hemos dicho que cuando
el padre era vivo anteponían a su nombre la palabra
füius, y cuando era muerto, la de quondam), una casa en
la vía Olivella, encontramos que en Genova, el 8 de
abril de 1480, y ante el notario Juan Bautista Parissola,
85
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
"Dominicus Columbus quondam lohannis laneriiis", re-
cibe de Pedro de la Celia ciento cincuenta y cinco liras,
precio de la casa que le vendió en vía Olivella el 24
de septiembre de 1473 ; resulta, pues, que el Domingo
Columbo, a quien su mujer Suzana y sus hijos Cristó-
bal y Juan Pelegrino autorizaron en Saona, el 7 de agos-
to de 1473, para la venta, que tuvo lugar el 24 del mes
siguiente, de la casa en Porta Olivella, es el mismo Do-
mingo de Colombo a que nos venimos refiriendo, sin que
el hecho de que en el acta de autorización sólo figuren
como hijos del matrimonio Cristóbal y Juan Pelegrino
signifique, como supone el Sr. La Riega, que no tuvie-
ran más, pues bien podían tener otros que se hallaran
ausentes o que en la fecha que se otorgó el documento
no alcanzasen la edad necesaria para obligarse.
Y puesto que del trabajo del Sr. La Riega (i) nos
ocupamos, hemos de hacer una observación que sus teo-
rías nos siígiere: afirma que la madre del gran nave-
gante se llamaba Susana Fonterosa, y cree que el Cris-
(1) La Riega: cap. X, pág. 109. El apellido Fonterosa apa-
rece (en Galicia) con los nombres de Abraham, Eleazar, Jacob
el Viejo, otro Jacob y Benjamín; la madre de Colón se llama-
ba Suzana; si el Almirante pertenecía a esta familia, hebrea
sin duda, ¿no habíamos de disculparle su resolución de no
revelar estos antecedentes, dado el odio de raza, etc.?
"Creo que no hay necesidad de echar por tierra toda la
historia de Colón; basta presumir que ese Christophoro Co-
lombo lanerio en 1472, y que en otro documento de 1473 figura
con su hermano, Juan Pelegrino, era, sin duda, persona distinta
de la de Cristóbal Colón, descubridor de América." (Colón,
español, pág. 88.)
86
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
tóbal Colombo que figura en las actas notariales de Ita-
lia no era el Cristóbal Colón de España ; ante tales afir-
maciones nos permitimos preguntar a los que siguen las
teorías del Sr. La Riega : ¿ en qué documento se ha en-
contrado el nombre de la madre del primer almirante
de las Indias ? Por creer que éste y el Cristóbal de Co-
lombo de Genova eran una misma persona se ha tenido
por su madre a la Suzana Fonterosa que figura en las
actas notariales de Saona y Genova; pero si eran dos
distintas individualidades, confesamos nuestra ignoran-
cia; no se nos alcanza en qué pruebas fundó el señor
La Riega sus afirmaciones, que, de ser ciertas, entraña-
rían la sorprendente coincidencia de que tuvieran los
mismos nombres y apellidos las madres del Cristóbal
Colombo de Italia y la del Cristóbal Colón de España.
Por otra parte, si estos Colombos de Genova y Saona
no pertenecían a la familia del Almirante; si es cierto
lo que dice el Sr. La Riega de que lo único que se ob-
tiene en limpio del estudio de los documentos notariales
es que "los italiünos de apellido Colombo eran otros Ló-
pez, no eran de los llamados de Colón con antecesores
Rosnados de Colón'' (i), ¿en qué se fundó el autor de
las novísimas teorías sobre la patria del gran navegante
para afirmar que éste empezó su carrera de marino el
año 145 1, a los catorce de edad, poco más o menos,
y que, emigrados de Pontevedra sus padres y su her-
mano Bartolomé, a fines de 1452 o principios de 1453,
se reunió con ellos en Portugal, marchando postcrior-
(i) Colón, español, pág. 96.
87
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
mente toda la familia a Italia, estableciéndose desde lue-
go en Genova y trasladándose más tarde a Saona? (i)
¿ En qué documento o fuente seria de conocimiento his-
tórico encontró el Sr. La Riega d apellido de Colón,
en Genova y Saona, en esta época y qué datos para afir-
mar que allí emigrara la familia entera de los Colones
de Pontevedra? En ningún documento de Genova o
Saona aparece el apellido de Colón; en todos es el de
Colombo Q Colümbo.
Siguiendo el estudio de las actas, encontramos que en
5 de noviembre de 1476, ante el notario de Genova Juan
de Benedetti, ''Dominicus de Columbo, fextor panno-
rum lañe quondant lohannis, habitator Saona", cede un
crédito que tenía contra Nicoli Masglio.
El 23 de enero de 1477, y según acta extendida en
Saona por el notario Juan Gallo: "Suzana, filia quon-
dam lacqbi de Fontanarubea et uxor Dominici de Co-
lumbo lanerii civis et habitatoris Saone", da consenti-
miento a éste para la venta de la casa sita "in burgo
Sancti Stephani indita civitates Tanue in contracta Sanc-
ti Andre" ; aunque ya queda demostrado que el Domi-
nico de Colombo, marido de Susana, era el hijo de Juan,
conviene hacer constar que esta casa, cuya venta auto-
riza Susana, es la en que vivían en 1466, según se ex-
presa en el acta de 17 de enero, extendida por el nota-
rio Andrés de Cairo, didendo que Dominico de Colum-
bo era hijo de Juan y que vivía "en contracta extra por-
tam Sancti Andre".
(i) Colón, español páí?. 174.
ESPAÑA, PATRIA DE. COLON
Para demostrar cuan a la ligera escribió el Sr. La
Riega su trabajo y lo poco que estudió los documentos
italianos, vamos, aun a trueque de extendemos más de
lo que quisiéramos, a reproducir lo que dice respecto a
;a autorización dada por Susana en 23 de enero de 1477.
Lo extraño es — expone el Sr. La Riega (i) — que el
sabio Harrisse, que no tenía gran confianza, según dice
el académico Sr. Asensio, en la autenticidad de varios
documentos italianos, no haya advertido la contradic-
ción evidente entre el relativo a la venta por Domenico
Columbo de una casa de Genova, el año 1477, y ^1 que
contiene la cesión de la misma casa en 1489, hecha por
el propio Domenico a su yerno Jacobo Bavarello, y por
no ser menos que el Sr. Harrisse, que, según dice que
dijo el Sr. Asensio, dudaba de la autenticidad de varios
documentos italianos, el Sr. La Riega, ya que hizo el
descubrimiento de esta contradicción, se lanza a sos-
pechar que "la persona que encontró uno de estos pa-
peles ignoraba sin duda la existencia del otro*'.
Veamos ahora lo que, respecto al documento, dice el
Sr. Harrisse: "On vient de le voir, la propriété décrite
dans le contrat Corsaro n'est peut-etre plus possédée
en 1477 puisque le 23 Janvíer de cette année sa femme
en ratifie la vente ou la promesse de vente, Cependant
douze ans aprés, Domenico avait encoré un inmeuble en
•ce endroit, car nous, donnons une transaction de 1489,
par laquelle il transporte á son gendre une Aaison avec
boutique jardin... Malhereiisement, le prisée faite de-
(i) Colón, español (Madrid, 1914), pág. 94.
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
van M*^ Domenico de Villa et contenant une description
plus détaille n'a pu étre retrouvée. Nous ne saurions
done diré positivement s'il s'agit ici d'un nouvel inmeu-
ble ou de celui qui fut aliené en 1477 que Domenico
aurait racheté et si les contributions pagées en 1457-60
s'appliquent a cette propriété méme ou á une autre si-
tuée aussi in contracta Sancti André.
Repondré af firmativement, c'est admcttré que Domi-
nico posséda en 1457, 14^3, I474 et jusq'en 1477 une
maison, et en méme temps, mais iusqu'en 1489-92 une
autre, si prés de la premiére, qu'elle etait également
adossée a la muraille de la ville, et aussi en fagade sur
la voie Saint-André, entre la porte et Mulcento. Cela
n'a rien d'impossible, mais jusqu'á plus ampie informé.
nous penchons á croire que toutes ees données ne portent
que sur une seule maison, celle qui fut V oh jet d'unc
promesse de vente en 14.77, et que si Domenico put ¡a
transporter a son gendre en 1489, c^est qu'il Vavait ra-
chetée ou reprise dePietro Antonio de Garesio, ou bien
que la promesse de vente ne fut pas suivie d'effet" (i).
Resulta, pues, que el Sr. Harrisse, no sólo vio la apa-
rente contradicción, sino que, fijándose en que el acta
de 23 de enero de 1477 no constituye una escritura de
transmisión de dominio, sino que sólo autoriza para que
la venta se verifique, aprecia las dos soluciones que na-
turalmente pueden darse : o qu£ la venta no se realizó,
o que, si llegó a efectuarse, la finca volvió a ser propie-
(i) Christophe Colomh, son origine, sa vie, s»s voyages, sa
famille, etc., par Henry Harrisse. París, 18S4. Tomo I, pág, 206,
90
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
dad de Domingo Colombo, una vez que éste la poseía
en 1489, once años después, e hizo cesión de ella a su
yerno Jacobo Bavarello ; lo que no hizo el Sr. Harrisse
fué incluir este acta entre aquellas de cuya autenticidad
dudaba; pudo, por tanto, la persona que encontró uno
de estos papeles conocer sin duda alguna la existencia
del otro y darse la cuenta, que no se dio el Sr. La Riega,
de que, entre ellos, no existe contradicción que dé lugar
a sospechar de falsedad.
Respecto al documento de 1489 a que nos venimos
refiriendo, es un acta extendida" en Genova por el notario
Lorenzo Costa el 21 de julio de 1489, por la que Do-
mingo de Columbo hace cesión a Jacobo Bavarello de la
casa fuera de la Puerta de San Andrés ; en este docu-
mento, dice el Sr. La Riega, "figura Domenico Columbo
como administrador de sus hijos Cristóbal, Bartolomé y
Jacobo, hijos también y herederos de una Suzana sin
apellido. El Dominico cede a Bavarello la casa cercana
a la Puerta de San Andrés de Genova, y no dice si el
cesionario era lanero de esta ciudad o de Saona. Ha
desaparecido Juan Pellegrino, acaso por fallecimiento,
y aparecen Bartolomé y Diego, que no figuran como. hi-
jos del Domenico y de Suzana de- Fontanarubea, en
otro documento de Genova, año 1477, en el que, según
queda dicho, se menciona tres veces como hijos tan
sólo a Cristóforo y al Juan Pelegrino, sin aludir por
ningún concepto a Bartolomé, a Jacobo (Diego) y a
Blanchinetta. El papel de 1489 tampoco consigna el
apellido de Suzana. Nada dice de Blanchinetta; pero
Harrisse objeta que las hembras no heredaban, sino que
91
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
recibían en dote. Esto es un error, y aunque no lo fuera
bastaba que esa dote saliese de la herencia para que el
Domenico figiirase como administrador también de Blan-
chinetta y ésta acompañase a los otros en la mención. El
mismo documento no dice si Cristóforo, Bartolomé y
Jacobo estaban o no ausentes, pero el Jacobo aparece en
otro papel prestando su consentimiento a un acto de
Dominico Colombo, y no se explica por qué no figura
consintiendo la cesión de la casa a Bavarello, pues o era
mayor de edad para los dos actos o no lo era i^ara nin-
guno (i). Si no fuera por el respeto que el nombre y los
prestigios del Sr. La Riega nos merecen, tendríamos
motivos para sospechar que el apasionamiento por su
idea le lleva a no proceder con la rectitud que corres-
j)onde a un historiador serio, i Por qué no dice la fecha
del papel en que Jacobo aparece prestando su consenti-
miento a un acto de Domingo Colombo ? En primer tér-
mino, en 21 de julio de 1489 actúa Domingo Colombo
como padre y legitimo administrador de los bienes he-
redados de su madre por Cristóbal, Bartolomé y Jacobo,
y al no determinar, que se hallaban presentes, como se
especificaba siempre en las actas notariales, es que se
hallaban ausentes.
El acta a que el Sr. La Riega hace referencia está
fechada en Saona el 17 de noviembre de 1491, y en
ella "Domenico Colombo quondam lohannis" acusa re-
cibo de sesenta libras a Nicolás Rusca, consintiendo
Jacobo Colombo; este doaimento lo publicó el Sr. Ha-
(t) La Riega: Colón, esyañol, pág. 95-
92
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
rrisse en el apéndice al tomo II, pág. 443, de su obra
Christoforo Colonibo, y pertenece a aquellos que, por no
parecer los originales, no tenemos nosotros en cuenta;
pero al solo e/ecto de las observaciones del Sr. La Rie-
{?a, hacemos presente que el documento de 21 de julio
de 1489 está otorgado en Genova, y el de 17 de noviem-
bre de 1491 se fecha en Saona ; de modo que, por razón
del lugar, aunque los documentos tuvieran fechas pró-
ximas, pudo muy bien estar Jacobo en Saona y no con-
currir al acto de Genova, y por razón del tiempo, aun
estando ausente de Italia, en más de veintisiete meses
que median desde el 21 de julio de 1489 a 17 de no-
viembre de 1491, tuvo sobrado tiempo para regresar a
Saona, y de llegar a la mayor edad si era menor en la
primera de las indicadas fechas, cosa de que ahora no
hemos de ocuparnos, y por esto no figuró en el acta,
consintiendo la cesión de la casa.
Como estos datos no pudo ignorarlos el Sr. La Riega,
puesto que es la obra de Harrisse la que respecto a los
documentos italianos le sirve de guía en sus estudios, es
verdaderamente extraña la ocultación que Jiace de la
fecha de 17 de noviembre de 149 1 y las consecuencias
que saca del documento.
Respecto a que en el acta otorgada en Saona el 7 de
agosto de 1473, ante el notario Pedro Corsaro, y no
en Genova, como dice el Sr. La Riega (i), aparezcan
sólo Cristóbal y Juan Pelegrino, autorizando el consen-
timiento que su madre da a su marido, Domingo Co-
(i) Colón, español, pág. S9.
93
PRUDENCIO ^OTERO SÁNCHEZ
lombo, para la venta de la casa de Puerto Olivella, no
significa que el matrimonio no tuviera otros hijos, sino
que éstos eran los que se hallaban a la sazón en Saona
con condiciones legales para hacer renuncia de sus de-
rechos sobre la expresada finca.
Juan Pelegrino debió fallecer antes del 21 de juHo
de 1489, pues no figura ni en el acta de esta feoha ni
en ningún documento posterior.
Si el Sr. La Riega, ya que no tuvo a la vista la Rae-
eolia Colombina, publicada años antes que su folleto,
hubiera al menos estudiado con detenimiento los docu-
mentos que publicó M. Harrisse, habría encontrado en
el que tiene fecha 26 de octubre de 15 17 la explicación
del de 9 de julio de 1489, y el por qué no figura en él
Blanchinetta ni estuviera representada por su padre.
En dicho día de 26 de octubre de 15 17, Jacobo Ba-
varello emancipó a su hijo Pantaleón, de más de vein-
tisiete años de edad ; el acta con que este hecho se prue-
ba no la conoció M. Harrisse (i), pero sí la que se ex-
tendió el nuevo día y por el mismo notario Juan Bau-
tista Pariseia (2), y en la que consta que Jacobo Bava-
rello se convino con su hijo Pantaleón respecto a la
dote de la difunta Blanchinetta, madre de Pantaleón e
hija de Domingo Colombo; es esta acta en extremo in-
teresante, porque en ella se hace relación de la dote
prometida en documento público por "Domenico Co-
lumbi, textori pannorum lañe" a su hija Blanchinetta,
(i) Raccolta Colombina, parte II, vol. I, doc. CXI.
(2) Christophe Colom, apéndice, tomo II, pág. 451.
94
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
se declara ''quod ex dictis lacobo et Blanohinetta euis
prima uxore iugalibus et in figura matrimonii habitan-
tibus natus et procreatus fiierit de legiptimo matrimo-
nio Pantaliniis filius legiptimus et naturalis dicti lacobi
ex dicta Blanchinetta et cuius quondam Blanquinette
dictus Pantalinus fuit et est unicus filius et heres in
solidum", que sobre la valoración de los bienes de Do-
mingo, surgió un litigio entre éste y Bavarello, no con-
formándose aquél con la sancionada por el vicario del
podestá, la cual aprobó al fin en 9 de enero de 1489,
llegándose a una transacción en 21 de julio siguiente,
haciéndose constar en el acta notarial ''quod contra dic-
tum extimum per dictum Dominicum tanquam patreni
et legitimum administratorem Qiristophori Bartholomei
et lacobi filiorum ipsius Dominici ac filiorum et here-
dum quondam Suzane eorum matris, olim uxoris dicti
quondam Dominici fuerit ellevata canela et super boc
diti fuerit litigatum per interdictas partes et iam facte
multe et diverse expense", cede la propiedad de la casa
a Bavarello, reservándose el que vuelva a ser suya, si
antes del término de dos años le satisface la suma de
doscientas cincuenta libras en que había sido apreciada.
Aparte de estos conceptos y de que confirma la exis-
tencia de las actas de 21 de julio de 1489 y 31 de marzo
de 1492, la de 26 de octubre de 15 17, de que nos veni-
mos ocupando, tiene también importancia, porque gra-
cias a ella se prueban dos hechos de interés para nuestro
estudio: uno el que en 15 17 se hallaba casado y esta-
blecido en Genova un sobrino carnal de Cristóbal Co-
lombo, hijo de su hermana Blanchinetta; otro el que,
95
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
a consecuencia del litigio sostenido por Bavarello con
Domingo Colombo y sus hijos Cristóbal, Bartolomé y
Diego, fueron éstos desposeídos de la casa que, situada,
según el acta de 31 de marzo de 1492 (i), '4n burgo
Sancti Stephani, in carrubeo plani Arbicrorum, cui
coheret ante carubeus ab uno latere domus lohannis de
Palavania et ab alio latere domus Thome Carboni", que
es la misma que en 18 de enero de 1455 ¡había dado en
enfiteusis a Domingo Colombo el Monasterio de S. Ste-
íano; asi decía el acta '4n burgo Sancti Stephani cuit
coheret ante carubeus ab uno latere domus lohannis de
Palavania ab alio latere, domus Antonü Bondi",-una
de las casas vecinas había cambiado de dueño, pero la
otra continuaba, al cabo de treinta y siete años, perte-
neciendo a Juan de Palavania.
El término de este litigio, por el que los hijos de
Domenico Colombo ven traspasar a extraños la <íasa
que durante treinta y siete años perteneció a sus padres,
y en la que ellos habían pasado su juventud, no podía
dejar lazos de estrecha unión entre Bavarello y su hijo
y los Colombos, máxime cuando había desaparecido el
único que podía tmirlos, que era su hermana Blanchi-
netta.
La tirantez de relaciones de familia que el litigio tuvo
que producir expHca a los que creemos que los tres
(i) Por esta acta el procurador del convento de San Este-
ban concede en enfiteusis la casa de referencia a Jacobo Ba-
varello, transcurridos que fueron los dos años en que Domin-
go Colón pudo, con arreglo a la transacción de 21 de julio
de 1489, recobrar la propiedad mediante el pago de 250 libras.
95
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
hermanos Colombos, de Italia, fueron el Almirante, don
Bartolomé y D. Diego Colón, la omisión que ellos hacen
en los testamentos, de la familia de su hermana, pudien-
do referirse a ella la cláusula del de D. Cristóbal, por
la que dispone que se atendiera al sostenimiento en
Genova de una familia de su linaje, una vez que allí
se encontraba entonces casado y establecido su sobrino
carnal, el hijo de Blanchinetta, Pantolino Bavarello de
Colombo.
La casa del barrio de San Esteban la adquiere Bava-
rello como dote de su mujer, Blanchinetta ; fallecida ésta
corresponde a su hijo Pantalino, el cual se la cede por
el acta de, 26 de octubre de 1517a cambio de dos títulos
de la Banca de San Jorge.
El Sr. La Riega, que en una parte de su trabajo ma-
nifiesta que "lo único que se saca en limpio del estudio
de los documentos notariales es que los italianos de ape-
llido Colombo eran otros Lopes, no eran de los llamados
de Colón con antecesores llamados de Colón (pág. 96) ;
que en otra afirma que no hay necesidad de echar por
tierra toda la historia de Colón, hasta presumir que ese
Cristóbal Colombo, lanero en 1472, y que en otro do-
cumento de 1473 figura con su hermano Juan Pelegrino,
era sin duda persona distinta de la de Cristóbal Colón,
descubridor de América (pág. 88) ; no sabiendo qué ha-
cer con la familia gallega de Colón, la transporta a Por-
tugal, sin decir cuándo, y después, en el período de 1456
a 59, la lleva a Genova, donde le alquila una casa pro-
piedad del convento de San Esteban, en la vía Mulcen-
to, y al cabo de cierto tiempo (no se entretiene en ave-
97
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
riguar fechas) la traslada a Saona ; nada de esto existió
más que en la mente del Sr. La Riega ; lo que los docu-
mentos prueban, como hemos visto, es que el Domingo
de Colombo, que en i8 de enero de 1455 adquirió (no
alquiló) del convento de San Esteban la casa situada en
el barrio de San Esteban, entre la Puerta de San Andrés
y la vía Mulcento, es el Domingo de Colombo, tejedor
de paños, casado con Susana Fontanarubea, hijo de
Juan de Colombo de Moconexi, habitante en Villa Quin-
ti en 1429, y padre de Cristóbal, Bartolomé y Jacobo
de Colombo, y es el mismo Domingo de Colombo que
se traslada más tarde a Saona, donde siempre le encon-
tramos ejerciendo su oficio de tejedor de paños, y figu-
rando en los documentos como hijo de Juan de Colombo
de Moconexi ; no fueron, pues, los Colones gallegos los
habitantes de la casa que fué del convento de San Es-
teban, en la vía Mulcento, en Genova : los Colomhos que
en ella vivieron (y en esto estamos conformes con el
Sr. La Riega, aunque para deducir consecuencias com-
pletamente opuestas) eran otros Lopes, no eran de los
llamados de Colón de Pontevedra, sino los oriundos de
Moconexi".
Volviendo al estudio de los documentos en que apa-
rece Domenico de Colombo, hijo de Juan, o su familia,
y siguiendo el orden cronológico, que hemos tenido ne-
cesidad de alterar por la relación que entre sí guardan
los anteriores, encontramos que en 18 de mayo de 1477
aparece en Genova "Dominicus de Columbo, textor pan-
norum lañe quondam lohannis" otorgando un recibo de
diez y nueve liras ante el notario Francisco Delfino, y
98
ESPAÑA. PATRIA DE COLON
en 2y de ^nero de 1483 apaFece también en Genova
"Dominicus Colombiis quondam lohannis olim textor
pannorum civis lanue" arrendando ante el notario Juan
Bosio a Juan Bautista Villa una i>arte de la casa que
adquirió en 18 de enero de 1455, del Monasterio de San
Esteban. ;
De notar es que en 25 de agosto de 1487 aparece en
Genova, siendo testigo en un acta, extendida por el no-
tario Juan de Benedetti. "lacobo de Columbo, textore
pannorum lañe enjanua, Dominici."
En 23 de agosto de 1490, "Domenicis Columbus,
textor pannorum lañe quondam lohannis", da recibo a
Juan Bautista Villa ante el notario Juan Bautista Pa-
rissola de la cantidad que le debía por el arrendamiento
de la casa sita "lamia in burgo Sancti Stephani in con-
trata porte Sancti Andree".
De nuevo aparece en Genova, el 15 de noviembre
de 1491, Domingo Columbo, "textore pannorum lañe
quondam lohannis", en un acta notarial, siendo testigo
de la venta de unas tierras, y en 30 de septiembre de
1494 ''Dominico de Columbo olim textore pannorum
lañe quondam lohannis", testifica ante el notario Juan
Bautista Parissola, en el testamente otorgado por Cata ■
lina Vernazza.
Este es el último documento que conocemos en que
actúa Domingo de Colombo, hijo de Juan Colombo de
Moconexi y padre de Cristóbal, Bartolomé y Jacobo de
Colombo.
Domingo Colombo de Moconexi tuvo una hermana,
Battistina, y un hermano llamado Antonio, el cual apa-
99
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
rece en Genova el 4 de junio de 1460 colocando de
aprendiz, con Antonio de Plañís, sastre, a un hijo suyo
llamado Juan; el acta extendida por el notario Juan
Valdettaro no deja lugar a duda respecto al parentesco:
''Antonius de Columbo habitator villi Quinti potestade
Bisamnis quondam lohannis" "lohnannetus filius dicti
Antonii de Columbo etatis annorum quatordecim vel
circa*', y figura como testigo ''Dominicus de Columbo
frater dicti Antonii".
En 15 de marzo de 1462, en Genova y ante el notario
Andrés de Cairo, Antonio Leverone, procurador de
"lohannis de Columbo de Moconexi, habitator Pontis
Plicanie dicti loci Font^nebone", da recibo de 50 liras
a Pascuals y Miguel Piaggia, siendo testigos "Domini-
cus de Columbo, textor pannorum lañe quondam lohan-
nis et Benedictus de Columbo frater suprascripti lohan-
nis de Columbo*'. •
Un tercer hijo de "Antoninus de Columbo de Quin-
to", llamado Tomás, '*etates annorum xvi", aparee» en
acta extendida en Genova en 22 de abril de 1471, por
la que el padre lo coloca de aprendiz con Leonardo Va-
razino, tejedor de paños de seda.
En 3 de septiembre de 1471, y según acta extendida
en Genova por el notario Jacobo Rondanina, otro hijo
de Antonio, llamado "Matheus de Columbo de Quinto,
Antonini", se coloca en casa de Tomás de Levagio, "te-
xitori pannorum septe", y, por último, en 7 de febrero
de 1472, en Genova, ante el notario Jacobo Rondanina,
''Antonius de Columbo de Quinti quondam lohannis",
coloca a otro hijo sityo, "Amijjrctus etates annorum xvi
100
ií S i> AÑA, F A T R i A' 'Ú ''B ''''CÓ'L ^'í^
m circa'', como aprendiz en casa de Leonardo. Varazino,
''texitori di panni ne seta''.
Estos son los cinco hijos que aparecen de Antonio de
Colombo, hermano de Domingo.
\fa hemos dicho que con objeto de que las conclusio-
nes que se deduzcan del examen de las actas notariales
no puedan ser impugnadas alegando dudas acerca de la
autenticidad de los documentos, hemos eliminado de
nuestro estudio todos aquellos cuyos originales no pue-
dan ser compulsados; los que en extracto hemos mencio-
nado tienen en buena crítica histórica que causar fe, a
menos que mediante un estudio serio y técnico se pruebe
su falsedad. *
Partiendo de esta base, y como sintesis de lo expuesto,
podemos afirmar que en 1429 aparece ya en Genova un
Juan de Colombo, habitante en Villa Quinti y oriundo
de Moconexi ; que este Juan de Colombo tuvo dos hijos ;
uno llamado Domingo, y otro, Antonio; que el primero'
casó con Susana Fontanarubea, naciendo de este matri-
monio cuatro hijos: Cristóbal, Juan Pelegrino, Barto-
lomé y Jacobo, y una hija llamada Blanchinetta, que
casó con Jacobo Bavarello; Juan Pelegrino murió joven,
y lo mismo Blanchinetta, que dejó un hijo llamado Pan-
taleón.
Hijos de Antonio de Colombo, hermano de Domin¿(D^'
lueron Juan, Benedicto, Tomás, Mateo y Amigesto.
El acto por que tenemos primera noticia de Juan de
Colombo de Moconexi fué el de colocar en Genova,
en 1429, a su hijo Domingo, de once años de edad, como
aprendiz de tejedor de paños; diez años después era ya
101
PRÜDENCrO OTERO SANCHUZ
éste maestro en su oficio, y a partir de esta fecha su
nombre consta en larga serie de actas notariales, ya como
tejedor de paños, ya ejerciendo el comercio en Genova
o Saona, hasta el 30 de septiembre de 1494, fecha del
último documento, en que figura : el enlace que las actas
tienen entre sí, el determinarse en ellas que Domingo era
hijo de Juan y que ejercía el oficio de tejedor de paños,
permite afirmar que el nombre de Domingo de Colombo
que en ellas se menciona se refiere siempre a una misma
persona, y, por tanto, que ni Juan de Colombo, ni su
hijo Domingo, ni sus nietos Cristóbal, Bartolomé y Die-
go, fueron inmigrantes en Italia, al menos en el siglo xv,
sino que procedían de los de Colombo, establecidos en
Moconexi.
Estos hermanos, Cristóbal, Bartolomé y Jacobo, hi-
jos de Domingo de Colombo y nietos de Juan Colombo
de Moconexi, ¿ fueron el descubridor de las Indias occi-
dentales y sus hermanos Bartolomé y Diego? La dife-
rencia de nombre del tercero de los hermanos no es óbice
para aceptarlo, pues Diego es forma española del nom-
bre Jacobo (i).
(i) En demanda presentada en Saona el 8 de abril de 150D
por Sebastián de Cunes, reclamando una cantidad a "Chris-
tophorum et lácobum frates de Columbis filios et heredes
quondam Dominici eorum patris" (RaccoUa, doc. LXXXVIII),
se dice del segundo "et lacobum díctum Díeghum"; este do-
cumento, lo mismo que el otro referente al mismo asunto,
doc. LXXXX, fechado en Saona en 26 de enero de 1501, en
que se hace constar que "dictos Christophorum, Bartholomeum
et lacobum de Columbis, filios et heredes dicti quondam Do-
minici eorum patris, iam diu fore a civitate et posse Saone
162
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
En este estudio nos hemos propuesto atenernos úni-
camente a los datos que arrojan las actas notariales, de-
jando para otros trabajos el examinar las distintas fuen-
tes de conocimiento que atestiguan que fué Genova la
patria del gran navegante, sin que para reconocerla sea
obstáculo la aparente diferencia entre el apellido Co-
lombo y el de Colón ; ateniéndonos a este concepto, ha-
remos notar que en la misma época aparecen en Italia
tres hermanos: Cristóbal, Bartolomé y Jacobo o Diego,
y que estos nombres tienen el Almirante y sus dos her-
manos por el mismo orden de edad unos y otros: el
mayor, Cristóbal; el segundo, Bartolomé, y el tercero,
Jacobo o Diego, siendo de notar que ninguno de los tres
aparece en Italia, cuando consta que su homónima se
hallaba fuera de ella, y que el padre de los hermanos
Colombo de Italia se llamaba Domingo, lo mismo que
el del Almirante (i), circunstancias que ya por sí serían
suficientes para hacer creer que eran unas mismas per-
sonas, si no estuvieran corroboradas por otras de más
valor probatorio.
Expuesto queda que Antonio de Colombo, hermano
de Domingo de Colombo, tuvo cinco hijos, uno de ellos,
absentes ultra Pisas et Nitiam de Proventia et in partibus
Ispanie conmorantes ut notarium fuit et est", fueron publi-
cados por Julio Salinerius en sus Annotationes ad Cornelium
Tacitum, Géova, 1602; pero no habiendo aparecido los origi-
nales, los hemos eliminado de este estudio, en unión de otros
que se encuentran en el mismo caso, por no ofrecernos garan-
tías de autenticidad.
(i) Don Fernando Colón, Gomara y Oviedo afirman que
el padre del Almirante se llamaba Domingo.
103
PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
Juan, que probablemente tendría por segundo nombre
el de Antonio, por ser el de su padre, ya que el primero
era el de su abuelo, los cuales Mateo y Amigesto se re-
unen en Genova el ii de octubre de 149Ó, y ante el no-
tario Juan Bautista Peloso convinieron que Juan viniese
a España en busca de '^Cristophorum de Columbo, ar-
miratum regis Ispanie", siendo costeados los gastos por
los tres hermanos en partes iguales; el objeto del viaje
era reclamar del Almirante el pago de un crédito que
contra él tenían, heredado sin duda de su padre, una
vez que los tres tienen a él igual derecho, y acuerdan
que si dicho Juan " recuperaba aliquam quantitatem pe-
cunie", la cantidad recuperada debía partirla por igual
coa sus hermanos Mateo y Amigesto (i).
La importancia de este documento es extraordinaria^
puesto que identifica al Cristóbal Colón de Italia y el de
España, ''Cristophoro de Columbo, armiratum regis Hís-
pame", le llaman sus primos hermanos, hijos de Antonio
(i) In nomine Domini amen. lohannes de Columbo de
Quinto, Matheus de Columlx> et Amigetus de Columbo frates,
quondam Antonii, scientes et cognoscentes, dictum lohannem
ire debeat Ispaniam ad inveniendum dominum Christoforum
de Columbo, armiratum regis Ispanie, et quascumque expensas
per dictum lohannem fiendas causa inveniendi dictum domi-
num Christoforum ommes tres frates superius nominatos esse
debeat, et esse pro tercia parte et eas expensas partiré debeant,
pro tercia parte ínter eos ocaxione predicta : et si dictus lohan-
nes recuperaba aliquam quantitatem pecunie pro eundo ad
dictum locum Ispanie pro inveniendo dictum dominum Chris-
toforum, dictam quantitatem pecuniarum recuperandam per
ipsum lohannem partiré debeat cum dictis Matheo et Amigheto
104 ' .
ESPAÑA, PATRIA DE C O LO N
de Colombo, hermano de Domingo, padre de Cristóbal,
Bartolomé y Diego ; es de todo punto inverosimil supo-
ner que todo fueron coincidencias, y que el Cristó]?al de
Colón de España, a pesar de todo lo expuesto, no tuviera
relación alguna de parentesco con los de Colombo de
Genova.
¿Se realizó el viaje de Juan de Colombo a España?
La decisión de realizarlo se halla con^robada con el
acta extendida el mismo dia que la anterior y por el
mismo notario, en la que consta que Juan de Colombo
de Quinto, sin duda para el arreglo de sus asuntos du-
rante el tiempo que estuviera ausente, da poderes a su
mujer, a sus hermanos Mateo y Amigesto, y a Agustín
Ferraron.
No existen pruebas de que el viaje se efectuara, pero
sí evidentes indicios de que se llevó a efecto.
Extinguida en 1575 la descendencia masculina de
D. Cristóbal. Colón por muerte de D. Diego Colón y Pra-
via, se promovió íargo pleito acerca de la sucesión en los
per terciam partem et sic restam de acordio. Renunciantes &
que omnia ect sub pena dupli & ratis & et proinde ect.
Actum lanue^ ad bancum mei notarii infrascripti in platea
Ponticelli anno a nativitate Domini millesimo quadringentesi ■
mo nonagésimo sexto, inditione decimaquarta secundum lanno
cursum, die martis, undécima Octobris post nonam, presentib'js
testibus Francisco Lardono scuratore pannorum, quondam
Antonii et Augustino Baiocho laneiro quondam Baptiste ad
premisa.
Archivio Notarile di Stato in Genova, atti del notare Gio-
vanni Battista Peloso, filanza 5.*, núm. 775. (RaccoUa Colom-
biana, parte II, vol. I^ documento LXXXIII.)
105
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
títulos de Duque de Veragua, Marquesado de Jamaica y
Almirantazgo de las Indias (i) ; entre los que se creían
con derecho a ella figuró un Baltasar Colombo de Cu-
caro, que trató de probar su parentesco con el primer
Almirante, por descender éste, según decía, de Lan^a
Colombo, señor de Cucaro, y entre los argumentos que
adujo fué uno de ellos que el Almirante sostenía corres-
pondencia con sus parientes de Italia, y en su justifica-
ción presentó, según consta en el Memorial del pleito (2)
''un inventario de letra antigua, y es simple y sin firma
ninguna, del cual se aprovecha de una partida que dice
una carta: ''De li Colombi para el primer Almirante",
fecha en Genova el año 1496. La coincidencia del año
hace sospechar si la carta sería escrita por el Juan Co-
lombo ; pero como no queda de ella más que esta refe-
rencia, sólo a título de indicio la hacemos «onstar.
El 30 de mayo de 1498 emprendió D. Cristóbal Colón
su tercer viaj» de descubrimiento; llevaba seis navios, y
capitán de uno fué un Juan Antonio Colombo, del que
dice Las Casas que ''era genovés, deudo del Almirante,
hombre muy capaz y pudiente, y de autoridad, y con
quien yo tuve frecuente conversación" (3) ; de todos es
(i) "Memorial del pleito sobre la sucesión en posesión del
Estado y mayorazgo de Veragua, marquesado de Jamaica y
Almirantazgo de las Indias, que fundó D. Cristóbal Colón,
primer descubridor, almirante, virrey y gobernador general
dellas." (Academia de la Historia. Colección Salazar, est. 8.°,
grada 3-*-S-53-)
(2) Fol. 180.
(3) Historia de las Indias, lib. I, cap. (^XXX.
106
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
conocida la justiñcada autoridad que tienen las afirma-
ciones del Padre Las Casas ; podrá dudarse de los re-
latos que allí le hicieran y que, como verídicos, acogió
en su historia ; pero lo que él afirma que vio o conoció
directamente tiene un valor incuestionable, pues siem-
pre que ha sido posible la comprobación se han visto
confirmados sus asertos; por esto tiene excepcional im-
portancia la afirmación de que tuvo frecuente trato con
el Juan Colombo (no Colón, sino Colombo), y que éste
era genovés y deudo del Almirante.
De todos los que han estudiado la historia del descu-
brimiento, es sabido que D. FeVnando Colón escribió
una Historia de la vida y hechos del Almirante, su
padre; que esta historia fué traducida al italiano y pu-
bhcada en Venecia en 1571 por Alfonso Ulloa (i), y
que percfido el original de la obra de D. Fernando sólo
la conocemos por esta edición, que es la que ha servido
para otras tiradas y para las traducciones que se han
hecho en diversos idiomas ; en el cap. LXV, y hablando
de los navios que el Almirante llevaba en su tercer viaje,
dice que el tercer navio lo mandaba im ''Giovanni An-
tonio Colombo, su pariente"; resulta, pues, comprobado
que el Juan Antonio Colombo, genovés, era pariente del
Cristóbal Colón, descubridor de las Indias occidentales.
Juan Antonio Colombo debió regresar a Europa poco
(i) Histüirc—átl Sr. D. Fernando Colombo— nelk quali
sita particolare e vera relatione delta vita e de falta del Anime-
ragli D. Christophoro Colombo, sno padre.
107
FK U D EN C 10 OTE R O SA N C H B Z
después de su arribo a La Española, porque no figura
nunca en los sucesos que en ella ocurrieron después de
la vuelta a España de cinco de los s^is barcos que llevó
el Almirante en su tercer viaje, por lo que es lo más ve-
rosímil que uno de esos cinco barcos fuera el que él
mandaba.
En 1508, según alegó Baltasar de Colombo en el pleito
sobre la sucesión en el Ducado de Veragua, D. Fernando
Colón otorgó un poder a favor de su hermano D. Diego
y de Juan Antonio Colombo (i), y en la declaración he-
cha el 24 de febrero de 15 15 por el Padre Gaspar Go-
rricio, de la última voluntad de D. Diego Colón, se hace
constar que el testador habia mandado que se diesen
"cient Castellanos de oro a Juan Antonio Colón" ; el
Padre Gorricio le llama Colón; pero D. Diego, en la
minuta de su última voluntad, que en los días 19 y 20
hizo escribir al Padre Gorricio, sólo le dictó ''a Juan
Antonio'*, sin nombrar apellido; fué el Padre Gorricio
el que, al dar forma el día 24 a la minuta, transcribiendo
al español el apellido Colombo, le llamó Colón (2).
Este Juan Antonio Colombo, ¿es el mismo Juan Co-
lombo que hemos visto que se proponía en 1496 venir a
España para visitar al Almirante ? No lo podemos afir-
mar, atmque parece probable que así sea, habida cuenta
que, según ya quáJa indicado, el padre de Juan de Co-
(i) Memorial del pleito, fol. 179 V.
(2) Ambos documentos están publicados íntegros en la
Raccolta Colombiana, parte II, vol. I, documentos CIV y CIX.
108
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
lombo se llamaba Antonio, y es muy verosímil que si
éste quiso que su hijo llevara el nombre de Juan, por su
abuelo, le diera el suyo como segundo ; de todas suertes,
sean uno mismo o dos distintos, encontramos compro-
bado por esta relación de parentesco entre los Colombos
de Genova y los Colones de España, que el Almirante y
sus hermanos Bartolomé y Diego eran los hijos del Do-
mingo de Colombp de Moconexi y de la Susana Fonta-
narubea, que figuran en las actas notariales de Italia
(]ue han sido objeto de este estudio.
También en el orden económico encontramos datos
que confirman la identidad que hemos hallado en el de
la familia.
En 28 de marzo de 1479, Domingo de Columbo y su
hijo Cristóbal fueron condenados por sentencia arbitral,
según queda ya expuesto, a satisfacer 35 liras a Jeróni-
mo del Puerto ; este pago no consta que llegara a efec-
tuarse.
El 19 de mayo de 1506, poco antes de morir, otorgó
el Almirante testamento en Valladolid, agregando a él
una relación, escrita de su puño y letra: "de ciertas per-
sonas a quien yo quiero que se den de mis bienes lo con-
tenido en este memorial, sin que se le quite cosa alguna
de ello, Hacele de dar en tal forma que no sepa quién
se las manda dar." Las deudas que por esta nota se man-
dan satisfacer parecen ser anteriores a las capitulacio-
nes de Santa Fe ; la cláusula mandando que se guardase
secreto demuestra el deseo de D. Cristóbal de que no
5C llegara a identificar al aventurero que contrajo las
109
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
deudas con el Virrey y Almirante de las Indias occi-
dentales.
La relación se encabeza diciendo: ** Primeramente a
los herederos de Gerónimo del Puerto, padre de Benito
del Puerto, Chanceller en Genova, veinte ducados o su
valor." Como se ve, se trata del pago de una deuda,
puesto que no se deja como legado a Benito del Puerto,
sino a los herederos de su padre, Jerónimo del Puerto,
que es el mismo a quien Domingo de Colombo y su hijo
Cristóbal quedaron obligados, por la sentencia arbitral
de 28 de marzo de 1470, a satisfacer las 35 liras, canti-
dad igual o aproximada a los 20 ducados.
No sabemos si D. Diego Colón intentó cumplir la vo-
luntad de su padre; probable es que para este y otros
asuntos de familia fuera para lo que tuviese un apode-
rado en Saona, pues respecto de la existencia de éste
no deja lugar a duda el acta levantada en Saona el 30
de marzo de 15 15 por el notario Simón Capello y en la
que consta que León Pacaldo, procurador del magnífi-
co señor "Didaci Collón" delega el poder que éste tenía
en Antonio Romanan ; pero tuviera el procurador el en-
cargo del cumplimiento de estas obligaciones o de otras,
lo cierto es que no llegó a satisfacerse ninguna de las
contenidas en la relación del Almirante, pues ésta la in-
cluyó íntegra D. Diego Colón en el testamento que otor-
gó en Santo Domingo el 8 de septiembre de 1523, di-
ciendo al final de ella: ''el qual dicho memorial quiero
que se cumpla e pague como en él se contiene, por ma-
nera que su anima (la del i.*"^ Almirante) y la mia salgan
de cargo."
110
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
No creemos necesario insistir en la importancia *de
estos documentos, que a nuestro juicio confirman cuan-
to hemos expuesto acerca de que el Almirante y sus
hermanos fueron hijos del Domingo de Colombo y Su-
sana Fontanarubea, y nietos de Juan de Colombo de
Moconexi. — ^Angel de Altolaguirre y JDuvale."
VI
PLEITO ACADÉMICO
Creo que cualquiera en mi lugar se hubiera dirigido
a la Prensa, que es tribuna pública,' protestando de este
proceder ; pero como mis años han aplacado los Ímpetus
juveniles, me pareció más oportuno dirigirme al señor
Altolaguirre con la siguiente carta:
I
"Abril 2 de 1918.
Excmo. Sr. D. Ángel Altolaguirre.
Madrid.
De toda mi consideración:
En el Diario de Pontevedra de fecha 14 Qei corrien-
te, que me permito acompañar, se ha publicado un co-
municado del Sr. D. Casto Sampedro, socio correspon-
diente de esa Real Academia, por el cual me he entera-
do que el finado Sr. Oviedo Arce había presentado a la
Ral Academia Gallega, y publicado en su último Bole-
tín, lyi informe referente a la tesis proclamada por el
113 8
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
también finado Celso Garcia de la Riega en su obra
Colón, español, y que usted, como presidente de la Co-
misión nombrada por la docta Corporación a que per-
tenece para venir a esta capital a informar sobre el
mismo asunto, habia publicado en el Boletin de esa Real
Academia un articulo proclamando la patria genovesa
üel gran Almirante.
II
Al aparecer simultáneamente en las dos últimas re-
vistas de la Academia de la Historia y de la Academia
Gallega esos trabajos, debo suponer que, aunque muy
diferente el uno del otro, tienden a un mismo fin, cual
es el dar por muerta la tesis de Garcia de la Riega,
continuada hoy por mis modestos trabajos, y como un
anticipo al juicio que la Comisión de que usted es pre-
sidente, había de emitir sobre asunto de tal magnitud.
III
Como por regla general estas revistas sólo las reci-
ben y las leen los consagrados como académicos, me hu-
biese quedado sin conocer lo que al asunto de Colón,
español, se refiere, si el Sr. Sampedro no hubiese tenido
la ocurrencia de hacérmelo saber por el comunicado
que menciono en el párrafo I, y aun así y todo he debi-
do aguardar hasta hoy, que pude proporcionármelas,
para enterarme detalladamente de ellas.
114
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
IV
Debo confesar ingenuamenete que no me animo a
contestar al informe del Sr. Oviedo Arce, porque no
acostumbro a controvertir con nadie agrediendo e in-
sultando, ni soy capaz de poner en práctica aquel pro-
verbio español que dice *'a moro muerto gran lanzada'' ;
no lo seguiré por esa senda, y me parece mucho más hon-
roso dejarlo en paz en su tumba, limitándome a decir
que su obra postuma no es una obra mala, sino una
mala obra; y que deben contestarla los deudos de Gar-
cía de la Riega, para vindicar la honra y el buen nombre
de éste, que les pertenecen.
Debo confesar también que no me ha parecido propio
que usted, después de haber aceptado y ofrecido venir
a esta capital presidiendo la Comisión "que tiene que
informar a la Academia de la Historia sobre el recono-
cimiento y examen de documentos y apreciar, además
de su autenticidad, el verdadero valor testifical de todos
los antecedentes que se les consulte y estudien, para
dar testimonio y fe de los unos e informe crítico y cien-
tífico (a la Real Academia) de su importancia demos-
trativa, con el propósito de llegar a la solución por to-
dos tan deseada y de punto tan trascendental en la
115
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
Historia", como así decía el sabio Padre Fita, en su
comunicación del i6 de julio de 191 7, al presidente de
la Asamblea magna Pro-Patria Colón y presidente de
la Diputación provincial, no me. ha parecido propio, re-
pito, que se haya lanzado usted de antemano a emitir su
juicio antes de cumplir su cometido con los demás aca-
démicos que integran la Comisión.
VI
Pero así como no quiero contestar al trabajo del fina-
do Sr. Oviedo Arce por las razones que dejo expuestas
en el párrafo IV, tengo que manifestar también que
sería una verdadera falta dejar pasar en silencio el jui-
cio crítico que le merece a usted la obra de' Colón, espa-
ñol, de García de la Riega, pues ese juicio es emitido
con delicadeza, con finura, con altura de miras, con co-
nocimiento perfecto de lo que se relaciona con la ge-
nealogía italiana de Cristóbal Colombo, y que desde el
principio hasta el fin revela al sabio, al hombre que
sin pasiones pesa el pro y el contra de toda controver-
sia, aquilatando hasta en sus mínimos detalles todo aque-
llo que debe aprovechar para sostener su tesis, sin herir
el amor propio, la sabiduría ni la delicadeza del que de-
fiende la tesis contraria.
Así, pues, con verdadero deleite he leído su traba-
jo, y me es agradable confesar que lo he hallado tan
acabado que, parodiando a nuestro inmortal poeta, ter-
116
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
miné diciendo: ''como obra de sabio, al fin obra
maestra".
Bien recuerdo aquel otro proverebio que dice: "Si
el sabio censura, malo; si el necio aplaude, peor"; pefo
usted me perdonará si me atrevo a decir que no estoy
en ninguno de los dos casos ; soy un hombre que emite
sus opiniones de buena fe y sin modestia, porque es una
forma de la hipocresía, y me conceptúo capacitado para
discurrir con lógica y demostrar que Cristóbal Colón
es español, con mayor suma de indicios que los que han
preparado y adobado en Italia para probar que es de
Genova.
. Y en este momento se me ocurre hacer la misma ob-
servación que el Almirante hacía a los Reyes Católicos
en una de sus cartas: "Pudiera ser que V. A. y todos
los otros que me conocen y a quien esta escritura fue-
se mostrada, que en secreto o públicamente me repren-
henderan de reprehensiones de diversas maneras, de
non doto en letras, de lego, de marinero, de hombre
mundanal, etc. Respondo aquello que dijo San Mateo:
"Señor que quisistes tener secreto tantas cosas a los
"sabios y revelástelas a los inocentes." Digo que el
Espíritu Santo obra en cristianos, judíos y moros y
en todos otros de toda secta, y no solamente en los sa-
bios, mas én los ignorantes, que en mi tiempo yo he
visto aldeano que da cuenta del cielo y estrellas y del
curso de ellas mejor que otros que ya gastaron dinero
en ello."
Así sucedió al Almirante, que después de discutir con
todos los sabios de aquella época en Portugal y en Es-
117
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
paña, sin que ninguno le comprendiera, y cuando ya se
disponía a marchar a Francia para ofrecer el descubri-
miento del Nuevo Mundo, basando su argumentación,
más que en la ciencia, en las ideas de un iluminado que
bullían en su cerebro, pudo conseguir que aquella Rei-
na Católica viese con los ojos del espíritu lo que los
hombres de ciencia no pudieron ni supieron ver.
Ojalá sea yo el que tenga la dicha de inculcar en los
cerebros de los hombres consagrados a la Historia toda
la labor que aquel grande hombre hubo de hacer para
ocultar hasta la tumba el secreto de su nacimiento, di-
ciéndose siempre extranjero.
VII
El árbol genealógico de Cristóbal Colombo arreglado
en Italia, en cuyas doctrinas usted se apoya, no es ni
puede ser el del almirante Cristóbal Colón.
Usted mismo nos aporta la prueba al decir que "Su
abuelo, Juan Colombo, tuvo dos hijos: Domingo y An-
tonio, que se apellidaban Colombo, siendo el primero
de esos hijos el. padre que en la genealogía le dan a
Cristóbal ; y el primer documento de prueba que usted
aporta es el acta notarial de 27 de febrero de 1429, en
que Juan (abuelo que le dan al Almirante) concede li-
cencia a su hijo Domingo (padre del Almirante) para
que entre de aprendiz de lanero antes de los once años
de edad. Todos los historiadores de alguna seriedad es-
tán conformes en que el Almirante tenía más de seten-
118
ESPAÑA, PATRIA DE C O L O IN
ta años cuando falleció en 1506 y, por lo tanto, debió
de nacer antes de 1436 (yo creo que bastante antes, y
lo demostraré cuando llegue el caso, hasta fisiológica-
mente). Ahora bien ; si nació en 1434 ó 1435, es indis-
cutible que Domingo Colombo se casó con Susana Fon-
terosa cuando más en 1433 ; es decir, cuatro años des-
pués de entrar de^aprendiz de lanero y, por lo tanto,
entre los trece y los quince años. ¿Y cree el Sr. Alto-
laguirre y los demás señores académicos en tal preco-
cidad genésica ? ¿ Cree también que en aquellos tiempos
y aun en los actuales un pobre obrero dejara casar a
su hijo a esa edad? No es entonces ni puede ser el des-
cubridor de las Indias occidentales el Cristóbal Colom-
bo a que se refiere esa genealogía colombiana.
Por otro lado, ¿ cómo hemos de aceptar que la genea-
logía de los Colombo se convierta en la de Colón? ¿Es
posible que un hombre que hace una institución mayo-
razga de una importancia tal como no habría otra en
el mundo si se cumpliesen religiosamente sus estipula-
ciones, fuese a mentir respecto a su verdadero linaje
llamándose Colón y no Colombo? ¿Quién está autori-
zado para variar su apellido? ¿Basta sólo decir, como
Antonio Herrera, que por más fácil o cómoda pronun-
ciación se le llamó Colón? <j Acaso, como opinan otros
historiadores, castellanizó su apellido?
Me parece hasta inocente (por no decir ridículo) el
sniponer ambas cosas.
Tan fácil es decir Colón como Colombo, y si caste-
llanizase su linaje, se llamaría Cristóbal Palomo, que es
la significación de Colombo.
lid
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
Yo necesito ''que se busque en cualquier cabo del
Mundo (como dejó estipulado repetidamente en su ins-
titución mayorazga, único documento que hace fe en
España) aquel que lleve y hayan llevado sus antepasa-
dos el apellido de mi linaje verdadero de los de Colón".
Si se encuentran en aquella época en Genova, Italia
tendrá la gloria de ser la cuna de Colón; pero si allí
no existían y sí en España, ¿por qué hemos de dejar
arrebatarnos esa gloria?
VIII
Bien comprendo que formar en la actualidad un ár-
bol genealógico en España de Cristóbal Colón es, por
no decir imposible, difícil, pues si en Genova se ha tar-
dado más de un siglo para arreglarlo solamente desde
su abuelo, cuando no debió dejarse pasar un año sin
que lo hiciesen sus hermanos Bartolomé y Diego, ¿qué
no sucederá hoy que han transcurrido más de cuatro si-
glos? Pero si no podemos hacer un árbol genealógico,
podemos muy bien asegurar que fué español, y en es-
pañol debemos pensar y no en italiano, pues nosotros
(los que piensan como yo) tenemos hechos del Almiran-
te que forman una prueba plena de que fué aquí su
cuna.
Muchos de los documentos italianos han sido rear-
güidos de falsos, y el mismo lujo de detalles que en
ellos se han estampado y que usted tan minuciosamente
enumera, son más bien prueba de que fueron arregla-
dos a posteriori, que no fehacientes.
120
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
IX
Debo suponer que al publicar usted su trabajo en la
revista oficial de esa Real Academia, ha sido con la
conformidad de sus compañeros de Comisión y, por lo
tanto, han establecido ustedes un prejuicio anticipando
su opinión antes de cumplir su cometido, y me hace
creer que, siendo ustedes personas serias, han querido
inhibirse por medio de este procedimiento (que con to-
dos los respetos debidos califico de impropio) de venir
a esta capital para emitir un informe respecto a los da-
tos que se presentasen y consultas que se le hiciesen,
como ha sido acordado por esa docta Corporación.
Pero he aquí que no encuentro en ese trabajo más que
la genealogía que todos conocíamos desde niños (aunque
no con la copia de detalles con que usted nos la pre-
senta), de Cristóbal Colón, y que como toda la contro-
versia que se había establecido en aquella época era
referente a los distintos puntos de la República de Ge-
nova en que se quería declarar su cuna, no tenía enton-
ces España mayor interés en que fuese de Genova o de
Ancona, como ha querido demostrarse en un folleto pu-
blicado hace pocos años por el actual presidente de la
Academia, excelentísimo señor marqués de Laurencín;
pero hoy que tenemos tales indicios que dan una fuerza
de plena prueba, que creo es irrefutable, procediendo
con buena fe y dejando a un lado completamente los
prejuicios que la Historia nos ha enseñado, no es posi-
121
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
ble que la Real Academia de la Historia deje de enviar
la Comisión ofrecida, y que tanto yo como todos los se-
ñores que forman la Comisión Pro-Patria Colón no
recusamos, y, por el contrario, deseamos conferenciar
con ella para que informe respecto a las consultas que
se le tienen hechas y demás que se hagan después de
aquilatarlo todo. Y aun pedimos más: y es que a esa
Comisión sé agreguen uno o dos miembros de la Socie-
dad Geográfica para que dictaminen sobre puntos que
consideramos esenciales en nuestra tesis.
X
Bien, pues, Sr. Altolaguirre. El objeto de esta carta
que me tomo la libertad de dirigirle y que ya va resul-
tando más extensa de lo que me imaginaba, es rogarle
que a pesar del prejuicio que establece su trabajo, no
por eso deje de venir a ésta la Comisión nonlbrada, pues
es tan grande la convicción que tenemos de que el Al-
mirante no ha podido ser genovés y sí español, que es-
tamos seguros de que han de contribuir ustedes, pen-
sando en español y no en italiano, a que se rectifique la
Historia, recabando para nuestra patria la gloria de
haber sido la cuna de Colón.
Y creemos que tiene que hacerse esa rectificación si
nosotros demostramos: 'i^') <- / n^ •
i.° Que Cristóbal Colón no es Colombo.
2.** Que en Genova no existía en aquella época nin-
gún Colón.
122
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
3.* Que no es posible que Cristóbal Colón fuese hijo
de Domingo Colombo.
4.° Que el hombre que ha dicho *'que tanto él como
sus antepasados fueron hombres de mar", no puede
haber sido aprendiz de cardador de lana ni lanero, ni
tampoco su padre ni su abuelo.
5.** Que Cristóbal Colón apareció en la Rábida ha-
blando español.
6.° Que los caracteres gráficos de la letra de Cris-
tóbal Colón han sido siempre pura y netamente espa-
ñoles, y que difieren de la letra italiana de su época.
7.° Que no es posible que un italiano haya bautiza-
do con nombres españoles las tierras que descubría, sin
dar a ninguna nombre que recordase a Genova u otra
capital de Italia.
8." Que no se concibe que siendo italiano precin-
diese de la indicación que le hacían de que nombrara
"La Castellana" a una isla y le pusiese "La Española",
y a otra "La Gallega".
9.° Que además de utilizar nombres de todas las
cofradías de Pontevedra, llevó su cariño a la tie-
rra que le vio nacer empleando los del principio y fin
de nuestra ría, y que seguramente no se encuentran
juntos en ninguna ría del mundo.
lo.' Que Bartolomé Colón, hermano del Almiran-
te, estuvo en Galicia el año del fallecimiento de éste,
sin duda a cumplimentar enaargos reservados de aquél,
sin tener otra causa justificada para hacer este viaje.
ii.° Que existe la tradición en Porto Santo de que
allí nació el que descubrió las Américas, y cuya demos-
123
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
tración es una parte de los importantes trabajos que
presentará a esa Real Academia el socio correspondien-
te de la misma Sr. Fernández Gil; y en fin, otra mul-
titud de indicios que seria prolijo enumerar, pero que
forman una plena prueba. Si después de aquilatarlos
todos, se persiste en sostener la patria genovesa de Cris-
tóbal Colón, será porque se haya encontrado forma de
desvirtuar nuestras demostraciones, convenciéndonos
del error en que nos hallamos.
Esperando de su caballerosidad se digne honrarme
con una breve contestación, manifestándome si la pu-
blicación de su trabajo en la Revista de la Academia de
la Historia implica el desistimiento o no de venir la
Comisión nombrada a esta capital, aprovecho esta opor-
tunidad para ofrecer a usted las seguridades de mi con-
sideración más distinguida, a la vez que me suscribo
de usted aftmo. s. s., q. b. s. m., (Firmado.) Prudencio
Otero Sánchez."
Pocos días después de recibida mi carta anterior por
el Sr. Altolaguirre, recibí una de mi distinguido amigo
el vSr. D. Luis Tur y Paláu, miembro de la Sociedad
Geográfica Española, en la que me comunicaba que su
amigo el Sr. Altolaguirre le había leído dos párrafos
de ella, por los cuales se encontraba molestado ; y, por
las referencias que me hacía, deduje que debían ser
el V y IX. Declaro que no encuentro en ellos nada que
sea molesto y no sea verdad ; pero que mi ánimo no ha
sido el desazonarle, sino por el contrario, deseaba bus-
car una fórmula para alcanzar mi propósito, que era
124
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
el de que viniera la misma Comisión nombrada por la
Academia. De todas suertes, me pareció correcto escri-
bir al Sr. Altolaguirre manifestándole que si en mi car-
ta del 2 de abril encontraba algún párrafo, concepto o
frase que le molestase, que lo suprimiese, y rogué al se-
ñor Tur, en carta que le dirigí, diese en mi nombre al
Sr. Altolaguirre la satisfacción más cumplida que le
exigiese.
En virtud de este proceder, que conceptué correcto,
tuve el gusto de recibir la siguiente contestación de este
señor :
"Madrid, 26 de abril de 1918.
Sr. D. Prudencio Otero.
Muy señor mío y de toda mi consideración : La cir-
cunstancia de haber estado en Córdoba nuestro común
amigo D. Luis Tur, ha hecho que hasta ayer no haya
podido entregarme su atenta del día 13, que desvanece
por completo la pequeña molestia, debida tal vez a un
exceso de suspicacia mía, que algunos párrafos de la
suya del día 2 me ocasionó ; dejado a un lado este in-
cidente sin importancia, paso a contestar algunos extre-
mos de su carta, sintiendo que mis muchas ocupa-
ciones no me permitan hacerlo con la extensión que me-
recen. ' : '
Por la Memoria del secretario de la Academia, que
le remito por correo, podrá usted apreciar que desde
el 4 de enero he dejado de pertenecer a la Comisión que
ha de dictaminar sobre el asunto de Colón, y la razón
es sencilla: cuando se acordó que la Comisión fuera a
125
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Pontevedra, se consultó a varios académicos que no
aceptaban por razones muy atendibles. Los nombrados,
a pesar de nuestro buen deseo, no pudimos realizar el
viaje; el Sr. Ureña estaba tomando las aguas en Medi-
na ; Bonilla, en Asturias ; Paz, en Madrid, y yo, en Rei-
nosa. Nos habiamos dado cita en Pontevedra en dia de-
terminado, cuando estalló la huelga y sucesos de Ma-
drid que me obligaron, por mi empleo militar, a regre-
sar precipitadamente a la Corte; como las regiones as-
turiana y gallega fueron las últimas en sosegarse, y yo
no podía ausentarme de Madrid sin exponerme a tener
que regresar el día menos pensado, dejando incompleta
la Comisión que presidía, tuvimos que aplazar el viaje,
y cuando se reunió la Academia, acordó, como dice la
Memoria, proponer a la Diputación las soluciones que
se indican. Como se ha enviado copia de los documen-
tos y el problema ha quedado reducido a informar acer-
ca de su autenticidad (contamos aquí con persona de
tanta autoridad como paleógrafo, como el Sr. Vignáu,
director que ha sido del Archivo Histórico Nacional),
propuse, y la Academia acordó, que la Comisión que de-
bía nombrarse (cesando la anterior) la presidiese el se-
ñor Vignáu, y de ella formase parte el Sr. Menéndez
Pidal, cuya competencia es notoria; quedé, por tanto,
desligado de toda participación en el informe, y esto me
permitió escribir el trabajo que usted conoce, que leí
en la Academia, haciendo yo constar, cuando se acordó
que se imprimiera en el Boletín, y así figura en acta,
que recabaría para mí toda la responsabilidad de mis
juicios, pues la Academia no podía hacerse solidaria
126
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
de ellos por tratarse de un tema que era objeto de de-
bates y sobre el que tal vez tuviera que dictaminar más
adelante, aunque de presente sólo se trata de iníormar
acerca de la autenticidad de los documentos.
Entrando en materia, aunque muy brevemente, diré
que a todos satisfaría en extremo que se probase que
Colón fué español ; hoy, la gloria del descubrimiento te-
nemos que compartirla con Italia; si hubiera nacido en
Pontevedra, toda seria nuestra; pero, desgraciadamen-
te, no sólo no veo fundamentos en que apoyarlo, sino
que temo que mientras más se hable del asunto y más
se vulgaricen los argumentos de Ga-rcia de la Riega,
mayor va a ser el ridiculo en que el nombre español va
a quedar. I ,
Creo fundadamente que el Sr. Garcia de la Riega,
con sus aparatosas elucubraciones, les ha sugestionado
a ustedes, y que exaltados por un loable sentimiento pa-
triótico no conservan la serenidad de juiciá) para juzgar
con imparcialidad el valor de los argumentos aducidos
en pro y en contra de la teoría del Sr. Garcia de la Rie-
ga, y prueba de ello es la insistencia de ustedes en re-
cusar por falsas las actas italianas; creo que, como us-
ted dice muy bien, no aparece en mi trabajo más que
la genealogía que todos conocíamos desde niños, y cier-
tamente que dándola por todos conocida yo no me hu-
biera ocupado de ella si no me hubiera encontrado con
que persona tan docta como el Sr. García de la Riega
demuestra de ella tal ignorancia y tergiversa de tal modo
lo que los documentos dicen que, como yo expongo en
mi artículo, si no fuera por el respeto que su memoria
127
PRUDENCIO OTERO SANCHUZ
me merece, habría de juzgarlo con gran severidad, pues
hay hechos en que no puede alegarse ignorancia ni dis-
crepancia de criterios.
He eliminado de mi trabajo todas aquellas actas cuyo
origen pudiera hacer dudosa su autenticidad. De los
que yo tomo por base, nadie ha dudado: todos tienen
la cita del protocolo donde el original se conserva; no
cabe reputarlos por falsos sin demostrar que lo son.
¿ Qué diría usted si yo, sin estudio previo, sin más an-
tecedentes que el parecer más o menos acertado de al-
gunos críticos, rechazara el ocuparme de las actas de
Pontevedra sólo porque se dice que están enmendadas?
Considera usted que el lujo de detalles que en las
actas se ha estampado son prueba de que fueron arre-
gladas a posteriori. Su observación tendría fundamento
si esos detalles apareciesen sólo en las actas de los Co-
lones; pero como constan en todas las de la época, le-
jos de ser motivo de duda, lo es de autenticidad.
El lujo de detalles, como usted le llama, es precisa-
mente lo que yo considero más importante de mi tra-
bajo, porque merced a él se demuestra de un modo que
no ofrece lugar a duda la autenticidad de las personas
y la relación de los hechos ; ligan de tal manera los su-
cesos, que impiden injertar, como pretendía el Sr. La
Riega, la supuesta familia de Colón pontevedrés con los
Colombos habitantes de la vía Mulcento, y guardan en-
tre sí tal relación los hechos que en las actas figuran,
que las unas dan valor de autenticidad a las otras, y
como se encuentran en Genova unas, en Saona otras, y
en tan diversas notarías y tomos de protocolos, forman
128
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
un block que constituye una prueba plena de su auten-
ticidad, salvo, como es natural, que un estudio técnico
demuestre lo contrario.
Otros temas aduce en comprobación de su teoría;
es imposible discutirlos por carta, y ya ésta va siendo
demasiado extensa, y ni yo puedo disponer de más
tiempo ni tengo derecho a abusar de su paciencia.
Se ofrece de usted atto., s. s., q. s. m. b.,
Ángel de Altolaguirre."
Esta carta fué contestada por mí en los siguientes
términos :
* "Mayo 4 de 1918.
Excmo. Sr. D. Ángel Altolaguirre Duval.
Madrid.
Muy señor mío y de toda mi consideración: Su muy
atenta del 26 de abril próximo pasado ha sido en mi
poder a su debido tiempo ; pero no así la Memoria anual
de la Real Academia de la Historia, de 15 del citado
mes, que la recibí el i." del actual.
Quedo muy reconocido a su atención al contestar mi
carta del 2, y mucho más de que le haya satisfecho la
cumplida satisfacción que tuve el gusto de ofrecerle en
la mía del 13 respecto a la pequeña molestia que le pro-
dujeron algunos párrafos de la primera, que desde lue-
go puede dar por suprimidos.
Pero he aquí que al enterarme de lo que expresa la
Memoria que usted ha tenido la bondad de enviarme,
129
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
encuentro en sus páginas 17 y 18, respecto al asunto
Colón, que el Sr. Pérez Guzmán, o la Real Academia,
o usted mismo, han sufrido un error al interpretar la
comunicación que con fecha 22 de diciembre del año
último dirigió , a esa docta Corporación el Presi-
dente de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, D. An-
tonio Pazos, contestando a la que le había sido envia-
da el 20 de octubre del mismo año.
En ésta, la dirección de esa Real Academia le co-
municaba que en vista de las dificultades que había te-
nido para poder venir a esta capital la Comisión nom-
brada, a consecuencia de la huelga ferroviaria, había
acordado proponer una de las tres soluciones siguien-
tes: ''1.° El aplazamiento de la venida de la Comisión
hasta alcanzar ocasión propicia para que llevase a cabo
la misión que se le había encomendado. 2.° La remisión
a Madrid, con las seguridades y garantías necesarias,
de los documentos originales, para su debida inspección
y examen. Y 3.° Renunciar a un encargo que no había
medio de desempeñar."
Como es natural, la Comisión Pro-Patria Colón, des-
pués de examinar estas tres proposiciones, y aun sin-
tiendo la demora, contestó la primera en términos que,
en mi concepto, no admiten duda, y son los siguientes :
"Aceptar la primera de las soluciones propuestas
por esa Real Academia, rogando a V. E. haga presente
a la Comisión elegida de su seno el vehemente deseo
que esta Comisión tiene de que no pase el año próximo
de 19 1 8 sin que se realice el viaje suspendido."
Me parece que está bastante clara la decisión de esta
130
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Comisión; pero una vez que ha habido error de inter-
pretación, deseamos que esa Real Academia reforme el
acuerdo tomado a petición de usted, a cuyo efecto se
le dirige la comunicación que en copia me permito acom-
pañarle, esperando de su caballerosidad la apoye, y si
usted, por cualquier circunstancia especial, no quisiera
o no pudiera venir presidiéndola, como sería nuestro
deseo, no por eso deben dejar de venir aquellos señores
que habían sido designados por el inolvidable sabio Pa-
dre Fita. .
Hay que advertir que esta Comisión Pro- Patria Co-
lón no conoce a ninguno de los señores designados, y
yo, no solamente no tengo el honor de conocer a ningu-
no, pero ni siquiera a ninguno de los señores que for-
man esa Real Academia.
No me atrevo a contestar en extenso su muy aprecia-
ble del 26 próximo pasado por temor a molestarle, y
me concreto solamente a rogarle encarecidamente apoye
nuestra pretensión, ya que usted debe reconocer que en
realidad de verdad, el acuerdo tomado por la Real Aca-
demia no responde, ni a lo que ella misma propuso en
su comunicación del 20 de octubre, ni a los deseos del
Padre Fita, ni a los de esta Comisión, que tiene una fe
ciega en que del profundo estudio de crítica histórica
que tiene que hacer en este asunto la Comisión de la
Real Academia, ha de resultar, obrando como espera-
mos, sin prejuicios, que estamos en lo cierto, esto es,
que el gran almirante Cristóbal Colón, y no Colombo,
fué español.
¿Qué |riunfo no será para España si conseguimos
131
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
salvar el error histórico que hasta hoy se viene come-
tiendo? Es preciso, necesario, indispensable, que la Co-
misión de la Real Academia venga a esta capital, pues
no se necesita ninguno de los documentos presentados
por La Riega para acreditar que Cristóbal Colón fué
español; dejemos que duerma el sueño eterno sin pe-
netrar en el santuario de su conciencia en averiguación
de si fué él quien alteró los documentos o si fué algún
otro, pues yo deseo que se termine este asunto sin que
haya escándalo, evitado 'hasta hoy con mi prudencia y
serenidad, y con el aplomo que me dan mis años y la
rectitud de mis procedimientos. Si tengo la dicha de
que venga usted presidiendo la Comisión, es posible que
me anime a descorrer ante sus ojos el velo que ha obs-
curecido este asunto.
Aprovecho esta nueva oportunidad para reiterarme
de usted con mi más distinguida consideración como su
más atto. s. s., q. e. s. m.,
I (Firmado.) Prudencio Otero Sánchez."
Antes ¡de recibir contestación del Sr. Altolaguirre a
mi carta anterior, nos sorprendió la siguiente comuni-
cac^'ón de la Real Academia: ,
"En la sesión de la Academia del 14 del mes corriente
el académico de número Sr. Menéndez Pidal dio lectura,
en nombre de la Comisión -que ha estudiado las copias
fotográficas de los documentos remitidos por V. S., re-
lativos a la cuestión promovida sobre la patria de Colón,
del informe siguiente: ,
132
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Interesada esta Eeal Academia de la Historia por
la Diputación provincial de Pontevedra en el estudio
de los documentos que se aducen para probar la pa-
tria gallega del almirante Cristóbal Colón, el señor di-
rector de nuestro Real Instituto nombró en i.* de
agosto de 1917 una Comisión, compuesta por los aca-
démicos Sres. Al¿olaguirre, Ureña y Bonilla San Mar-
tín y del correspondiente D. Julián Paz, la cual había
de trasladarse a Pontevedra para el examen y apre-
ciación de los citados documentos. Mas como, por
causas bien conocidas, esa Comisión no pudo realizar
el proyectado viaje, la Academia, en 20 de octubre,
propuso a la Diputación tres soluciones posibles : i .*, el
aplazamiento, , sin término, del asunto hasta que la
Comisión hallase oportunidad de realizar su viaje;
2.", el envío a Madrid de los documentos en cuestión
"con las seguridades y garantías necesarias", a fin de
.proceder aquí a su examen, y 3.', la renuncia por par-
te de la Academia de la misión que sobre sí había to-
mado. I '
La contestación a esta comunicación no se dio hasta
el 22 de diciembre, en que D. Antonio Pazos, como
presidente de la Diputación y a la vez como presidente
de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, contestó acep-
tando el aplazamiento y enviando varias fotografías y
otros antecedentes ip&ra que la Comisión los examinase
mientras llegaba el tiempo de poder realizar su viaje a
Pontevedra.
Mientras esta respuesta se hacía esperar llegó a ser
totalmente imposible el viaje de la Comisión nombrada
133
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
en agosto, por ineludibles ocupaciones que retienen en
Madrid a sus individuos.
Entonces el director de la Academia, confiando en el
envió de los documentos mismos, como medio más fácil
y expedito de proceder a su estudio, habia designado
una nueva Comisión, compuesta de los Sres. Vignáu,
Ureña y Menéndez Pidal, para el examen paleográfico
de las cuestiones que esos documentos suscitan.
Pero en vez de los documentos originales, la Asam-
blea Pro-Patria Colón envió, como queda dicho, tan
sólo las fotografías.
Entonces la nueva Comisión quiso conformarse a es-
tas desfavorables circunstancias, y cada uno de sus in-
dividuos fué estudiando por separado las copias foto-
gráficas remitidas, reuniéndose después para tratar de
los resultados obtenidos. En estas reuniones se discu-
tieron varios puntos históricos, mas por último se llegó
a limitar el campo de acción al terreno paleográfico, con-
viniéndose en dos conclusiones : Primera, el nombre de
Colón se lee, al parecer, de un modo indudable en va-
rios de los documentos enviados en copia fotográfica,
demostrando que este nombre de familia era usual en
Pontevedra en los siglos xv y xvi ; segunda, en otros
casos, quizá los más interesantes por la fecha o por el
nombre previsto de ese apellido familiar, la denomina-
ción de persona presenta en las fonografías señales de
raspadura, retoque, mancha o escritura posterior a la
del resto del documento, y lo mismo sucede, acaso en
mayor grado, con los nombres que llevan el patronímico
FONTEROSA.
134
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
\ Los esfuerzos realizados para formar un juicio acer-
ca de estos casos dudosos fueron inútiles. El examen
¿e la autenticidad de esos nombres exigiría una compli-
cada apreciación, no sólo respecto a la forma de la le-
tra que la fotografía reproduce, sino respecto al estado
del papel, a la clase de tinta y a la composición de las
manchas que ofuscan dichos nombres, circunstancias
todas imposibles de apreciar en una fotografía.
Por lo tanto, la Comisión, a pesar de su buen deseo
de cumpilir de modo satisfactorio su cometido, tiene que
abandonar su idea de dar su dictamen, mientras la
Asamblea Pro-Patria Colón no se decida a enviar los
documentos originales para su estudio directo, toda vez
que los académicos que suscriben no pueden pensar en
hacer un viaje a Pontevedra, que siempre sería para
ellos del más alto interés, pero al cual tienen que renun-
ciar en absoluto por causas muy diversas e imperiosas."
Aprobado dicho informe por la Academia, acordó
ésta que por la Secretaría de mi cargo se pidiese a V. S.
la remisión de los documentos originales con cuantas
garantías de seguridad sean necesarias, pues la Acade-
mia en asunto de tan gran importancia desea examinar-
los en pleno ; lo que tengo el honor de comunicarle, cum-
pliendo dicho acuerdo, para los efectos oportunos.
Dios guarde a V. S. muchos años. Madrid, 31 de
mayo de 1918.
El Secretario accidental,
Juan Pérez de Guzmán Gallo.
Señor presidente de la Comisión Pro-Patria Colón,
Diputación provincial , de Pontevedra."
135
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Después de recibida la anterior comunicación, fué en
mi poder la atenta carta dd Sr. Altolaguirre que trans-
cribo a continuación:
"Madrid, 5 de junio de 1918.
Sr. D. Prudencio Otero.
Distinguido amigo: La Comisión encargada por la
Academia de^ dictaminar acerca del valor de los docu-
mentos relativos a Colón expuso que no podía informar
en definitiva sin tener a la vista los documentos origi-
nales. Con este motivo, atendiendo a los deseos de us-
ted, sostuve la propuesta de que fuese a Pontevedra la
Comisión, pero me quedé solo, y así consta en acta, por-
que tras larga discusión, en que tomó parte buen núme-
ro de compañeros, la Academia acordó, vista la impor-
tancia que va tomando este asunto, ser ella en pleno la
que estudie los documentos, a cuyo efecto interesará que
se le remitan los originales.
La solución la encuentro lógica, porque, en realidad,
el fundamento de todo el castillo levantado por La Rie-
ga está en los documentos, y natural es que todos los
académicos quieran juzgar por sí antes de emitir su
voto en asunto de tal trascendencia.
Digo que el fundamento de la teoría de la Riega está
en la documentación porque, a mi juicio, y según puede
ver en el trabajo que leí en la Academia y que aparece
inserto en el Boletín que le remito, los demás argumen-
tos por él aducidos carecen de valor probatorio.
El hecho de que el apellido Colón aparezca en Gali-
cia no es suficiente ; Colones, Colambos, Colomas y Co-
136
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
lomos aparecen en muchas partes (fíjese que al princi-
pio el Almirante -se llamó en (Castilla Colomo) ; lo que
es necesario que aparezca es la genealogía completa,
como aparece en Italia con los Colombos.
^ Suyo afectísimo amigo,
^ Ángel de Altolaguirre.'*
Esta carta, como la anterior comunicación de la Aca-
demia, fueron contestadas casi simultáneamente, la pri-
mera por mi y lia segunda por el presidente de la Asam-
blea magna Pro-Patria Colón, en la forma siguiente :
"Puebla del Caramiñal, junio 15 de 1918.
Sr. D. Ángel Altolaguirre.
Madrid.
Mi distinguido amigo: Recibo aquí su muy aprecia-
ble del 5 del corriente, pero no así su último trabajo pu-'
blicado en el Boletín de la Academia, que, seguramente,
debe estar en mi casa de Pontevedra, adonde lo he man-
dado buscar.
Agradezco a usted, ante todo, los esfuerzos que hizo
(accediendo a mis deseos) de sostener en la Academia
la propuesta hecha por la Comisión Pro-Patria Colón,
de que viniese a Pontevedra la de la Academia, y sien-
to que esta Corporación no hubiese accedido a tan justa
pretensión, pues la solución por ella propuesta de en-
viar los originales a Madrid no es posible llevarla a eje-
cución.
¿Cómo es posible enviar la iglesia de Santa María la
137
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Grande, de Pontevedra, donde, en caracteres pétreos,
se halla la capilla que contiene la inscripción de Juan
de Colón? ¿Cómo se puede enviar el crucero de Porto
Santo? ¿Cómo la base del mismo, en donde se halla la
inscripción de Juan de Colón frente a la casa a que la
tradición de tres siglos designa fué del que descubrió
Jas Américas ? ¿ Cómo se desprende el Archivero de las
Notarías de los protocolos del notario Alonso García
de Sisto, correspondientes a los años 1518 y 1529?
¿Quién tiene autorización para enviar el libro de visi-
tas de la Cofradía de la Santísima Trinidad, en donde
se halla el acta de la visita verificada en 1576 por el
muy magnífico y reverendísimo D. Cristóbal Colón?
¿Cómo se pueden enviar los Registros de la Propiedad
de Pontevedra, en donde se hallan anotadas ventas de
casas, tierras y foros de los descendientes del almiran-
te D. Cristóbal Colón, naturales de Méjico? ¿Cómo se
pueden remitir los documentos que obran en poder de
particulares y que no tienen por qué desprenderse de
sus títulos de propiedad? ¿Cómo se puede enviar la tra-
dición sino viniendo aquí, la Comisión y haciéndola ella
misma, aparte de la que le envíe el socio correspondien-
te de la Academia ,Sr. Fernández Gil, con los demás
trabajos que sobre este asunto tiene preparados y que
illevaron a su ánimo como al mío que Cristóbal Co-
lón no tuvo por cuna Genova y sí España (Ponteve-
dra) ? Y, en fin, ¿ cómo puede informar la Real Acade-
mia en un asunto de tal importancia para España sin
que envíe a Pontevedra una Comisión de su seno que
la informe, no sólo de la veracidad de los documentos,
138
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
.sino de todos los indicios que aqui existen y que for-
man una plena prueba, y de las consultas que se le ha-
gan, de las cuales tiene que desprenderse necesariamen-
te que Cristóbal Colón no fué nunca ni Colomo, ni Co-
lombo, ni Coloma, ni Colombus?
Pero a mi no me inquieta nada de lo que la Academia
piense en italiano, puesto que e^o se destruirá (y tengo
la seguridad de ello) cuando se examinen los documen-
tos de Italia, puesto que a esto se tiene que llegar; lo
que si me inquieta es lo que usted me dice en la suya
de que tiene que aparecer la genealogía de los Colones,
como aparece la de los Colombos en Italia. Yo creo ha-
berle dicho en mi primera carta que la genealogía del
Almirante será difícil hacerla hoy (por no decir impo-
sible), puesto que no me dan siglos de tiempo como en
Italia para arreglarla — ^y no porque no pudiera hacerse
verídica, sino porque ha habido en este asunto alguien
que la ha estropeado — ; y como decía el Almirante en
su testamento, refiriéndose a doña Beatriz Enríquez:
*'La razón <ie ello no es lícito de la decir aquí."
Yo he enviado a la Academia i6 fotografías y dibu-
jos referentes a documentos y otras pruebas del apelli-
do Colón, y entre ellos sólo presento de los documentos
" del finado La Riega los números, si mi recuerdo no me
es infiel, ii,. 13, 15 y 16; pues, aun cuando están tacha-
dos de falsedad, yo he de demostrar que ellos dicen lo
mismo que decían en su prístino estado, y con especiali-
dad el número 11, que fué encontrado en el archivo del
Ayuntamiento de Pontevedra por el Sr. D. Casto Sam-
pedro y el malogrado joven Sr. Castiñeira, en donde se
139
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
halla los dos nombres de Domingo de Colón y Benja-
mín Fonterosa — documento ¡que fué la base de todo
cuanto hoy se ha escrito respecto a Colón, español.
Yo, como buen gallego, no he dicho todo lo que hay
que decir ni todo lo que hay que ver, porque esto lo
dejo para cuando venga la Comisión de la Academia;
porque es preciso, necesario e indispensable que ella
venga, si es que la Real Academia de la Historia es-
pañola entiende que este asunto vale la pena de que al-
gunos de sus miembros hagan el sacrificio de hacer un
viaje de unas cuantas horas. Yo maldigo la hora en que
la huelga ferroviaria ha detenido el viaje que usted y
compañeros de Comisión estaban dispuestos; a hacer,
porque, aun conociendo el prejuicio que en la Acade-
mia hay para salvar este error histórico, es tal la con-
vicción que tengo de que estoy en lo cierto, que no me
cabe en la cabeza que, pensando en español, pueda na-
die sostener que la genealogía de Cristóbal Colombo
corresponde a la de Cristóbal Colón. Pues, ¡qué!, ¿hay
alguien que en el terreno del derecho pueda sostener que
el que dice en el único documento público que existe
en España que su linaje verdadero es de los de Colón,
le dé por lijiaje a un Colombo? Y aun siendo así, ¿cómo
se obliga a los descendientes de aquel grande hombre a
estar usurpando un derecho civil, incurriendo en un de-
lito que castigan todos los Códigos penales del mundo ?
Una de dos, o los descendientes del Almirante son ''Co-
lón" o ''Colombo" ; sin son lo .último, son italianos, por
más que en España hay Colombos; pero si son de los
de "Colón", tienen que ser forzosamente españoles.
140
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
A los descendientes del Almirante les basta y les so-
bra con que su genealogía empiece con él ; no necesitan
que empiece en su abuelo postizo, Juan Colombo, ni en
su padre, Domingo Colombo. Y a propósito de esto voy
a tomarme la libertad, y, si no €s una indiscreción, qui-
siera preguntarle : ¿ Ha tenido usted a la vista los do-
cumentos en que se funda la genealogía italiana? Esta
pregunta la hago porque si (ha tenido usted a la vista el
acta notarial de 26 de agosto de 1472 (creo que ésta es
la fecha) debió usted leerla muy ligeramente, porque
ella demuestra de una manera clara y terminante que
el Cristóbal Colombo, lanero, que en ella figura con su
padre, Domingo Colombo, también lanero, no puede ser
el Cristóbal Colón, marino, que en esa época estaba en
Portugal.
Yo deseo, Sr. Altolaguirre, que, por amor a la Pa-
tria y, sobre todo, por amor a la verdad, venga esa Co-
misión, que es la que debe llevar la gloria de esclarecer
la cuna de Colón, pues después de haber estado yo tres
años investigando y estudiando todos los elementos que
pueden reunirse sobre este asunto, o tengo que con-
vencer a la Comisión de que Colón fué español, o tiene
ella que ilustrarme, con datos que yo desconozco, de"
que es genovés.
No crea usted, como me decía en su primera ^carta,
que el finado La- Riega nos sugestionó; no, señor
Altolaguirre. Yo lo único que sostengo de La Rie-
ga es que fué el primero en proclamar la patria españo-
la del Almirante; pero me separo de sus documentos y
de su labor conjetural, y sostendré, si usted quiere, mi
141
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
tesis de que Cristóbal Colón no es Cristóbal Colombo, y
de esto estoy tan cierto cojno de que existo.
Ni España, ni la Real Academia, ni yo quedaremos
jamás en ridículo (como me decía usted en su primera),
aun cuando llegase Italia, por otros medios que hoy no
se conocen, a probarnos que el Almirante era genovés,
porque es indiscutible que ni él en vida ni nadie ase-
guró quién era su padre, ni quién era su abuelo, y si
dijo que era genovés fué porque así le convenía y así
lo tenía proyectado seguramente con Oderigo, aunque
no lo pudo conseguir, como se desprende perfectamen-
te de su correspondencia con este embajador.
Perdone que le moleste con esta larga epístola, que
le escribo al correr de la pluma en esta su casa de cam-
po y sin ningún antecedente a la vista, y que tiene por
objeto rogarle se digne indicarme de qué medios puedo
valerme para conseguir lo que el finado P. Fita había
dispuesto, que es lo que yo deseo y lo que yo creo ló-
gico; esto es, que venga a Pontevedra una Comisión
de esa Corporación.
Lo saluda con la consideración de siempre su afectí-
simo amigo,
Prudencio Otero Sánchez."
COMUNICACIÓN A LA REAL ACADEMIA
"La Comisión Pro-Patria Colón, que tengo el honor
de presidir, se ha enterado con profunda pena del acuer-
do tomado por esa Real Academia con fecha 14 de
mayo último, y que me ha sido transmitido por la Se-
142
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
cretaría de la misma el 31 del referido mes; acuerdo
del cual se desprende que esa Corporación halla más
factible que esta Comisión envíe los documentos origi-
nales y demás elementos de juicio para salvar un error
histórico len asunto de tanta importancia, que enviar a
esta capital una Comisión de su seno para que informe
con toda la amplitud que sea necesaria respecto al "re-
conocimiento y examen de los documentos que se le
presenten y apreciar, además de su autenticidad, el ver-
dadero valor testifical de todos los antecedentes que se
le consulte" ; como asi estaba acordado, según la comu-
nicación de esa Dirección del 16 de juHo de 191 7.
La Comisión que presido espera confiadamente que
vuecencia ha de conseguir encontrar entre los seño-
res académicos aquellos que por amor a las glorias pa-
trias y por amor a la verdad, sepan y quieran afron-
tar el sacrificio de hacer el viaje a esta capital, pues
por las razones que paso a exponer y que V. E. encon-
trará justificadas, no es posible a esta Comisión cum-
plimentar el acuerdo citado del 14 de mayo próximo
pasado. ,
(Siguen las mismas razones que en la anterior carta
al Sr. Altolaguirre.)
Y, por último, ¿cómo es posible, sin venir a esta ca-
pital la Comisión de la Real Academia, aclarar e inter-
pretar rectamente, con el escalpelo de la crítica históri-
ca y de deducciones lógicas, los documentos y elemen-
tos que nos proporcionan los escritos reconocidos como
del propio Almirante y los mil indicios que existen para
143
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
demostrar que la genealogía italiana de ''Cristóbal Co-
lombo" no es ni puede ser la de "Cristóbal Colón" ?
En consideración a las razones expuestas, esta Comi-
sión confía que V. E. comprenderá que es preciso, ne-
cesario e indispensable venga a esta capital una Comi-
sión de esa Real Academia, con los objetos indicados;
y si V. E., con el ascendiente que tiene como director
de ella, no. lo pudiera conseguir, nos lo comunique in-
dicándonos si encuentra otro medio para poder llevar a
término un asunto que importa y significa una de las
principales, por no decir la mayor, de las glorias espa-
ñolas.
Dios guarde a V. E. muchos años. Pontevedra, ju-
nio ly de 1918.
(Firmado.) Antonio Pazos.
Excmo. Sr. Director de la Academia de la Historia."
Cuando esperábamos confiadamente que la Real Aca-
demia de la Historia, viendo la imposibilidad material
de enviar los originales de las fotografías remitidas, se
resolviera a cumplir el ofrecimiento hecho de enviar la
Comisión de su seno, nos encontramos con lo que yo
había previsto hace tiempo, o sea que desiste de toda in-
gerencia en este asunto y nos dirige la despectiva si-
guiente última comunicación:
■ "Di cuenta a la Academia, en su sesión del día 28 del
pasado junio, de la comunicación de V. S. fecha 17 del.
mismo, y confirmándose el Cuerpo en su acuerdo del
144
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
dia 14 de mayo último, que con fecha 31 del propio mes
tuve el honor de trasladarle, resolvió que se devuelvan
a V. S. las mil pesetas que me fueron giradas para los
gastos de viaje de la Comisión que había de ir a Pon-
tevedra para examinar los documentos relativos al Cris-
tóbal Colón que tuvo por cuna esa localidad y que la
Comisión Pro-Patria Colón opina que fué el descubri-
dor del Nuevo Mundo.
No habiéndose remitido por esa Comisión a examen
de la Academia los documentos originales de esta cues-
tión,^ siendo su acuerdo que ella misma, en pleno, los
examinase, la Academia da por terminada su interven-
ción en este asunto.
Dios guarde a V. S. muchos años. Madrid, 6 de julio
de 1918.
" El Secretario accidental,
(Firmado.) Juan Pérez de GuzmAn y Gat^lo.
Sr. D. Antonio Pazos, presidente de la Comisión Pro-
Patria Colón."
Ante la desconsideración que entraña este documen-
to, la Comisión Pro-Patria Colón se disuelve, pues, como
dejo dicho en el capitulo ''Al lector", sólo por deferen-
cia a mi amistad ha servido de intermediaria entre la
Academia y yo, quedando a mi cargo la demostración
de que no es Genova la verdadera cuna del Almi-
rante Cristóbal Colón,
Deseo que la opinión del Mundo se entere de que hay
145
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
una Real Academia de la Historia que, tratándose de
un asunto de tal magnitud para la Patria, toma por pre-
texto para no intervenir en él pedir que se le remitan
los documentos originales que tiene que examinar;
cuando debe saber que es imposible enviárselos sin un
Real decreto o una ley que obligue a los archiveros no-
tariales, registradores de la Propiedad y curas párro-
cos a remitirlos, pues ni la Comisión Pro-Patria Colón,
ni el autor de estos modestos trabajos, tienen autoriza-
ción para ello.
VII
MI ALEGATO *
¿ C o » ó N o C O L O xM B O ?
Es indiscutible que el Almirante tuvo decidido inte-
rés en que su origen y patria fuesen desconocidos, y
por esto no hay posibilidad de poder retrotraerse del
año 1470, en que arribó a Lisboa — como él mismo nos
lo cuenta — nadando sobre un remo y como único su-
perviviente, después de estar combatiendo todo el día
con unas naves venecianas.
Desde este año podemos averiguar la vida del gran-
de hombre, pues no ha querido darnos más noticia de
su pasado sino que se había embarcado muy joven — ^a
los catorce años, según su hijo Fernando — y que había
navegado veintitrés años, sin estar en ningún puerto
tiempo que haya de contarse.
Desde su institución Mayorazga de 1498 hasta hoy
continúa la duda respecto a su origen y patria, pues si
bien se ha querido dar por buena la genealogía, arre-
glada en Italia, a partir de su abuelo, Juan Colombo, ya
demostraremos que ésta no es la del Almirante.
Como muy bien dice el conde Roseelly de Lorgnes
en su obra Cristóbal Colón, de 1892 (primer tomo, pá-
147
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
gina 26), es este hombre en nuestra época menos co-
nocido que un siglo atrás. La incertidumbre de la opi-
nión es cosa notoria ; y sabíase que no se sabía o que se
sabía mal.
El americano Washington Irving comienza con estas
líneas su célebre obra: ''Nada cierto se sabe acerca de
los primeros años de Cristóbal Colón. La época, el lu-
gar de su nacimiento, están envueltos en igual obscuri-
dad ; ni son más conocidos sus antepasados ; y ha sido
tal la fatigosa esterilidad de los historiadores, que es
difícil descubrir la verdad en medio del laberinto de
conjeturas que la envuelven."
El P. Beaumón dice en su primer tomo de la Histo-
ria de Colón, en la colección hecha por el padre fran-
ciscano de la provincia del Santo Evangelio, de Méjico,
Manuel de la Vega (único ejemplar que se conserva en
la Biblioteca de la Real Academia de la Historia), refi-
riéndose a su hijo D. Fernando, "que fué sacerdote, va-
rón de grande literatura y escribió con mucha verdad
los sucesos de su padre y hermano, no dando lugar de
que los adulterasen sus enemigos".
Y para no hacer más fatigosa la demostración de que
el Almirante dejó a designio de la obscuridad su ori-'
gen, no citaremos los- innumerables historiadores que
así lo manifiestan, y así lo asegura su hijo Fernando.
Queda, pues, reducido el problema a buscar la patria
de Colón, puesto que la genealogía, o sean sus antece-
sores, es difícil hacerla desde que él, sus hermanos y
sus hijos no nos han dicho quiénes fueron sus padres,
y no queremos hacer lo que en Italia, buscando una ge-
148
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
nealogía que, con toda seguridad, nada tiene que ver
con ía del Almirante.
Para nuestro propósito nos basta y nos sobra con
demostrar que no puede ser genovés, y no siendo ge-
novés, ¿de dónde es?
Queda, pues, sencillamente este asunto convertido en
una cuestión de derecho; y es tiempo de que aduzca-
mos las pruebas que para ello tenemos.
PRUEBAS
El Sr. Altolaguirre, llevando Ja voz y tal vez la re-
presentación de la Real Academia de la Historia, nos
presenta con un lujo, de detalles en su trabajo preinser-
to 'la genealogía colombiana que existe, arreglada en
Italia. Son perfectos y han de agradecérselo los italia-
. nos. A mi modo de pensar, merecerían otra causa mejor.
P Hay que advertir que el Sr. Altolaguirre confiesa
que muchos de los documentos que aparecen en Italia
son apócrifos, y que ''el que algún documento Ihaya re-
sultado falso no prueba que lo sean todos los demás,
y por esto, ínterin no se demuestre de una manera evi-
dente, como resultado de una investigación direda y
reconocimiento técnico, que son apócrifos, tendremos
por auténticos todos los publicados por la Real Comi-
sión Colombiana".
Eso es lo que deseamos : que se realice una investiga-
ción por hombres sin prejuicios de varias nacionalida-
des, y que así como se hizo en Italia con algunos docu-
mentos que se habían falsificado burdamente, se proce-
da con los documentos españoles, pues si algunos de
149
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
log presentados por La Riega fueron reargüidos de fal-
sos, los hay exentos de semejante inculpación.
En mi primera exposición de 6 de febrero de 191 7
preguntaba de luia manera concreta : Cristóbal Colón,
¿ era Colón o Colombo ?
A esta pregunta parece que el Sr. Altolaguirre quiere
contestar de modo indirecto presentándonos la genealo-
gía colombiana.
El eminente académico de la Historia excelentísimo
Sr. D. Ricardo Beltrán de Rózpide publicó en 15 de
junio de 191 8, con motivo de la Fiesta de la Raza, un
artículo — que es cumplida respuesta al estudio filológi-
co de su colega el Sr. Altolaguirer — ^y que transcribo a
* continuación. j í^ ]
CRISTÓBAL COLÓN Y LA FIESTA DE LA RAZA
"El 12 de octubre va a ser en España fiesta nacional
con la denominación de Fiesta de la Rasa. Ya lo es en
la mayor parte de los Estados liispanoamerícanos, como
*' homenaje a la Nación española y a Cristóbal Colón",
según la calificó el Congreso peruano ; como "homena-
je a España, progenitora de naciones, a las cuales ha
dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de
su lengua, una herencia inmortal", según declaraba en
reciente fecha el Poder ejecutivo de la República Ar-
gentina.
Es la Fiesta de la Raza hispana, celebrada el día del
año en que navegantes españoles, dirigidos por Cristó-
bal Colón y los Pinzones, vieron la primera tierra de las
Indias occidentales.
150
E S P A Ñ A, P A T RI A DE COLON
Todo fué español en aquella magna empresa, pues
hasta el mismo Colón, que como extranjero se había
presentado en Cotilla, como natural de estos Reinos
se consideraba, hasta tal punto que, aparte el latín que
empleó en algunas ocasiones, en castellano habló y es-
cribió también. Con razón un ilustre orador colombia-
no, Antonio Gómez Restrepo, decía en la Fiesta de la
Raza, en 1917, en Bogotá, que el castellano fué el idio-
ma que usó Colón "aun en aquellos escritos de tal ma-
nera íntimos y personales que sólo se redactan en la
lengua que se ha aprendido a hablar desde la cuna".
En castellano consignó los incidentes de sus portento-
sos viajes, en forma de diario ; en castellano están sus
cartas ; en castellano fué escrito el libro extraño de "Las
Profecías", que nos revela hasta dónde alcanzaba la
exaltación de su espíritu de iluminado en aquel hombre
de sentido tan práctico y tan positivo. No empleó Co-
lón en los momentos decisivos de su existencia el idio-
ma del Dante, que ya por entonces había llegado a su
perfección clásica, sino la lengua vigorosa, enérgica,
ruda todavía, pero próxima a los esplendores de la edad
de oro, de la cvval había de decir Carlos V poco des-
pués que era el idioma más apropiado para hablar con
Dios.
Si a pesar de la rotunda negativa de D. Fernando
Colón, su padre, D. Cristóbal pudo haber sido uno de
los hijos del Doménico Colombo, tejedor, tabernero y
propietario en Genova, hay que reconocer que nunca en
documentos oficiales, en Reales cédulas, provisiones, tí-
tulos, asientos, memoriales y cartas relativos al almi-
151
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
raíite D. Cristóbal Colón, aparece el apellido Colombo,
ni se alude en ningún escrito del Almirante a la fami-
lia que dieron como suya los analistas o historiadores
genoveses. Si aun no siendo de dicha familia, fué ge-
novés, como está escrito en papeles testamentarios, no
quiso Colón que se supiese que lo era.
Se presentó en Andalucía como extranjero que ha-
bía pasado casi toda su vida en el mar, desde muy tem-
prana edad, sin referirse nunca a su patria y familia ;
era un desconocido que no se decía español, pero que
usaba un apellido bastante común en España. Colomo,
Colom y Colón se apellidaba cuando pidió y obtuvo,
en 1487 a 1492, los auxilios pecuniarios que de orden
de los Reyes le entregaban los tesoreros o contadores,
y Colom y Colón se le apellidaba en el finiquito de las
cuentas de Santaniel y Pinelo; Colón le llama en su
carta el Rey de Portugal ; Colón se le llama en las Ca-
pitulaciones de Granada, que refrendó un español casi
de su mismo apellido, Juan de Coloma, y aun este ape-
llido Coloma es el que le da Aníbal Juanuarius al no-
ticiar la llegada a Lisboa de "uno que ha descubierto
ciertas islas"; Colón se apellidaba él mismo en el
preámbulo del Diario de a bordo ; Cofcn se lee al pie
de la postdata de las cartas*que escribió a Luis de San-
tángel y a Rafael Sánchez al regresar de su primer via-
je; Colón y no Colombo. es el dilecto hijo de que habla
Alejandro VI en su bula de 1493 ; 'por último. Colón
se apellidaban los de su linaje, según declara en la ins-
titución de mayorazgo, en ese documento que debió es-
cribir con la vista puesta en el país de los Colombos,
152
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
en la República de Genova, "su amantísima patria", se-
gún el codicilo militar apócrifo de 1506, en la ciudad
de Genova, *''de donde salió y en donde nació", según
la citada institución de mayorazgo. Y, «in embargo, tan
españolizado o castellanizado estaba el Almirante que,
suponiendo que fuera de la familia de aquellos Colom-
bos, no recordaba o no tuvo en cuenta, aun tratándose
de acto en que tanta transcendencia tiene el apellido,
que en Genova, los de su linaje, se llamaban Colombos
y no Colones.
¿Que Colombo, por una parte, y Colón, Colom o
Colomo, por otra, son un mismo apellido ? ¿ Que los Co-
lombos italianos se llamaban Colones en España, y los
Colones o Colomos españoles eran Colombos en Italia,
como a los Coullon franceses apellidaban Colón los es-
pañoles y Colombo los italianos?
Puede ser. Pero el hecho indudable es que Cristóbal
Colón siempre, hasta el último momento de su vida,
quiso llamarse Colón, a la española, y no Colombo, a la
italiana. Esto es lo que me importa dejar consignado,
el hispanismo de Cristóbal Colón y, por consiguiente,
su derecho a ocupar ^bajo todos conceptos, incluso el de
español, puesto preferente en la Fiesta de la Raza his-
pana.—Ricardo Beltrán y Rózpide, de la Real Aca-
demia de la Historia.— Madrid, 15 de junio de 1918."
Al anterior trabajo del Sr. Beltrán y Rózpide tengo
que agregar algo que entiendo no se puede contrarres-
tar obrando en buena fe y empleando argucias del de-
recho propias de personas poco serias, y es acotando
153
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
con el único documento que puede hacer fe en juicio,
cual es la institución Mayorazga de 1498.
En ella dice lo siguiente: "Haya el dicho Mayorazgo
y le suceda y herede el pariente más llegado a la per-
sona que heredado lo tenía en cuyo poder prescribió,
siendo hombre legítimo que se llame y se ha3^a siem-
pre llamado de su padre o antecesores, llamados de los
de Colón, El cual Mayorazgo en ninguna manera lo he-
rede muger ninguna. Salvo si aquí (en Sevilla) ni en
otro cabo del mundo no se fallase hombre de mi linage
verdadero que se hobiese llamado y llamase él y sus an- f
tecesores de Colón."
Linaje no hay más que uno, y, al decir verdadero,
ya reconoce de una manera explícita que en algún tiem-
po había usado otro que no era el suyo.
Se quiere emplear la argucia de que al referirse a
los de Colón era a los que le sucedieran; pero esta
argucia es inocente, porque Colón se refiere a sus an-
tepasados y bien claramente lo establece al decir que se .
llame y se haya llamado siempre de su padre o antece-
sores.
De manera que aquel que no se haya llamado de su
padre o antecesores de Colón no puede heredarle.
El Almirante demasiado sabía que existían Colombos,
Colombus y Colomias en Genova y España, y por eso, y
para que nadie pudiese argüir con sutilezas filológicas,
que seguramente él (como yo) no se había dedicado a
estudios de ese género, quiso dejar con todos les deta-
lles que nuestro idioma nos enseña que él y sus antece-
sores eran de los de Colón.
154
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
BI Almirante tenía la seguridad de que sus hermanos
Bartolomé y Diego, el primero ya por su edad y el se-
gundo por sus ideas eclesiásticas, no le dejarían suce-
sión, y toda su esperanza la cifraba en sus hijos, es-
pecialmente en Diego; pero en la duda de que por
cualquiera evento no tuviera sucesión, no quería que
el fruto de sus desvelos y trabajos viniesen a disfrutarlo
algunos de los Colombos ; he ahí la razón por que fué
tan minucioso y expresivo, en su institución Mayorazga,
no dejando duda alguna respecto a los que debían suce-
" derle en el caso de que quedase vacante su sucesión por
falta de varón.
Juzgo que, para demostrar que era Cristóbal Colón y
no Colombo, no se necesitaba mayor argumentación;
pero se pueden aducir otras pruebas tan concluyentes
como la que emana de esa Institución.
El almirante, siempre que se dirige a los Reyes de
España se llama Colón. En la carta que le dirige el Rey
Juan II de Portugal, cuyo original existe en el archivo
de Veraguas, le llama "Cristovan Colón". En las cartas
que él dirige a los Reyes Católicos se apellidaba siem-
pre Colón. En las cartas que escribe al escribano de
Ración; en la que dirige al magnífico Sr. Rafael Sán-
chez, tesorero de los Monarcas ; en la carta al ama del
Príncipe D. Juan se firma Colón, y todas las Reales
cédulas de los Reyes Católicos e Instrucciones, siempre,
siempre se empezaban "El Rey e a la Reina : Don Cris-
tóbal Colón, nuestro almirante de las Indias y tierra
firme que son en el mar Océano", etc.
155
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
¿Cómo, pues, se puede admitir la genealogía de los
Colombos de Genova?
Pues sencillamente porque él 'ha dicho en su insti-
tución Mayorazga ''De Genova salí y en ella nací".
COLÓN NO ES GÉNOVÉS
Hemos repetido hasta el cansancio que el Almimn-
te quiso dejar en la obscuridad su origen y patria;
y es claro que si él ^hubiese didho cuál había sido el
pueíblo de su nacimiento, fácil hubiera sido aclarar lo
que él deseaba ocultar; esto, unido a la conveniencia
que tenía para sus intereses, el aparecer como natural
de Genova, hizo que estampara en la institución Ma-
yorazga (Regular perpetua) que allí había nacido ; pues
conociendo ese país y sabiendo que no existía en él
ninguno de sus antecesores de los de Calón, tuvo buen
cuidado de dejar dicho y establecido de una manera
clara y terminante que si quedase vacante su sucesión
por falta .de varón, que se buscase en -cualquier cabo
del mundo aquel que se hubiese llamado siempre de su
padre o antecesores de los de Colón.
Esto era lo im,portante para él; en esto no podía
mentir, porque se trataba de dejar los intereses a aquel
que fuese su verdadero descendiente o ascendiente;
pues que en lo del lugar de su nacimiento, demasiado
sabía Colón que la misma Iglesia autoriza la mentira
cuando puede beneficiar y no perjudica a tercero. ,Por
algo dice el conde Rosselly de Lorgues (tomo 1 1 1, pá-
gina 284) que Colón en asuntos de interés propio sa-
bía más de lo que se piensa. Si además de esto tenemos
í. 156
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
la seguridad de que jamás escribió en italiano, que no
se ha exhibido nunca un documento escrito por el Al-
mirante en el idioma que se usaba en la República de
Genova, que siempre que le ha faltado una palabra
castellana que emplear en sus escritos la sustituyó
con una gallega o portuguesa, que todo cuanto se halla
escrito por él es en perfecto romance castellano, ¿cómo
podemos siquiera suponer que ese grande hombre era
f^enovés ?
Para demostrar que no lo era, basta su propia insti-
tución Mayorazga y el análisis juridico que hice en mi
segunda exposición, que dejo inserta, fecha 24 de mayo
de 1917; pero a mayor abundamiento, vamos a anali-
zar la carta que el propio Almirante escribe al Sr. Ni-
cüló Oderigo, ex embajador de la República de Geno-
va en España, y la carta que le escribe el magistrado
de vSan Giorgio como consecuencia de los acuerdos o
pactos que el Almirante tenía reservadamente con Ode-
rigo, que no podían ser otros que el de que el oficio de
San Giorgio obtuviese de la poderosa República de Ge-
nova la defensa de sus intereses, fueros y preeminen-
cias. ^
CARTA DE DON CRISTÓBAL COLON AL SEÑOR NICOLÁS
ODERIGO
(Códice Colomho-americano, página 324.)
"Al muy vir'tuoso señor el doctor Micer Nicolo Ode
rigo.
Virtuoso Señor : Cuando yo 'partí para el viage de
adonde vengo, os fable largo ; creo que de todo esto
157
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
estovistes en buena memoria. Creí que llegando falla-
ría yo vuestras cartas y aun persona con palabra. Tam-
bién a ese tiempo dejé a Francisco de Rivarol un libro
de traslados de cartas y otro de mis previlegios en una
'bar j ata de cordobán colorado con su cerradura de plata
y dos cartas para el oñcio de San Giorgio al cual atri-
buía yo el diezmo de mi renta para un descuento de
ios derechos del trigo y otros bastimentos ; de nada de
esto todo sey nuevas. Micer Francisco diz que todo
llegó allá en salvo. Si así es, descortesía fué de esos se-
ñores de San Giorgio de non ihaber dado respuesta, ni
por ello han acrescentado la hacienda, y esto es causa
que se diga que quien sirve a común no sirve, a ningún.
Otro libro de mis previlegios, como lo sobredicho dejo
en Calis a Franco Catanio, portador de ésta, para que
también os enviase ; el uno y el otro fuesen puestos en
buen recabdo a donde a vos fuese bien visto. Una car-
ta recibí del Rey y de la Reina mis Señores a este tiem-
po de mi partida; allí está escrita, védela que vino muy
buena; por ende D. Diego non fué puesto en la pose-
sión ansí, como fué la promesa,
Al tiempo que yo estaba en las Indias escribí a S. S.
A. A. de mi viage por tres o cuatro vías ; una volvió
a mis manos y ansí cerrada con ésta os la envío y el
suplimiento del viage para que la deis a Micer Juan
Luis con la otra del aviso, al cual le escribo que seréis
el lector y enterprete de ella. Vuestras cartas deseo de
ver y que fablen cabto del propósito en que quedamos.
Yo llegué acá muy enfermo; en ese tiempo falleció la
Reina mi Señora (que Dios tiene) sin verla. Fasta ago-
158
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
ra non os puedo decir en qué pararán mis fechos ; creo
que S. A. lo habrá bien prevenido en su testamento,
y el Rey mi Señor muy bien responde. Franco Catanio
os dirá el resto largo. Nuestro Señor os haya en su
guarda. De Sevilla a veintisiete de Diciembre de mi^
quinientos cuatro. |
El Almirante mayor del mar Occeano, Visorey y
Gobernador de las Indias &.
S.
S. A. S.
X. M. Y.
XPO FERENS
Copia di lettera scrita dal Magistrato di S. Gior-
Gio al Colombo. (Códici Diplomático Colomho-ame-
ricano, pág. 329.)
"IIl vir et clarisime amantisimeque Concivis et Do-
mine memorandissime. Per lo spectabile Jurescunsulto
Meser Nicoló de Oderigo ritornato de la Legattione
per questa excelsa nostra Comunitá apresso de aquelli
excelentissimi et gloriossisimi Rene Stato datto una
litera de Vostra Claritudine; la cuale ne ha datta una
consolatione singularísima, vedendo per quella vostra
Excelencia essere, como é consetanes a la naturasua,
afectionato de questa sua originaria patria, a la quale
mostra portar singularissime amore et carita, volendo-
che de la grattie, le quale la Divina Bontá s'é dignata
fare a -Vostra Excelentia la Patria ante dicta et populi
de quela debiamo sentiré bona commodita et fructo me-
morabile, hablando ordinato a lo preclarissimo D. Die-
159
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
go vostro figlio lo che de la décima de ogni reiidíta
soa ogni anno debía in questa cita provedere a desbita-
tione de la gabelle grano et vina et altre vitualie. La
qual cosa non potería essere piú caritativa, nec etiam
piú memorabile, nec tendere a major memoria de la
gloría vostra, la quale in le altre cosse est tanto grande
et tanto singulare quanto se habia per alchura scriptura
homo del mundo mai ñaveire questo, hablando per vos-
tra propia industria anomositá et prudencia ritrovato
tanta parte de questa térra et globo del mondo inferiora,
la qua le per titti li ami passati seculi a li homini de la
nostra habitabili e stata incógnita. Ma questa tanta ex-
cersita vostra de cossi singularissima gloria a diré lo
vero ne pare molto piú memorabile et completa esendo
condita de la ihomanitá e.t benignitá que demostra ha-
veire a questa primogcnia patria : per che laudemo cum
infinite laude la vostra dispositione et proghemo lo oni-
potente Deo conservari longamente cum felicita. A lo
pronominato don Diego vostro plecarissimo figliolo sa-
renio sempre tanta effectionati manto importa la con-
áitione sua per essere vostro figliolo, ac la excelentia de
lif fati e gloria vostra, de la quale questa nostra comune
patria prenda et ha avisto la parte sua, o lo quale Don
Diego se siamo offerti per lettera, et cossi si offeriamo
a vostra Exceleñtiu in tuto che sia in nostra mano po-
teire fare per honore e cresimento de la gloriossisima
Casa Vostra. Lo pronominato Messire Nicolo ne ha na-
rrato molte cose de la gratie et privüegif vostri li
qnüli ha portatiquiJraslati: del che siamo consolatissi-
160
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
mi et ne rcffcrimo inmortale gratie de quelle nene ha--
biati facti partecipe.
Ex Geuma, M D II die VIII Decemb."
TRADUCCIÓN DE LA CARTA ANTERIOR, VERlElCADA POR
ROMEO MONTExMERLO DE GENOVA
"Ilustrísimo y amantísimo Señor: Por el respetable
Jurisconsulto Señor Nicolo de Oderigo, retornado de
la Legación para esta Excelsa nuestra comunidad cerca
de aquellos Excelentísimos y Gloriosísimos Reyes, ha
sido dado una carta de vuestra Excelencia, la cual
ha dado una consolación singularísima viendo ser para
V. E. como es su costumbre aficionado de esta origina-
ria patria, a la cual demuestra tener singularísimo amor
y caridad, queriendo que de la gracia que la Divina
bondad se ha dignado hacer a V. E., la patria antedicha
^y los pueblos debían sentir buena comodidad y fruto
memorable, habiendo ordenado al preclarísimo D. Diego,
vuestro hijo, que la décima parte de todas sus rentas
anuales debía en esta Ciudad proveer a cancelar la con-
tribución sobre trigos y vinos y otros géneros ; la cual
cosa no podría ser más caritativa ni tampoco más me-
morable ni tender a mayor memoria de la gloria vuestra,
la cual en otras cosas es tan grande y tan singular, cuan-
to se sabía por ninguna escritura hombre en el Mundo
nunca hubiera hecho esto, habiendo por vuestra propia
industria, ánimo y prudencia eticontrado mucha parte
de 'la tierra y globo del Mundo inferior ; la cual por to-
dos los años de los pasados siglos a los hombres de
nuestro Mundo habitable estaba incógnita. Pero la mu-
161 „
PRUDENCIO OTERO SANCH'BZ
cha excelsitud vuestra de esta singularísima gloria, a
decir la verdad, parece mucho más memorable que com-
pleta, estando unida de humanidad y benignidad que
demuestra tener a esta primogénita patria, porque nos
alegramos con infinitos aplausos vuestra disposición y
rogamos a Dios Omnipotente para que os conserve lar-
gamente con felicidad. Al precitado Don Diego vuestro
preclarísimo hijo, seremos siempre tan aficionados cuan-
to importa la condición suya por ser vuestro hijo, por-
que la excelencia de los hechos y gloria vuestra de la
cual esta nuestra común patria tomó y tuvo su parte,
al cual Don Diego nos hemos ofrecido por carta y tam-
bién nos ofrecemos a V. E. en todo lo que esté en nues-
tra mano poder hacer en honor y crecimiento de la glo-
riosísima vuestra casa.
El citado Sor. Nicoló nos ha narrado muchas cosas
de las gracias y privilegios vuestros, los cuales ha traí-
do aquí traslados; del que hemos sido consoladísimos y
os damos infinitas gracias,, de lo que nos habéis hecho
partícipes.
En Genna, Dbre. 8-502."
Esas dos cartas son preciosísimas para demostrar
todo el interés que el Almirante tenía en que Genova
lo considerase como natural de la capital de su Repú-
blica.
Esos documentos, interpretados y analizados recta-
mente, comprueban toda la labor que aquel grande
hombre llevaba hecha para ocultar su origen y patria.
Empieza su carta al ex embajador Oderigo diciendo
162
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
que cuando partió para su último viaje le habló largo y
creyó que a su regreso hallarla cartas suyas, y aun per~
sona con palabra, demostrando con ello que lo que ten-
dría que decirle no se podía confiar al papel.
Continúa diciéndole que a su partida le había deja-
do a Francisco de Rivarol un libro de traslador de car-
tas y otro de sus privilegios, y dos cartas para el oficio
de San Giorgio, ofreciendo el diezmo de su renta para
desgravación de los derechos del trigo y otros basti-
mentos, pero que no había recibido contestación alguna,
y que Micer Francisco le asegura que todo llegó a Ge-
nova en salvo. Dice también que dejó en Calis a Fran-
cisco Catanio, portador de esta carta, otro libro de sus
privilegios para que se lo enviase y los entregase O de-
rigo a donde le pareciese que convenía.
Agrega que al tiempo de su partida recibió una carta
del Rey y de la Reina, y le encarga a Oderigo que la vea,
porque es muy buena; por ende, D. Diego non fué
puesto en la posesión ansí como fué la promesa.
En este párrafo se ve con toda claridad que el Almi-
rante dudaba de la buena fe del Rey, pues después de
haberle prometido poner a su hijo Diego (que era toda
su aspiración) en posesión de todos los derechos que
le pertenecían, no cumpliera aún su promesa.
Continúa aún manifestándole a Oderigo que desde
las Indias le escribió por tres o cuatro vías a los Reyes,
sin tener contestación, y le envía una carta para que se
la -dé a Micer Juan Luis, al cual escribo que seréis el
lector y enterprete de ella.
De este párrafo se desprende que al escribirle a Mi-
163
PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
cer Juan Luis lo hacía en castellana, y como éste no
conocía nuestro idioma, le pedía a Oderigo que se la
leyese y tradujese. ¿Haría esto un genovés?
Pero lo más interesante de esta carta que analizamos
es el párrafo siguiente: ''Vuestras cartas deseo de ver
y que fahlen capto del propósito en que quedamos.
Franco Catanio (es el portador de la carta) os dirá el
resto largo.''
¿Quién no ve en este párrafo que había un propó-
sito o pacto reservado entre Oderigo y el Almirante?
¿ Y cuál podía ser ese propósito' sino el de que el ex
embajador genovés Oderigo buscase la forma de que
la poderosa República de Genova defendiese sus dere-
chos y los de sus descendientes, que ya estaban en en-
tredicho por la Corona de España?
] Ah ! El confidente Franco Catanio nada nos ha que-
rido legar para saber cuál era ese pacto, y menos el
ex embajador y doctor Nicoió Oderigo, que, como buen
diplomático, nada, que yo sepa, nos dejó escrito sobre
el asunto. Pero es indudable que este señor envió
al Almirante, por medio de su confidente Catanio, la
carta que ihabía obtenido del presidente del Oficio de
San Giorgio, en la que se ve con claridad meridiana
que, partiendo de la base de que el Almirante era geno-
vés, pues asi lo manifestaba en su institución May:>-
rasga, de la que tenia conocimiento por lo mucho que
le había el Sr. Oderigo hablado de las gracias y previ-
legíos que el Almirante tenía, y cuyos traslados o testi-
monios le había enseñado, terminaba prometiéndole que
al mencionado D. Diego, vuestro preclarísimo hijo, le
164
ESPAÑA, PATRIA DE C O E O N
hacemos oferta por escrito de hacer cuanto esté en
nuestra mano, para honor y crecimiento de vuestra glo-
riosísima casa.
Esto era la verdadera obsesión del Almirante: obte-
ner de la Corona de España pusiese a su hijo Diego en
posesión de sus derechos, o buscar en la poderosa Re-
pública de Genova se la impusiese, porque para eso de-
cía en su institución Mayorazga "que la Repiíblica de Ge-
nova era muy noble y poderosa por la mar", y al encar-
gar a su hijo Diego "que tenga y sostenga siempre en
la ciudad de Genova una persona de nuestro linage que
tenga casa e muger y haga pie y raíz en la dicha ciudad
como natural de ella, porque podrá haber en la dicha
ciudad AYUDA E FAVOR EN LAS COSAS DEL MENESTER
suyo".
¿Y hay alguien que, al interpretar estas cláusulas,
no comprenda que con ellas lo único que se proponía el
Almirante era halagar a la poderosa República de Ge-
nova por la mar, llamándose natural de ella para que lo
defendiera ante la Corona de España por la falta del
cumplimiento de las estipulaciones del contrato de San-
ta Fe?
Bien es verdad que, después del fallecimiento del Al-
mirante, ni sus hijos ni sus hermanos se acordaron
de Genova para nada, ni para pedirle protección ni mu-
cho menos para cumplir los encargos que con tanta os-
tentación había hecho en su institución Mayorazga de
enviarle el diezmo de su renta al Oficio de San Gior-
"gio, para la desgravación de los derechos del trigo, et-
cétera, ni tampoco se atrevió Genova a pedir ese diezmo,
165
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
porque seguramente, después de haber hecho las indaga-
ciones necesarias, convenceríase de que no era geno-
vés. Si lo hubiera sido, nada habría tenido de extraño
que reclamasen ese diezmo y aun que tomasen pie de
esa falta para intervenir de alguna manera en las In-
dias occidentales.
El Almirante, por razones que él sabía — y que a
nosotros no nos es posible ni lícito investigar, pues no
es justo querer penetrar en el santuario de su concien-
cia— , quiso que su origen y patria fuesen absolutamente
desconocidos, y si hubiese estampado en su citada ins-
titución que era español, tendríamos que formar su ge-
nealogía con los Colones de España y no con los Co-
lombos de Italia. ¿No cree justo el Sr. Altolaguirre o
la Real Academia de la Historia que en ese caso así se
debía hacer? ¿Por qué no se hizo así en 1575, cuando
quedó vacante la sucesión por falta de varón ? ¿ Por qué
no se reconoció en España el derecho a la sucesión a los
Colombos de Genova? Sencillamente porque ninguno
de los Colombos que se presentaron en el pleito pudo
acreditar ningún grado de parentesco con el Almirante,
ni seguramente lo hubieran podido acreditar todos los
Colombos de Italia que se presentasen. Luego no era
genovés. ¿Qué se hizo de los descendientes de aque-
llos cinco varones, primos del Almirante según la ge-
nealogía colombiana, que se llamaron Juan, Benedic-
to, Tomás, Mateo y Amigesto, que no acudieron como
descendientes del Almirante cuando quedó vacante su
sucesión, en 1575?
Juzgo innecesario extenderme más sobre este punto
166
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
para demostrar que el Almirante Cristóbal Colón na po-
día ser genovés, y paso ahora a probar con los mismos
documentos presentados en Italia (y los cuales es pre-
ciso revisar para justificar su autenticidad) que la ge-
nealogía arreglada de Cristóbal Colombo no es ni puede
ser la del Almirante Cristóbal Colón.
EDAD DEL ALMIRANTE A SU FALLECIMIENTO
Si este hombi-e puso todo empeño en dejar en la obs-
curidad su origen y patria, no lo tuvo menos en que se
ignorase su edad ; es otra de las incógnitas que dejó
para que la posteridad se encargase de despejarla.
Muchos de sus historiadores han procurado artificio-
samente disminuir su edad para acomodarlo a ser hijo
de Doménico Colombo, porque se encontraban con la
dificultad de que este aprendiz de lanero hubiera podi-
do casarse con Susana Fontanarosa a los quince o diez
y seis años, y además encontraban otra imposibilidad:
la de que fuese hermano de Jacobo ; pero la mayoría,
ajustándose a la verdad de los hechos, proclama que el
Almirante falleció de setenta años, poco más o menos.
He dicho en mi primera carta al Sr. Altolaguirre
que juzgaba tenía más edad a su fallecimiento el Almi-
rante que los setenta años que le dan la generalidad
de los historiadores, y justo es que exponga las razones
en que me fundo.
Probablemente, la inmensa mayoría de ellos no cono-
ce las costumbres y modismos que usan todos aque-
llos qué se ocupan de las faenas del mar.
Es de tiempo inmemorial que en todas las costas de
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
España se llaman marineros a los que se dedican a las
faenas de la pesca o a hacer viajes cortos de puerto a
puerto sin que dejen de ver tierra, y se llaman nave-
gantes cuando van de marineros en barcos de alto bor-
do y hacen navegación de altura.
Fundo mi aserto en esa diferencia y en que el Almi-
rante dice en su diario de navegación del primer via-
je, el 21 de diciembre de 1492: '*Yo he andado vein-
titrés años en la mar, sin salir della tiempo que se haya
de contar" ; por lo tanto, antes de su arribo a Portugal,
anduvo de navegante; y éstos no lo son antes de los
veinte años de edad; cuando son más jóvenes se les
llama grumetes, y no es ésta la condición en que navegó
el Almirante.
Me fundo también en que era rubio y pecoso, tipo
muy común en nuestras rías y costa, y no conozco un
solo caso de canicie antes de los cincuenta años : son
los que más tardan en encanecer, y seguramente, si ha-
bía de dedicarse a enamorar a una joven edu canda
como Felipa Moniz de Perestelo, es de suponer, huma-
namente pensando, que trató de disminuir su edad.
Es regla fisiológica el que los hijos de hombres de
edad madura mueran más jóvenes que sus padres; y
así sucedió con sus dos hijos Diego y Fernando, quie-
nes, a pesar de proceder de madres jóvenes — doña Bea-
triz era, a juzgar por su retrato, página 206 del segun-
do tomo de la obra del conde Rosselly de Lourgués,
muj'cr robusta y bien conformada — , murieron antes
de los sesenta años.
La edad, pues, del Almirante a su fallecimiento era,
168
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
\
en mi concepto, entre los setenta y ocho a los ochenta
años.
Pero como quiero sujetarme en este alegato, no a lo
que pienso, sino a lo que resulta de datos y hechos
exactos suministrados por el propio Almirante, sepa-
rándome de cuantos datos estadísticos nos han pre-
sentado hasta hoy todos los historiadores que he leído,
creo que podré demostrar que el Almirante falleció,
cuando menos, a los sienta y tres años.
Fallecimiento del Almirante 1506
Llegó a España en 1484
Estuvo en España 22 años.
Asegura, en carta que dirigió al rey
(Casas, Historia gen. de Indias, li-
bro II, cap. XXXVII, folio 112 viiel-
to), que en catorce años que estuvo en
Portugal no pudo hacerle entender al
Rey de esta nación lo que le dijo; lue-
go llegó a este reino en 1470 14 " -
Asegura también en el Diario de su : -
navegación (primei viaje, 21 diciembre
de 1492) : "Yo he andado veintitrés
años en la mar, sin salir della tiempo
que se haya de contar" Luego se re-
fiere, indiscutiblemente, a la época an-
terior a su arribo a Portugal 23 "
Embarcó, según su hijo Fernando,
a los 14 "
Edad del Almirante 73 años.
169
PRUDE*NCIO OTERO SÁNCHEZ
Juzgo que estos datos no serán controvertidos, pues
aunque hay historiadores, como Ramusio, que dicen que
el Almirante tenía en 1470, cuando arribó a Portugal,
cuarenta años, y, por lo tanto, falleció a los setenta y
seis, deseo que cuanto escribo esté ajustado a lo dicho
por el propio Almirante.
GENEALOGÍA COLOMBIANA
Según los documentos que existen en Genova para
acreditar la genealogía de un Cristóbal Colombo (que
quieren presentarla como la del Almirante, según el
trabajo del académico Sr. Altolaguirre), el padre de
ese Cristóbal Colombo, que se llamaba Doménico Co-
lombo, contaba, según acta notarial ante el notario de
Genova Quirico de Albenga, fecha 21 de febrero
de 1429, menos de once años.
Si pues el Almirante, según queda demostrado, te-
nía a su fallecimiento cuando menos setenta y tres años
— hubo de nacer en 1433 — , y si el padre que quieren
darle tenía en 1429 menos de once años, debió casar-
se y engendrarlo entre los trece y catorce. ¿Está esto
claro?
Luego el almirante Cristóbal Colón no pudo ser
hijo de Doménico Colombo, ni aun que tuviese sólo
aquél setenta años a su fallecimiento, pues no es posi-
ble que un simple aprendiz de cardador de lana en
aquella época, ni en la actual, se hubiese casado a los
trece ni a los diez y seis años.
Sobraría con esto para desechar la genealogía colom-
biana ; pero hemos de aducir otras pruebas irrefutables,
170
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
que acreditarán que el Cristóbal Colombo de Genova
no puede ser de ninguna manera el Cristóbal Colón,
visorrey y almirante de las Indias occidentales.
Continúan los documentos genoveses demostrándo-
nos la precocidad de este Doménico Colombo, que se
debió casar, como queda ■ demostrado, entre los trece
y catorce años, y que, además, entre los diez y nueve
y veinte, se hallaba ya establecido en i.* de abril de
1439, según acta otorgada ante el notario de Genova
Benedicto Pelosos, como maestro tejedor de paños (aho-
ra no son tan inteligentes nuestros mecánicos, pues no
he conocido en nuestras fábricas ningún maestro a esa
edad), y tomaba aprendices — quien no tenía la mayo-
ría de edad para su emancipación — , ni era autorizado
por su padre Juan (que vivía a la sazón, pues por algo
nos hace saber el Sr. Altolaguirre que cuando se pre-
sentaba en el siglo xv ante notario un individuo, para
no confundirlo con otros, si el padre era fallecido se le
anteponía la palabra quondam, y si era vivo, la de
fillius, y en el acta a que nos venimos refiriendo se le
antepuso la de fillius).
Y ese mismo Domingo Columbo aun antes de los vein-
tiún años, en 6 de septiembre de 1440, sin autoriza-
ción de su padre Juan, que vivía, toma en enfiteusis
una casa y terreno del monasterio de San Esteban. Aho-
ra bien ; confío en que los doctores en Derecho" nos di-
gan si en la legislación italiana se podía a los diecinueve >
y veinte años formalizar contratos públicos sin la auto-
rización paterna o judicial.
Es extraordinariamente asombroso que el académico
171
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Sr. Altolaguirre, con la aquiescencia unánime de la Real
Academia de la Historia, nos presente como prueba de
que el almirante Cristóbal Colón era hijo de Dominicus
de Columbo dos interesantes (y tan interesantes para
probar lo contrario) actas notariales : una, extendida en
Genova en 22 de septiembre de 1470, ante el notario
Jacobo Calvi, en presencia y con el consentimiento de
su padre, Dominicus de Columbo; y otra, en 31 de oc-
tubre del mismo año de 1470, extendida también en
Genova, ante el notario Nicolás Raggio, en las que Cris-
tophorus de Columbo (hay que tener presente que en
estas actas se le pone partícula de por aquello de que
se parezca más a los de Colón), hijo de Dominico, ma-
yor de DiFXiNUEVE AÑOS (y tan mayor, como que
en ese año, según confesión del mismo Almirante y
de todos los historiadores, incluso de su hijo Fernando,
ya estaba en Portugal y ya se había embarcado a los
catorce años, y llevaba veintitrés navegando, sin estar
en ningún puerto tiempo que haya de contarse), se de-
clara deudor del resto de una partida de vino, etc.
Ya en estas dos actas notariales se reconoce que hay
algo más de seriedad, a no ser que desde el año 143.9 7
40 variase la legislación italiana o genovesa, pues aquí
Cristophurus Columbo aparece revestido de la autori-
zación paterna, cosa que no practicó su padre Domi-
nico.
• ¿Pero es posible que haya quien presente esas dos
actas notariales como prueba de que el gran almirante
Cristóbal Colón era en 1470 tratante en vinos?
Hay más : en 26 de agosto de 1472, cuando el Al-
172
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
mirante se 'hallaba en Portugal enamorando a la joven
educanda doña Felipa Moniz de Perestelo, y se bus-
caba los recursos para atender a las primeras necesi-
dades de la vida vendiendo estampas y libros, y ha-
ciendo cartas náuticas, aparece 'en Saona ante el nota-
rio Tomás del Zosco, reconociendo, en unión de su
padre, Dominicus Colombus, tma deuda de 140 liras.
Rien es verdad que al llegar a citar esta acta nos
hace saber por cuenta propia el Sr. Altolaguirre lo
siguiente: "Pudiendo, por tanto, afirmarse que existe
un perfecto enlace entre todos los documentos de que
hemos hecho mención, los cuales prueban que desde
1429 hasta 1470, en que aparece por vez primera en
las actas Cristóbal Colombo, su familia r^esidió en Ita-
lia, y él y su padre, en Genova.'^
\ Pero, por Dios, Sr. Altolaguirre ! Si el que usted
quiere que sea el Almirante residió con su padre has-
ta 1470 en Genova con la profesión de laneros (en plu-
ral), como dice esa misma acta en 26 de agosto de 1472,
¿cómo es posible que ese mismo sea el que desde 1470,
en que arribó a Portugal, le está ofreciendo un Nuevo
Mundo al rey D. Juan II, después de andar por la
mar veintitrés años y embarcarse a los catorce?
Una de dos: o yo estoy loco, o lo están todos los
que comulgan con esas ruedas de molinos.
Como [he sido en mi juventud oficial de Escribanía
y Notaría, fui encargado por mi principal, el notario
D. Quirico Lázaro y Sándhez, de inventariar y traer
a Pontevedra el célebre Archivo de Cangas de Morra-
zo, y por esta razón pasaron por mis manos legajosi
173
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
de causas, pleitos y protocolos de instrumentos públi-
cos de tal antigüedad, que se convertían los pergaminos
en polvo al tocarlos; y conozco, no sé si por suerte o
por desgracia, la forma en que llevaban en aquella épo-
ca los protocolos los notarios y el número de instru-
mentos que poco más o menos autorizaban cada año,
y supongo que en Genova o Italia no sería mucho ma-
yor que en España ; en aquella época eran solamente las
familias pudientes las que por regla general hacían sus
foros y documentos por medio de notario, y acostumbra-
ban a tener uno solo, y me asombra el que un pobre Do-
ménico, Domicius o Dominicis Columbo, Columbus o Co-
lornbo, o de Columbo, recorriera todos los notarios
de Genova y de Saona, como fueron Quirico de
Albenga, Benedicto Peloso, Antonio Fació, Jacobo
Bombino, Juan Baldetazo, Andrea de Cairo, Juan Gallo,
Jacobo Cal vi, Nicolás Raggio, Ambrosio Garumbero,
Pedro Corsars, Juan Bautista Barissola, Juan de Be-
nedetti, Lorenzo Costa, Francisco Delfino, etc., etc.,
pudiendo asegurarse que la fortuna de Domenico Colom-
bo no alcanzaba, ni con mucho, a pagar a los notarios
los documentos que otorgó, ni para pagar las costas de
los pleitos en que intervino, alguno de los cuales no re-
cuerdo si representaba un valor de 45 liras (50 pesetas,
poc© más o menos).
Pero declaro que todo esto me hace ver (y lo confirma
la duda que varios historiadores tienen de la autenticidad
"de los documentos italianos, alguno de los cuales dice
que son una verdadera falsedad) que lo que se ha hecho
para poder ligar a los Colombos, Columbos o Columbus
174
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
con los de Colón es llenar los claros que dejaban los
notarios antiguos en todos sus protocolos, cuando no
estaban aún controleados con los índices que más tar-
de en todas las naciones se les obligó a enviar mensual-
mente a Centros superiores.
Después de esta digresión, y aunque creo que queda
perfectamente demostrado que ese Cristófaro Colom-
bo, hijo de Domingo, no es ni puede ser el Almirante,
para mayor abundamiento continuaremos analizando
los documentos de la genealogía colombiana.
Según ellos, Domenico Colombo tuvo cinco hijos,
que fueron: Cristófaro, Bartolomé, Juan Pelegrinoj,
Blanca y Jacobo.
Hay que fijarse que a este último se le llama siempre
Jacobo; pero en la demanda presentada en Saona el 8
de abril de 1500 por Sebastián de Cunes reclamando
una cantidad a "Cristophorum et Jacobum, frates de
Columbis, filios et heredes quondam Dominici", agre-
gan (Raccola, doc. LXXXIII) : ''Se dice del segxuido el
Jacobum díctiim Dteghum."
Claro es que como en esa fecha ya se sabía en todo el
mundo que Cristóbal tenia dos hermanos llamados Bar-
tolomé y Diego, era preciso buscar un documento que
explicase que en España los Jacobos se llamaban Diegos.
Pero aunque sabemos que en Italia y en España San
Jacobo y Santiago se celebran en un mismo día (pues
San Diego es el 12 de noviembre), sabemos también,
y no me dejarán por embustero los italianos ni los es-
pañoles, que aquí como allí, al que llaman Jacobo es
Jacobo, al que llaman Santiago es Santiago, al que 11a-
175
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
man Diego es Diego y al que llaman Jaime es Jaime;
pero jamás (y creo no se me citará un solo caso en
España) a un Jacobo se le llamó Diego, ni a un Diego,
Jacobo, por más que así nos lo diga por cuenta propia
el Sr. Altolaguirre.
Concluiré afirmando que ese Jacobo Colombo no es
el Diego hermano del Almirante, como no lo fueron
tampoco los otros hermanos Juan Pelegrino y Blan-
ca, pues si lo hubieran sido, dado el misticismo del Al-
mirante y el cariño que demostró siempre a sus herma-
nos, es seguro no se habría olvidado de ellos al estam-
par en su testamento, otorgado en Valladolid en 19 de
mayo de 1506 (testimonio en el archivo de Veraguas)
que se digan misas ''en la capilla que se haya de hacer
por mi ánima e de mi padre e madre e muger".
¿ Es posible que se hubiese olvidado de aplicarlas por
el ánima de sus hermanos difuntos ?
Pero como a la genealogía colombiana le faltaba algo
que comprobase que Cristóbal Colón era hijo de Dome-
nico Colombo, puesto que los documentos hasta ahora
analizados demuestran todo lo contrario, había que en-
contrar documentos en que los Colombos de Italia apa-
recieran parientes explícitamente del Almirante. ¿Y
cómo? Muy fácilmente.
Haciéndonos saber por un acta notarial de 20 de
abril de 1489, ante el notario Antonio Fació, que Dome-
nico Colombo tuvo un hermano que se llamó Antonio,
con el cual se obligaba por el resto de la dote de una
hermana, que se llamaba Battistina ; y por otra acta de
4 de junio de 1460 el mismo Domingo, hermano del An-
176
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
tonio, se obliga por éste en el compromiso que contrae
con Antonio de Planie para poner como aprendiz de
sastre a un hijo del Antonio llamado Juan, el cual su-
pone el Sr. Altolaguirre que, como buen sastre, debía
poder mandar un buque de los seis que llevó el Almi-
rante en su tercer viaje del 30 de mayo de 1498.
Este Antonio de Colombo (hay que notar que desde
que se tuvo conocimiento de que el Almirante era de
los de Colón ya los Colombos de Italia se aplican la
partícula de) tuvo cinco hijos, que se llamaron Juan,
Benedicto, Tomás, Mateo y Amigesto.
De éstos se reunieron en Genova Juan, Mateo y Ami-
gesto en II de octubre de 1496, ante el notario Juan
Bautista Peloso, y convinieron que Juan viniese a Es-
paña en busca de Cristophorum de Colombo, almirante
del Rey de España, siendo costeados los gastos por los
tres, con objeto de reclamar del Almirante el pago de un
crédito que contra él tenían, heredado, sin dttda, de su
padre (es bueno recordar aquí, de paso, que el Antonio
padre de ellos tuvo que recurrir a su hermano Domin-
go como garantía para poner a su sobrino el Juan de
aprendiz de sastre, y, por lo tanto, lógicamente pensan-
do, no debía tener responsabilidad en bienes, y menos
en dinero para prestar a su sobrino Cristóbal), y acuer-
dan que si dicho Juan recobra algo del Almirante lo
repartan entre los tres por partes iguales.
Este es el golpe de gracia dado en la genealogía de
los de Columbus para demostrar que éstos son los del
linaje verdadero de los de Colón.
No se consigna la cantidad que Juan viniera a re-
177
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
clamar, porque sí la ponían pequeña, no alcanzaba
para los gastos de viaje, estancia en España, costas del
pleito, si se negaba el Almirante del Rey de España
a entregarle la cantidad reclamada, y si la ponían ex-
cesiva, no habría quien creyese que el pobre Antonio de
Columbus, padre del aprendiz y supongo que ya maestro
sastre Juan de Columbus, pudiera nunca tener gran can-
tidad de efectivo para prestar a su sobrino Cristóbal.
Pero no hay que apurarse, que para todos los ím-
broglios la Comisión Colombiana tiene salida.
Y la forma de probar que este Juan de Columbus
vino a España es, según nos dice el Sr. Altolaguirre,
aquel Juan Antonio Colombo que en mayo de 1496 man-
dó uno de los seis navios que acompañaron al Almiran-
te en su tercer viaje a las Indias, y que, según refieren
algunos historiadores, era pariente de aquél, puesto que
llevaba el primer nombre de su abuelo Juan Colombo
y el de su padre Antonio.
¿Y por qué este Juan Antonio Colombo no había de'
íer el Juan de Colón, marino, de los documentos pre-
sentados con mi ponencia con los números i.", 5.°, 6.°
y 14, o el Antonio de Colón del número 12 y de los
cuales juro sobre los Santos Evangelios su autenticidad?
Conceptúo que tanto el Antonio de Colón como el
Juan de Colón son uno mismo, porque es muy común
el nombre de Juan Antonio en nuestro país ; además es
costumbre llamarles indistintamente por cualquiera de
ellos (i). '
(i) Como prueba de esto, posteriormente a este trabajo, he
leído la Historia de Santo Domingo, escrita por el historiador
178
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Hay también otras razones para asegurarlo: la pri-
mera, que del Juan Antonio Colombo, que mandó uno
de^ los navios del tercer viaje del Almirante, no se vol-
vió a tener más noticia, y es de suponer (creo que pue-
do hacer suposiciones también como los académicos)
que al regresar se vino a Porto Santo, parroquia de
San Salvador de Poyo (Pontevedra), y de simple ma-
rinero se convirtió, a su regreso, en dueño de un cerco
y copartícipe de una capilla en la pequeña catedral de
Pontevedra, o sea Santa María la Grande, construida
por el gremio de mareantes; y la segunda, que es más
propio que un marino mande un navio que un sastre.
Claro es que dada la seguridad con que el Almirante
quiso ocultar su origen, ya se encargaría de obligarle
a llamarse Colombo para que lo creyesen genovés.
En la ponencia de 15 de agosto de 1917 hacía las
siguientes conclusiones a la Comisión de la Real Aca-
demia :
I." El verdadero apellido del linaje verdadero de
Cristóbal Colón, ¿era Colón o Colombo?
2." ¿Creen que haya existido o exista en el mundo
un hombre que supiese escribir y que, habiendo llega-
do a la cumbre de la gloria, no dejase algún documen-
to escrito en el idioma en que aprendió a hablar y es-
cribir?
3.' ¿Conocen algún documento público o privado
cubano Antonio del Monte y Tejada, quien indistintamente le
llama Antonio Colombo y Juan Antonio Colombo. (Véase pri-
mer tomo, páginas 436 y 437, editada en la Habana en 1853.)
179
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
escrito en el idioma que usaba la República de Genova
por Cristóbal Colón?
4.' ¿Conocen algún historiador que haya encontra-
do en Italia en los siglos xv y xvi persona que IIct
vase el apellido verdadero de Colón?
Queda con lo que dejo expuesto anteriormente, per-
fectamente demostrado que el verdadero apellido del
linaje verdadero del Alrnirante era Colón y no Colom-
bo, y, por lo tanto, contestada la primera consulta de
mi ponencia refutando toda la genealogía colombiana
presentada por el Sr. Altolaguirre.
Respecto a la segunda, tercera y cuarta, nada nos ha
dicho este señor, y, en consecuencia, debemos suponer
su conformidad en que es imposible haya existido o
exista un hombre, que, sabiendo escribir, no dejase un
documento escrito en el idioma de la que llama su pa-
tria, ni se conoce ningún historiador que haya encon-
trado en Italia en los siglosxv y xvi el apellido del lina-
je verdadero de los de Colón.
PRUEBA indiciaría
Es tan grande, tan inmensa, tan colosal y tan abru-
madora, que creo debiera llamársele
PRUEBA PLENA DE LA VERDADERA PATRIA DEL ALMIRANTE
CRISTÓBAL COLÓN
Confío en que los lectores, después de comprobar la
exactitud de los datos que presento, de cuya autentici-
dad respondo, y a pesar de los prejuicios que en con-
trario tengan, como los tuve yo, terminarán poj coadyu-
180
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
var en mi propósito de formar un poderoso núcleo de
convencidos que arrolle todos los inconvenientes que se
presenten hasta obtener del Gobierno español nombre
una Comisión de señores Académicos de la Historia y
de la Sociedad Geográfica, libres de toda pasión, que
compruebe y estudie y diga si puede ser genovés el que
solamente lo manifestó así con el deliberado propósito
de ocultar su origen y patria.
Empezaremos, pues, el análisis de esta prueba indi-
ciaria para terminar considerando la plena prueba de
MI ALEGATO.
Después de concertadas las estipulaciones de Santa
Fe entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón, éste,
lleno de fe y con la obsesión de un iluminado, trabajó
sin descanso, venciendo, con la protección de su amigo
fray Juan Pérez de Marchena, las innumerables dificul-
tades que se le presentaron para preparar aquellas ca-
rabelas en las que iba a cruzar el mar tenebroso.
Con objeto de no hacer pesado este trabajo trayendo
a colación los nombres con que quiso distinguir fes islas,
puertos, cabos y puntas que encontraba, y a los cuales
bautizaba dándoles un nombre según la impresión que
en el momento recibía, como Río de Oro, Río del Sol,
Cabo de Palmas, Golfo de las Flechas, La Mar de Nues-
tra Señora, Puerto del Príncipe, Jardines de la Reina,
Las Once Mil Vírgenes, El Dragón, Río de Lima, Río
de Mares, etc., etc., y entre cuyos nombres jamás se le
ocurrió poner el de cualquiera de los diez y siete pueblos
que se disputaron su cuna en Italia, señalaremos sola-
mente aquellos que implican para él un recuerdo.
181
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
He^ ahí por qué al pisar la primera tierra que des-
cubrió el 12 de octubre de 1492, en memoria del Sal-
vador del mundo, la llamó San Salvador, parroquia de
San Salvador de Poyo (Pontevedra).
Aun nadie ha dado contestación a lo que dije en mi
segunda exposición del 24 de mayo de 1917 de por qué
el Almirante la distinguió con el modismo gallego de
San Salvador, y no el Salvador, como era natural, si
hubiese sido genovés.
Continuó poniendo a otras islas los nombres de La
Fernandina, La Isabela, La Juana, en homenaje a los
reyes e infantes de Castilla y Aragón, y cumplido este
deber de cortesía y gratitud, véase la nomenclatura de
la mayor parte de los demás.
Río de San Salvador, Pontevedra.
Puerto Santo, lugar en donde nació, según dice la
tradición, Pontevedra.
Puerto de San Nicolás, Cofradía de los zapateros de
Pontevedra.
La Española, negándose a poner La Castellana (véase
lo que digo a este respecto en mi ponencia del 15 de
octubre de 191 7).
San Juan Bautista, Cofradía de los carpinteros de
Rivera de Pontevedra.
Isla de Santiago, recuerdo de Galicia.
Cabo de San Miguel, Cofradía de los mareantes, de
la que debieron ser cofrades sus progenitores.
La Trinidad, Cofradía la más antigua de Pontevedra,
de la que también fueron cofrades sus antepasados.
182
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Cabo de San Blas, capilla antigua del lugar de San
Blas, a un kilómetro de Pontevedra ^
La Margarita, capilla sobre el río Lérez, en Ponte-
vedra.
Santa Catalina, Cofradía de los sastres de Ponte-
vedra.
Cabo de San Nicolás, Cofradía de los zapateros de
Pontevedra.
Punta de la Galera, término de la isla de Ons, en la
ría de Pontevedra.
Punta Lanzada, término de la ría de Pontevedra, se-
ñalando el viento nordeste.
"La Gallega", carabela en que embarcó en su primer
viaje.
'*La Gallega", nombre dado a otra isla.
''El Gallego", nombre puesto al buque en que hizo
su último viaje su hermano Bartolomé.
¿ Y aun hay quien pueda dudar que el gran Almirante
no llevaba oculto en su alma el nombre adorado de Ga-
Hcia? ¿Podría haber hecho esto un genovés?
No hay descubridor que no se haya acordado de algo
de su patria, y el mismo protegido de Colón, Américo
Vespucio, naturalizado en España, al primer golfo que
encontró le puso el nombre de Golfo de Venecia.
PALABRAS GALLEGAS
El Almirante escribía el romance castellano como se
hacía en aquella época, y cuando se le olvidaba una pa-
labra castellana (no encontramos en todos sus escritos
que la sustituyera una italiana, como era natural): la
183
I
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
sustituía con una gallega, como son, según el Diccionario
gallego de Juan Cuveiro Pinol, las siguientes:
Manada. La mano o puño lleno de dinero y por
extensión el montón de frutos u objetos o el conjunto
de animales, etc. ^ • . • ■
Inchir. Llena^r; lienchir.
Carantoña. Careta.
EsMORECER. Desfallecer, desanimarse hasta el extre-
mo último.
Carrasco. En Pontevedra, en La Coruña, ''Quei-
roa", mata de la tribu senecioidea, leñosito con borra
blanca apretada, hojas lineares con margen revuelta,
maceta compuesta desnuda; crece en los arenales de la
Lanzada y de Cangas, etc.
Espeto. Véase la obra de La Riega.
Oscurada. Oscurecer.
PíxoTA. Merluza
Andar a la relinga. Palabras gallegas propias de las
rías de Galicia.
Tonina. Pez atún y en algunas partes el golfín.
Es preciso fijarse en que las palabras "Inchir" y "Os-
curada" son propias solamente de la ría de Pontevedra,
pues en el resto de Galicia es "Encher" la primera y
"Axexo" la segunda, en la época del descubrimiento de
las Indias occidentales.
También la palabra "Carrasco" es propia solamente
de la provincia de Pontevedra, pues en la de La Coruña
se llama la misma planta "Queiroa"; pero lo más sin-
gular es que, segúa nos lo enseña el autor del Dicciona-
rio gallego D. Juan Cuveiro Pinol, que es el más com-
184
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
pleto que se conoce, crece en los arenales de la Lanzada,
arenales que toman el nombre de la Punta Lanzada, tér-
mino de la ría de Pontevedra, y que debía conocer
bien el almirante, pues existe en la Punta la célebre to-
rre que según cuentan fué construida por los fenicios.
¿ Y puede haber alguien que crea que se le hubiese
ocurrido emplear esas palabras y nombres a un ge-
novés ?
VERSOS DEL ALMIRANTE
Según el cronista Antonio de Herrera, el Almirante
sabía el latín y hacía versos (libro primero, página 212),
y con este motivo en mi ponencia del 15 de agosto
de 1917, decía yo: "Lástima que la Historia no haya
conservado alguno de ellos, pues tengo la seguridad que
los haría en castellano, pues la inspiración poética es
siempre en el idioma patrio."
Afortunadamente, con posterioridad a aquella fecha,
han llegado a mis manos los que puso en el libro de ''Las
Profecías", y que transcribo a continuación:
Es temperancia, tiempo y manera
que todos con tino debemos tener
en nunca tenptar, decir ni hacer
cosa que deba no ser hacedera.
En .esta tan larga y estrecha carrera
a do contino virtud es hallada
sin ser cometida ni ser salteada
del vicio, ni del quedalle dentera.
Folios Lin a LVn. Son varios lugares de Isaías
y de los Paralipomenos, y a la vuelta del último las dos
primeras estrofas de la trova sobre el "Memorare no-
185
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
vissima tua", etc., las cuales están también con las si-
guientes en la hoja 84 postrera de este M.
Memorare con grand tiento
o hombre, cualquiera que seas^ ;
tener siempre en pensamiento
a Dios y su mandamiento
si con él reinar deseas.
Para mientras que prevea,
pues necesario es morir
quen el tiempo de partir
el camino llano veas.
Novissima proveyeron
siempre los Santos varones,
del mundo se suspendieron
a Cristo siempre sirvieron
sufriendo tribulaciones,
carnales de vanidad :
débeste con humildad
refrenar de tus pasiones.
Tua con consideranza
debes muy mucho mirar
y en fin que van a parar
los males y su pujanza,
y la bienabenturanza
que los justos alcanzaron,
que a Dios y a César pagaron
su deuda en igual balanza.
Et tú debes resurtir
tu pensamiento en el cielo,
y de las cosas del suelo
con gran prudencia huir;
y non quieras consentir
ser del vicio subyugado,
siempre seas avisado
a sabelle resistir.
186
PRUDENCIO OTERO S A N C II U Z
Non pecahis si el dolor
de los que mueren pensares,
y la fatiga y terror
que padesce el pecador
contigo bien contemplares;
y si bien considerares
la paciencia que terna
el justo cuando verá
que sale de tantos males.
In CBternum gozarán
los que lo bueno abrazaron
y asimmismo llorarán
porque continuo arderán
los que la malicia amaron;
y pues siempre se agradaron
del mundo y de sus cudicias^
de las eternas divicias
para siempre se privaron.
GOZOS DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA
Gozos den más regocijo
este día que otros días,
que hoy nasció el muy Santo hijo
de Isabel y Zacarías.
Gozoso el Verbo divino
cuando su primo saltaba
en el vientre viejo digno
que su madre visitaba : f
y tú virgen que estarías
al parto de tal sobrino
gozo sin tiento ni tino
recibe con Zacarías.
Como no soy crítico ni filólogo, dejo la decisión de
si es posible que si a últimos del siglo xv y primeros
del XVI habría algún poeta italiano, y especialmente
187
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
genovés, que escribiese los anteriores versos, sin un
solo giro de su idioma ; ei primer estilista español, don
Ramón del Valle-Inclán, a quien he consultado, me
contesta lo siguiente:
"Querido Prudencio: He leído la trova ''Memorare
novissima tua" y otras canciones atribuidas al Almi-
rante e insertas en el ''Libro de las Profecías". Yo soy
lego en estos achaques de erudición y no sé si está en
duda la paternidad de estas canciones. Pero a lo que
yo alcanzo, ni por léxico ni por la construcción parecen
de extranjero. No deja de ser extraño que el Almirante
haya olvidado de modo tan cabal el italiano, y que, sin
embargo, aparezcan en algunos de sus escritos modis-
mos luso-galaicos. — Te estrecha la mano tu pariente,
(Firmado.) Valle-Inclán."
VIAJE INCÓGNITO A GALICIA DEL ADELANTADO
DON BARTOLOMÉ COLÓN
Cuando los Reyes de Castilla D. Felipe y doña Jua-
na desembarcaron en La Coruña, se hallaba entre los
caballeros que los recibieron D. Bartolomé Colón, quien
los acompañó hasta el pueblo de Sanabria.
Según Asensio (tomo II, página 688), hizo este viaje
para recibir y acompañar a los Reyes, lo que no es exac-
to, pues si ésa hubiese sido su intención, hubiera conti-
nuado su viaJ€ hasta la Corte.
Lo que seguramente sucedió es que al estar en Ga-
licia cumplimentando encargos reservados del Almirante,
quien ya veía próxima su muerte, supo el arribo de los
Reyes, y por si llegaban a tener conocimiento de su
1«8
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
estancia en Galicia se presentó en Cortina haciendo
ver que su viaje a esta región era para cumplimentar a
aquéllos y excusar a su hermano el Almirante, por ha-
llarse a la sazón gravemente enfermo.
Al llegar a Sanabria dejó la comitiva y desapareció,
sin que en más de un año se hubiese sabido qué rumbo
tomó ni dónde estuvo, y por esto es por lo que Asensio
(tqmo II, página 888) dice que se supone fué a Roma
a conferenciar con el Papa. Si efectivamente fuera eso
cierto, con toda seguridad la Historia nos hubiera deja-
do algún indicio del viaje, pues no es tan fácil confe-
renciar con el Sumo Pontífice sobre asuntos importan-
ttes €omo la conquista de Jerusalén a base de los rendi-
mientos de las Indias occidentales, sin trámites proto-
colares.
En donde estuvo, seguramente, fué en Pontevedra,
haciendo desaparecer todo vestigio de su origen — de
acuerdo con su pariente JuarT de Colón — , pues es ex-
traño que no existan en los tumbos de las Cofradías
de los gremios de la Santísima Trinidad y de mareantes
de Pontevedra los índices de los siglos xv y xvi, en
los que se hallaban los nombres de todos los cofrades ;
como no se encuentra resto alguno del linaje de los de
Colón, desde el fallecimiento de Juan de Colón, hasta
el siglo XVII, excepción hecha del muy magnífico y i*e-
verendísimo señor maestro Cristóbal Colón, visitador
de las referidas dos Cofradías en los años 1575 y 76,
sobre cuya visita hablaré más adelante al referirme a.
los documentos que presento.
La prueba concluyente de que el adelantado don
189
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Bartolomé Colón no vino a Galicia con ánimo de acom-
pañar a los Reyes hasta la Corte, es que no sólo los. dejó
en Sanabria, sino que pasó más de un año sin que se
hubiese sabido en dónde se hallaba.
Pero si eso no fuese bastante, la carta que el Almi-
rante dirigió a los Reyes a su llegada a La Coruña el
26 de abril de 1506 (en donde se reunieron los prin-
cipales grandes señores del reino), excusándose de no
poder concurrir por la gravedad de sus males (falleció
pocos días después) ni él ni su hijo, y ofrecerles sus
respetos y servicios (véase el tomo III, página 671, del
Conde Roselly de Lorgues), sería más que suficiente
para demostrar que el viaje del adelantado a Galicia no
tuvo por objeto recibir a los Reyes, pues en ese caso,
y dada la corrección con que siempre procedía el Almi-
rante, seguramente hubiese manifestado a los Reyes
D. Felipe y doña Juana que no pudiendo concurrir él
ni su hijo enviaba a su Jiermano para cumplimentarlos
en su nombre.
CONCLUSIONES
Quiero dejar demostradas en este alegato las siguien-
tes conclusiones :
I.* . Que el almirante Cristóbal Colón no era Co-
lombo.
2.^ Que en Genova no existía en aquella época nin-
gún Colón, pues si existiera no habría razón para darle
por padre a Doménico Colombo.
3.* Que no es posible que Cristóbal Colón fuese hijo
de aquél,
190
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
4.* Que si el padre del Almirante ha sido tejedor de
lana, no puede ser padre de este Cristóbal Colón, gran
navegante, pues éste ha dejado dicho que tanto él como
sus antepasados han sido hombres de mar (véase lo que
dice en una de sus cartas a los Reyes).
5.* Que Cristóbal Colón apareció en la Rábida ha-
blando castellano, aunque con acento extranjero.
6.* Que los caracteres gráficos de la letra de Cristó-
bal Colón son españoles y que difieren de la letra ita-
liana de aquella época.
7.* Que no es posible que un italiano dejase de po-
ner, después de haber cumplimentado a los Reyes y
príncipes de España, bautizándolas con sus nombres, a
las tierras que descubría, los de La Genovesa o cual-
quiera de las capitales o regiones de Italia.
8.' Que no se concibe que siendo genovés hiciera caso
omiso de la indicación de los que le instaban a que lla-
mase '*La Castellana'' a una"" isla y le pusiese **La Es-
pañola", y a otra ''La Gallega". ^
9.^ Que el hermano del Almirante, el adelantado
Bartolomé Colón, estuvo en Galicia en la época del
fallecimiento del Almirante.
10.* Que respecto a la tradición que existe en Porto
Santo (Pontevedra), de que allí nació el Almirante,
pedí al socio correspondiente de la Academia señor
D. Juan Fernández Gil hiciese personalmente las ave-
riguaciones que creyese oportunas para comprobarla,
como así lo hizo, poniéndose de acuerdo para ello con
el ilustrísimo señor gobernador civil que fué de esta
provincia D. Luis Tur y Paláu, miembro y secretario
191
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
de la Sociedad Geográfica, ajeno completamente a la
localidad y persona de toda respetabilidad; habiendo
resultado completamente comprobada.
Estas son las conclusiones que yo me prometía some-
ter y probar a la Comisión de la Academia de la Histo-
ria, como así lo decía en mi carta dd 2 de abril de este
año al acaldémico D. Ángel Altolaguirre Duvale, pen-
sando, ¡ torpe de mí !, que teniendo la Real Academia co-
nocimiento de ellas, no faltasen entre sus cincuenta miem-
bros tres que se prestasen por amor a la patria a hacer
el sacrificio de emprender un viaje de veinte horas y
dedicar unos días del estiaje a la más hermosa región
de España.
DOCUMENTOS Y ANTECEDENTES
En la ponencia del 15 de agosto de 191 7, presenté
dieciséis, de entre los cuales retiro los números 10, 11,
I3> 15 y 16 (pertenecientes a la obra de La Riega), y
que exhibía para demostrar a los paleógrafos que vi-
niesen con la Comisión de la Academia que, a pesar
de tildarlos de adulterados, dicen lo mismo que decían
en su prístino estado ; pero no queriendo exponer nada
que no sea auténtico y por ende exento de toda discu-
sión— y por mi honor juro que lo son todos los que pre-
sento— , retiro aquéllos, que se examinarán cuando ven-
ga la Comisión o Comisiones que se nombren para pro-
ceder a la investigación que sea necesaria y hacer la
rectificación histórica que se pide.
Se pretende que para hacer esta rectificación se fa-
brique una nueva genealogía del Almirante, cosa a mi
192
ESPAÑA, PATRIA D'E COLON
entender imposible, puesto que a nadie dijo quiénes fue-
ron sus padres, y a los descendientes de. este grande
hombre les basta con que su genealogía empiece en él.
i Ya quisiéramos todos los .mortales que nuestra ascen-
dencia empezase en el hombre que con su gloria llena
el mundo !
Entre los documentos que presento, los números 7,
8 y 9 son tres actas de visita verificadas en los años 1575
y 76 a las Cofradías de la Santísima Trinidad y de
mareantes, de Pontevedra, por el muy magnífico y re-
verend:simo señor nuestro Cristóbal Colón; el presen-
tar estos documentos no es sólo para demostrar el
apellido de Colón, pues sobran para ello los demás do-
cumentos que presento. Estas actas tienen en mi con-
cepto un interés especialísimo ; es preciso fijarse que
esta dignidad de la Iglesia que no consta que fuera del
Arzobispado de Santiago, a que pertenece Pontevedra,
aparece empleando dos años • en visitar dos Cofradías
(para lo cual no se necesitan más que unos pocos
días) en los años precisamente en que quedó vacante la
sucesión de Colón por falta de varón. ¡Especial coin-
cidencia! ¿Cuál sería el objeto que lo trajo a esta-
cionarse en Pontevedra durante dos años? Esto es
muy significativo, como lo es la estancia del Ade-
lantado en Galicia en la época del fallecimiento del
Almirante. Lógicamente pensando, si el primero venía
buscando antecedentes en esas dos Cofradías para pre-
sentarse con derecho a la sucesión, el segundo no dejó
rastro de ello en el viaje que hizo a esta región, de
acuerdo con el pariente Juan de Colón.
193
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Pero si significativo es lo que antecede, no lo es me-
nos él que habiendo desaparecido en absoluto la rama
de los Colones en Pontevedra, con la muerte de Juan
de Colón, durante más de siglo y medio, volvieran a
aparecer en Pontevedra los descendientes de D. Diego
de Colón, hijo primogénito del Almirante, a fines del
siglo XVII y principios del xviii, como lo prueban los
documentos números 12 y 13, por los cuales se de-
jnuestra que encontraron la fórmula de venir a esta ca-
pital, en donde vivieron durante varios años, como bus-
cando el calor de la tierra que meció la cuna de su as-
cendiente Cristóbal Colón.
Aquí tuvieron propiedades, rentas, capillas — aun-
que no hemos podido averiguar aún de dónde proce-
dian — ; aqui se llamaban descendientes de aquél y aquí
fallecieron algunos de ellos. ¿Por qué no fueron a es-
tablecerse a Genova?
El documento número 4 es lo que propiamente puede
llamarse ''partida de nacimiento del Almirante, hecha
por él mismo".
Y para su demostración, es preciso sean agregados
a la Comisión investigadora dos o tres miembros
de la Sociedad Geográfica, para que informen si cono-
cen alguna carta náutica de aquella época en la que
figuren "puntas y cabos" de dentro de las rías de cual-
quier país, pues las pocas que había de los mares co-
nocidos hasta entonces, sólo determinaban los ''cabos"
de recalada.
Todos los demás documentos sirven para acreditar
194
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
que el apellido Colón existía en Pontevedra antes y
después del descubrimiento de América.
Al dar por terminado este alegato, cúmpleme presen-
tar las fotografías de todos los elementos que hasta hoy
me ha sido posible reunir, y que juzgo son sobradamente
suficientes para justificar de una manera indubitable
que el apellido de los de Colón existía en España (Pon-
tevedra) en la época del descubrimiento de América,
y que han vuelto a radicar aquí casi dos siglos después
los descendientes del Almirante. Son las siguientes :
I." Fotografía de la capilla de Santa María, en don-
de existe esta inscripción: ''Os do cerco de Juan Neto
e de Juan de Colón fixeron esta capella."
2.° Fotografía del crucero de Porto Santo, pertene-
ciente a Juan de Colón.
3.° Fotografía de la transcripción al ferroprusia-
to de la inscripción del mismo crucero, hecha por el
miembro de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra
D. Luis Gorostola Prado.
4.° Fotografía del plano de la ría de Pontevedra,
calcado sobre el plano de Fontán, que tiene noventa
años de existencia, el cual considero como la partida de
nacimiento del Almirante, hecha por él mismo y en don-
de se hallan los nombres de Porto Santo, San Salvador,
La Galera y Punta Lanzada, que son del principio y
fin de la ría de Pontevedra.
5.° Fotografía de una escritura otorgada en 11 de
octubre de 15 16, ante el notario Alonso García de Sisto,
en que Juan Neto y Juan de Padrón dan fianza carce-
laria a Juan de Colón.
195
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
6° ídem de una escritura sobre cuentas de la obra
de la iglesia de Santa María, que rinde Juan de Colón
en 20 de septiembre de 1529, otorgada ante el misrho
notario Alonso García de Sixto.
7.° Fotografías de hojas sueltas de un libro que pro-
cede del gremio de mareantes y se guarda en la Socie-
dad Arqueológica, en que figura girando visita el muy
magnífico y reverendísimo maestro D. Cristóbal Colón
en 1575.'
8.° Fotografía de otra visita igual a la misma co-
fradía, en 1576, por el citado D. Cristóbal Colón.
9.° Otra acta de 28 de diciembre de 1576, de visita
girada por el referido D. Cristóbal Colón a la cofradía
de la Santísima Trinidad. '
io.° Fotografía de una hoja del cuaderno de cuentas
de la cofradía de San Miguel, en poder de la Sociedad
Arqueológica, donde figuran Alonso y Antonio de Co-
lón, compresivo de los años 1480 y 1490.
II.'' Una escritura de 13 de octubre de 15 19, de un
foro hecho de la heredad de Andurique por el Monaste-
rio de Poyo a favor de Juan de Colón, mareante, y de
su mujer, Constanza de Colón, vecinos del Arrabal de
Pontevedra.
12." Escritura de 26 de Febrero de 1731, en poder
de[ doctor D. Joaquín Piñeiro, de compra de dos foros
sobre dos casas en las Curbaceiras, y otra en la calle
de la Pedreira, de Pontevedra, que cobraba doña Ca-
talina Colón de Portugal.
13.° Anotación en el Registro de la Propiedad de
J96
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Pontevedra de un foro otorgado en 9 de marzo de 1775
por D. Miguel Colón de Portugal, vecino de Indias.
14.° Partida de defunción de doña María Benita
Henríguez Bargas y Colón, de 26 de agosto de 1775,
existente en la parroquia de San Bartolomé, de Ponte-
vedra.
Los tres documentos números 12, 13 y 14 sirven para
acreditar que en Pontevedra existieron, en el siglo xviii,
los descendientes del Almirante, y tuvieron propieda-
des, cuyo origen seguramente fué de su ascendiente
Juan de Colón. Suprimimos la fotografía de muchos
otros documentos que acreditarían lo mismo.
Pudiera ampliar este libro con la copia de todos los
documentos que presento ; pero como ello no contiene
más especialidad que la de demostrar la existencia del
apellido Colói^ en Pontevedra antes y después del des-
cubrimiento de América, no quiero fatigar a mis lecto-
res con ello; pudiera también hacerle interminable con
la transcripción del Diario de navegación del Almirante,
con las innumerables cartas y escritos del mismo y con
las cien Reales cédulas dirigidas a él por los Reyes de
España; pero suprimo todo ello porque este libro no
tiene más objeto que poner de manifiesto, con toda cla-
ridad y exactitud, que el Almirante quiso llevar a
la tumba d secreto de su nacimiento, teniendo el deli-
berado propósito de ocultar su origen y patria y que
se llamó en todos sus actos serios Cristóbal Colón, tanto
en España como en Portugal, y que no pudo ser ^e-
noves ni hijo de Doménico Colomho.
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
Réstanme solamente dos cosas: i.° Manifestar mi
gratitud a los señores (Jue formaron la Comisión Prp-
Patria Cdón, y muy especialmente al Sr. D. Rafael Ló-
pez de Haro, presidente de la misma, pues sin ser pon-
tevedrés, no ha dudado ni un solo momento de mis
aseveraciones y me ha alentado siempre para que a des-
pecho de todos los incrédulos continuase mi obra hasta
el fin, seguro de que sería de España la victoria; y
2." Confiar en que no faltará en el Congreso español un
diputado que pida y exija del Gobierno que el ministro
de Instrucción pública nombre una Comisión de aca-
démicos de la Historia y de la Sociedad Geográfica, y
al ministro de Estado para que las demás naciones, es-
pecialmente las americanas, envíen otras para que se
agreguen a la española, y si esta proposición mía no
fuese aceptada, suplicar a mis lectores, si son españoles,
por amor a la patria ; si coterráneos, por amor a la ma-
tria, que es nuestra amada región, y si son extranjeros,
por amor a la verdad, el que, si al terminar la lectura de
este libro adquieren, como espero, el convencimiento ín-
timo, arraigado, de que el marino genial que primero do-
bló el mundo es español, se conviertan en defensores y
propagandistas de la nueva tesis, a fin de que las Repú-
blicas americanas, a las cuales dedico mi trabajo, ponién-
dose en comunicación recíproca y con las demás nacio-
nes, obtengan lo que anhelamos : que se revise a concien-
cia y laalmente este pleito, persuadidos de que su conse-
cuencia será la rectificación histórica que, en el fondo,
no es sino un acto de suprema justicia.
Pontevedra, i8 de septiembre de 1918.
198
APÉNDICES
Terminado ya este libro,, se ha publicado un trabajo
del Excmo. Sr. D. Ricardo Beltrán y Rózpide, eminen-
te jurisconsulto, catedrático de la Universidad Central,
secretario de la Sociedad Geográfica y miembro de la
Real Academia de la Historia, demostrando lo mismo
que vengo yo sosteniendo hace tres años; esto es,
que el Cristóforo Columbo de Genova o de Saona no
ha podido ser ni es el Cristóbal Colón, almirante y viso-
rrey de las Indias occidentales.
Como ese trabajo ratifica mi tesis, aunque difiere
algo de mis deducciones respecto a la edad del Almiran-
te, con la venia del Sr. Beltrán y Rózpide lo transcribo
a continuación.
"CRISTÓBAL COLÓN
Y
CRISTÓFORO COLUMBO
La mayor parte de los modernos autores que tratan
de la vida de Colón consideran los documentos italianos
referentes a Cristóforo Columbo y su familia como la
199
FRU D EN C 10 OTERO SÁNCHEZ
regla de criterio a que hay que ajustar los documentos
españoles, aun los de mayor autoridad, que son las car-
tas escritas por el mismo D. Cristóbal Colón. Si hay di-
vergencia entre unos y otros, se resuelve en último tér-
mino la cuestión afirmando que aquél faltó a la verdad
o la ocultó por estas o las otras razones. Los documen-
tos italianos son asi poco menos que artículos de fe.
Pero cabe adoptar — y es, ciertamente, más razonable —
el procedimiento inverso: tomar como norma crítica y
como si fuera artículo de fe lo que D. Cristóbal Colón
dijo de sí mismo y ajustar a ello lo que digan los docu-
mentos italianos,, aceptando éstos si se hallan de acuer-
do con los documentos españoles, desechándolos si apa-
rece evidente la contradicción o el anacronismo.
Entre las escrituras o actas notariales encontradas en
Genova y en Savona, referentes a una de las familias
apellidadas Columbo que por entonces vivían en aquellas
y otras localidades del norte de Italia, hay algunas en
que aparece y se persona como otorgante o como testi-
go un Cristóforo Columbo o Colombo, hijo de Domini-
co de Columbo y de Susana de Fontanarubea (i).
(i) Estos documentos y otros anteriores y posteriores rela-
tivos a actos y contratos de la citada familia, pueden verse
impresos en la Raccolta di documenü e studi pubblicati dalla
R. Commisione colombiana peí quarto centenario della scoper-
ta deW America, 1892-94. — Vol. I de la parte II.— Además, entre
los varios trabajos en que previo estudio y crítica de estos u
200
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Según escritura de 22 de septiembre de 1470, otorga-
da en Genova, Dominico de Columbo y s« hijo Cristó-
foro se comprometen a aceptar la decisión de un arbitro
en pleito o cuestión que tenían con un acreedor. Seis
días después, el 2^, dicta fallo el arbitro condenando al
padre y al hijo a pagar determinada cantidad.
En 31 de octubre del mismo año, Cristóforo de Co-
lombo, hijo de Dominico y mayor de diez y nueve años,
en presencia y con autorización, consejo y consentimien-
otros documentos se identifica al Cristóbal Colón, descubridor
de América, con el Cristóforo Columbo, lanero de Genova,
merecen citarse preferentemente los siguientes:
Cristophe Celomb: son origine, sa vie, ses voyages, sa fa-
mille est ses descendants, d'aprés des documents in%its tires
des archives de Genes, de Savone, de Séville et de Madrid:
études critiques par Henry Harrisse.— París, 1884.— Dos vo-.
lúmenes.
Etudes critiques sur la vie de Colomb avant ses découver-
tes: les origines de sa familíe: les deux Colombo, ses pré-
tendus parents; la vraie date de sa naissance; les études et
les premieres compagnes qu'il aurait faites; son arrivée en
Portugal et le combat naval de 1476; son voyage au Nord;
son établissemcnt en Portugal; son mariage; sa famille portu-
gaise, par Henry Vignaud.— París, 1905.— Un volumen.
La patria de D. Cristóbal Colón, según las actas notariales
de Italia, por D. Ángel de Altolaguirre.— En el Boletín de
la Real Academia de la Historia, marzo de 1918, o sea
tomo* LXXII, páginas 200-224.
No faltan autores que han so^nido lo contrario; esto es
que Colón no perteneció a la familia de Dominico de Columbo]
entre ellos los que, como Ambiveri, Corbani, Peretti y Fran-
ceschi, en Italia, y García de la Riega, en España, creen que
el descubridor de América no fué genovés.
201
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
to del padre, declara que debe determinada cantidad por
una partida de vino que había comprado.
En 1472 están en Savona el padre y el hijo. El 20 de
marzo, Cristóforo de Columbo, lanero de Genova, es tes-
tigo en un testamento otorgado en aquella ciudad. Los
demás testigos, cuyo oficio también se indica, son tres
sastres, un tundidor y un zapatero.
El 26 de agosto de 1472, Dominico, lanero, y su hijo
Cristóforo se reconocen deudores de un tal Juan Signo-
rio, a quien habían comprado siete quintales de lana.
Al año siguiente, el 7 de agosto de 1473, Susana, hija
de Jacobo de Fontanarubea y esposa de Dominico de
Colombo, ratifica, ante notario de Savona, la venta que
de una cUsa había hecho su marido, con el consentimien-
to y la presencia en el acto de Cristóforo y Juan Pele-
grino, hijos de Dominico y Susana.
Esta familia de Columbos o Colombos parece ser la
misma a que se refirió, a principios del siglo xvi, el no-
tario Antonio Gallo, Canciller del Banco de San Jorge,
en Genova, diciendo que el descubridor de las nuevas
tierras occidentales era un sobrino de Antonio Colombo,
el hermano de Dominico, con quien Gallo estaba en re-
laciones, pues hubo entre ellos préstamos o cesiones de
crédito.
En los documentos citados y en otros se fnenciona a
Dominico y sus hijos y j)arientes como cardadores de
lana, tejedores de paño, tenderos, hormeros y sastres (un
hijo del Antonio Columbo aparece como aprendiz de
sastre). Fueron, pues, estos Columbos gentes de oficio
manual, y además, de escasos recursos o algo manirro-
202
ESPAÑA, PATRIA DE C O L O A
tos, a juzgar por las deudas que contraían. Dominico y
Cristóforo tenían bastantes acreedores, y algunos de és-
tos, creyendo que el afortunado descubridor de países
en que abundaba el oro era el Cristóforo Columbo, su
deudor, se pusieron en movimiento para hacer efectivo
el crédito. Tal es el caso de los hermanos Juan, Mateo y
Amigeto de Columbo, los que — según consta en una de
esas innumerables actas notariales que nos van dando
cuenta de todo lo que hacía la documentada familia — se
comprometieron, en ii de octubre de 1496, a costear el
viaje que uno de ellos, Juan (el antiguo aprendiz de
sastre), debía hacer a España en busca del pariente rico
y personaje, para exigirle el pago de la deuda. Este com-
promiso no tuvo resonancia más allá del protocolo del
notario; no hay noticia de que el viaje se efectuara ni
se sabe que el Almirante ni nadie en España se diera
por enterado de la gestión de los Columbos.
Después de Gallo y en el primer tercio del siglo xvi,
Seranega y Giustiniani copian en sus obras lo que aquél
dijo, con algún otro detalle que hacía resaltar la humil-
de posición social de los Columbos y la escasa instruc-
ción o cultura intelectual que tenía el Cristóforo. Aun
vivían Fernando Colón, el hijo del Almirante, y Barto-
lomé de las Casas, y uno y otro negaron el parentesco
de Cristóbal Colón con semejante familia.
Resulta, pues, que, según los documentos y citas men-
cionados, Cristóforo Columbo fué un lanero o tejedor,
como su padre, y que con éste se dedicaba a la compra
de lana y de vino; que el medio social e intelectual en
que vivió era el propio de artesanos o gentes de oficio ;
203
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
que en ninguna de las escrituras en que aparecen Cris-
tóforo y los Columbo hay la menor alusión a viajes que
aquél hiciera por mar ni a su profesión de marino ; que
en los años 1470 a 1473 estuvo en Genova y en Savona;
que en el día 31 de octubre de 1470 tenía diez y nueve
años cumplidos, y que, por consiguiente, había nacido
en 1450 o en 145 1.
Este fué Cristóforo Columbo.
II
¿Quién fué Cristóbal Colón?
El primer documento que debe mencionarse, como
punto de partida de las breves consideraciones que voy
a hacer, es la llamada Carta rarísima, que Colón diri-
gió a los Reyes Católicos, fechada en *'las Indias, 'en la
isla de lamaica, a siete de lulio de mil i quinientos y
tres años".
En ella se lee el siguiente párrafo :
"lo uine a seruir de ueinte i ocho años, i agora no
tengo cauello, en mi persona, que no sea cano, i el cuer-
po enfermo, i gastado quanto me quedo de aquellos, i
me fue tomado i hendido, i amis hermanos fasta el saio,
sin ser oido, ni uisto con grandes honor mío" (i).
Sabiendo cuándo y a quién vino a servir Colón, con
(i) "Copia de la Carta que escriuio Don Cristoual Colon,
Virrey y Almirante de las Indias, a los Cristianissimos i mui
poderosos Reí y Reina de España nuestros señores, en que les
notifica quanto le ha acontecido en su uiaje; i las tierras, Pro-
204
ESPAÑA, PATRIA DÉ COLON
veinte y ocho años de edad, tendremos base para fijar
la época de su nacimiento.
Del párrafo transcrito se han dado varias interpre-
taciones.
I." Tenia veintiocho años cuando vino a servir a los
Reyes Católicos-, Y ¿en qué época fué esto? Es opinión
general que vino Colón a España a fines de 1484 o prin-
cipios de 1485.
Poco más o menos, con la relativa exactitud que cabe
cuando el que escribe no s« propone precisar fecha, por-
que trata de otro asunto e incidentalmente habla de
tiempos que pasaron. Colón, al aludir en sus cartas a la
época en que vino a España y entró al servicio de los
Reyes, se refiere siempre a. un periodo comprendido en-
tre 1483 y 1486.
En la misma carta de 1503, en párrafo anterior al
transcrito, quejándose del mal pago que en Castilla se
había dado a sus servicios, decía: "poco me án aproue-
chado ueinte años de seruigio, que io he seruido con
tantos trabaxos, i peligros".
Si »n julio de 1503 contaba veinte años de servicios,
€g que había venido a servir a mediados o fines de 1483.
En otro pasaje de la citada carta escribe: '*Si®te años
estuve io en su Real Corte, que a cuantos se fabló de
esta empresa, todos auna dixeron que era burla; agora
fasta los sastres suplican por descubrir." Resulta, pues,
que de los ocho años que mediaron poco más o menos
uincias, Ciudades, Ríos y otras cosas marauillosas, y donde ai
minas de Oro en mucha cantidad, i. otras cosas de gran ri-
quega y ualor." — Existente en la biblioteca particular de S. M.
205
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
entre su llegada a España y su salida hacia lo descono-
cido, siete los pasó en la Real Corte.
En la carta que hacia fines de 1500 escribió al ama
(que había sido) del Príncipe D. Juan, llamada doña
Juana de la Torre, decía Colón: *' Siete años se pasaron
en la plática y nueve ejecutando cosas muy señaladas y
dignas de memoria..." (i). Es decir, diez y seis años
antes de fin de 1500, o sea desde 1484. A fin de este
año, o meses antes (puesto que las pláticas no pudieron
empezar en el día en que Colón puso el pie en España)
llegó a territorio español. Lo confirma la ''hoja suelta
en papel de mano del Almirante escrita 51 parecer (fines
de i5c>o) cuando le trajeron preso", y que empieza así:
"Señores: Ya son diez y siete años que yo vine a
servir estos Príncipes con la impresa de las Indias : los
ocho fui traído en disputas, y en fin se dio mi aviso por
cosa de burla" (2). Según este documento, son diez y
siete los años anteriores a fin de 1500; podemos, pues,
llegar a 1483, y como hubo ocho años de disputa, y las
Capitulaciones de Granada son de abril de 1492, la dis-
puta o las pláticas pudieron empezar a principios de
1484.
También hay datos sobre el particular en el Diario
del primer viaje de Colón (3). En las anotaciones del
(i) Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron
por mar los españoles desde fines del siglo xv, por D. Martín
Fernández de Navarrete. — Tomo I, página 266.
(2) Colección de los viajes, etc., de Fernández de Navarre-
te.— Tomo II, página 254.
(3) " Este es el primer viaje, y las derrotas, y caminos que
206
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
lunes 14 de enero de 1493, se lee: "y ihan seido causa
que la Corona Real de vuestras Altezas no tenga cien
cuentos de renta más de la que tiene después que yo
vine a les servir, que son siete años agora a veinte días
de enero este mismo mes" (i). Como se ve, aqui precisa
mucho Colón, pues fija hasta el día en que empezó a
servir. Debe referirse a alguna disposición de los Reyes
en dicha época, favorable a sus pret^^nsiones, probable-
mente la de que, acatada la guerra de Granada, resol-
verían sobre aquéllas, y entre tanto le admitían en la
Corte a su servicio, mandando que se le diera para ayu-
da de costa algunos miles de maravedís, como se hizo,
cuando ya llevaba tiempo en Andalucía padeciendo ne-
cesidad y pobreza, agotados o muy escasos los recursos
que le proporcionaban algunas personas a quienes vino
recomendado o los que obtenía como ''mercader de li-
bros de estampa".
Aun habla Colón en la historia del tercer viaje de los
*'seis o siete años de grave pena" que pasó antes de que
los Reyes determinaran "questo se pusiese en obra" (2) ;
y otra vez aparecen los siete años y las disputas en una
hizo el almirante D. Cristóbal Colón cuando descubrió las
Indias : en la Colección de los viajes, etc., por Fernández de
Navarrete. — Tomo I, páginas 1-66.
(i) Colección de los viajes^ etc., por Fernández de Nava-
rrete.— Tomo I, página 137.
(2) "La historia del viage quel Almirante D. Cristóbal Co-
lon hizo la tercera vez que vino a las Indias cuando descubrió
la tierra firme, como lo envió a los Reyes desde la Isla Espa-
ñola."— Colección de los viajes, etc., por Fernández de Nava-
rrete.— Tomo I, página 242.
207
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
carta que escribió al Rey y la Reina, y cuyo borrador-
está en el Libro de las Profecías (i); carta que no tie-
ne fecha, mas por citas y notas que hay en este libro se
deduce que corresponde al año i5or. ''S'ete años, dice,
pasé aqui en sm Real Corte disputando el caso con tan-
tas personas de tanta autoridad y sabios en todas artes,
y en fin concluyeron que todo era vano, y se desistieron
con esto dello : después paró en lo^que Jesucristo Nues-
tro Redentor dijo." Como se vé, aqui los siete años con-
cluyen con la negativa de los Reyes a favorecer los pro-
yectos de Colón.
En suma, resulta que hubo siete u ocho años de plá-
ticas antes de 1492, y contando alguna que otra ausen-
cia de la Corte y el tiempo transcurrido desde que vino
Colón a España hasta que entró al servicio de los Re-
yes, llegaremos a los ocho o nueve años anteriores al
1492, o sea a i483-i?^84.
Pero mi objeto en este estudio no es precisar el año
en que vino Colón a España o en que empezó a servir
a los Reyes; es fijar los Hmites extremos del periodo
en que pudo hacerlo y demostrar que, sea cual fuere el
año en que esto sucedió, Cristóbal Colón no podía tener
(i) Carreiponde esta carta al folio IV del Libro, según
la descripción que de él hizo D. Juan Bautista Muñoz. Hállase
dicho libro en la Biblioteca Colombina, y la carta figura im-
presa en la Colección de los viajes, etc.^ de Fernández Navarre-
te, tomo II, página 262. Más datos hay en el discurso que sobre
el tema Libros y autógrafos de D. Cristóbal Colón leyó en
1891 el Dr. D, Simón de la Rosa ante la Real Academia Sevi-
llana de Buenas Letras.
208
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
la edad que un acta notarial atribuye a Cristóforo Co-
lumbo.
Colón vino a Castilla, o vino a servir, o empezó a ser-
vir a los Reyes Católicos, o empezaron las pláticas o la
disputa, etc., etc., entre 1483 y 1486. Por entonces, en
uno de estos años, Colón tenía veintiocho. No podía ser
mayor de diez y nueve años el 31 de octubre de 1470,
que es la edad que, según acta notarial, tenia Columbo
en dicho día.
2.' Colón no dice que tenía veintiocho años cuando
vino a servir a los Reyes Católicos, sino cuando vino a
servir, sin expresar dónde ni a quién. Pudo referirse
a la época en que empezó a servir a otros, como a Rene
o Renato de Anjou, el enemigo de la Casa de Aragón,
o al llamado Coulon o Coullon por los franceses, Cullan
por los portugueses, Colón por los españoles y Colom-
bo o Colomb por los italianos y demás autores extran-
jeros, el mayor de los corsarios que en aquellos tiem-
pos había y en cuya compañía estuvo y anduvo mucho
tiempo Cristóbal Colón, según escribieron el hijo de
éste, D. Fernando, y el P. Las Casas, aunque refirién-
dose a Colón el Mozo, que acompañaba a Colón el Vie-
jo en las últimas correrías (i).
Lo mismo Fernando Colón que Las Casas transcri-
ben parte de una carta en que Colón, en enero de 1495,
(i) Historia de las Indias escrita por fray Bartolomé de las
Casas, obispo de Chiapa, ahora por primera vez dada a luz,
por d marqués de la Fuensanta del Valle y D. José Sancho
Rayón.— Madrid, 1875.— Libro I, capitulo IV, en el tomo I,
página 51.
209 34
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
decía a los Reyes : *' A mí acaeció que el Rey Reynel
(Rene o Renato), que Dios tiene, me envió a Túnez
para prender la galeaza Fernandina, etc." (i). Esto, se-
gún erudito y razonado estudio que hace años publicó
D. Ángel de Altolaguirre, debió ocurrir en 1472 (2).
En cuanto a las campañas que Cristóbal Colón pudo
hacer a las órdenes o al servicio del corsario francés — a
quien en los últimos tiempos, como se ha dicho, acom-
pañaba otro corsario llamado Colombo Júnior, Colón el
Joven o Colón el Mozo, ''hombre muy señalado de su
apellido y familia" (3), es decir, del apellido y familia
de Cristóbal Colón — preciso es referirlas también a esta
época, entre 1472 y 1477, puesto que parece que Colón
se estableció en Portugal después del combate naval del
Cabo de San Vicente, librado en agosto de 1476 entre
los citados corsarios y los portugueses por una parte y
naves genovesas por otra.
En este punto no cabe llegar a deducciones autoriza-
das por escritos de nuestro Almirante, que tal vez no
quiso aludir nunca al período de su vida en que sirvió
al que ''espantaban con su nombre hasta los niños en la
cuna" (4), al orgulloso, al insolente, al perverso Colón
de que nos habla Alonso de Falencia, al "crudelísimo pi-
(i) Historia de las Indias, etc., por Las Casas ; libro I, ca-
pítulo III, en el tomo I, página 48. — Historia del Almirante
D. Cristóbal Colón, por Fernando Colón. — Capítulo IV.
(2) "Llegada de Cristóbal Colón a Portugal", en el Boletín
de la Real Academia de la Historia, tomo XXI, página 481.
(3) Según frase de D. Fernando Colón.
(4) Frase de D. Fernando Colón refiriéndose a Colón el
Víozo, en el capítulo V de la Historia del Almirante,
^ 210 •
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
rata Columbo" citado en las Cartas del Senado vene-
ciano (i), aquel "Capitán de la Armada del Rey de
Francia", según frase de Zurita, que pirateó a favor
de éste y del Rey de Portugal contra Aragón y Castilla
y que atacó o intentó acometidas contra puertos de Viz-
caya y de Galicia en 1474 y 1476. Hay que atenerse a
pasajes de Fernando Colón y del P. Las Casas y a es-
tudios de modernos investigadores y críticos, y dar por
muy probable que, a consecuencia del combate antes ci-
tado, Cristóbal Colón, que iba con los corsarios, fijó su
residencia en Portugal.
En aquel combate ardieron las naves, y muchos de
los tripulantes se arrojaron al agua. Uno de ellos fué
Cristóbal Colón, que a nado y con ayuda de un remo o
tabla u otro medio salvador pudo llegar a la costa del
Algarve. A esto, sin duda, se refiere en tina de sus car-
tas, que ha conservado Las Casas, y que empieza así :
**Muy alto Rey, Dios, nuestro Señor, milagrosamen-
te me envió acá por que yo sirviese a Vuestra Alteza ;
dije milagrosamente porque fui a aportar a Portugal,
a donde el Rey de allí entendía en el descubrir más que
otro, él le atajó la vista, oído y todos los sentidos, que
en catorce años no le pude hacer entender lo que yo
dije. También dije milagrosamente porque hobe cartas
de ruego de tres Príncipes que la Reina, que Dios haya,
vido y se las leyó el doctor de Villalón" (i).
(i) Coleccionadas con otras muchas por el Sr. Salvagnini
en el volumen III de la parte II de la Raccolta.
(2) Carta sin fecha ; pero del texto de Las Casas se deduce
211
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Transcribo íntegro este párrafo porque sirve para
confirmar lo que se ha indicado respecto a la época de
llegada de Colón a Portugal. En efecto, quiere aquél
decir que en o dentro de un período de catorce años
hubo negociaciones o tratos, que pudieron durar o inte-
rrumpirse más o menos, para convencer al portugués,
sin poderlo conseguir, de la existencia de tierras al oes-
te de Europa. Se han contado los catorce años antes de
la venida de Colón a España, es decir, inmediatamente
antes de 1483-1485 ; mas conviene tener en cuenta que
las gestiones con Portugal se prosiguieron después de
la venida de Colón a España. Consta que en marzo de
1488 había correspondencia entre Colón y el monarca
portugués, y que éste le daba seguridades para que pu-
diese volver a su Reino (i). En el mismo párrafo trans-
crito se lee que la Reina vio cartas de tres Príncipes
dirigidas a Colón: quiénes eran esos Príncipes nos lo
dice éste en otro escrito suyo, la hoja suelta ya men-,
clonada, en los siguientes términos: "y en fin se dio mi
aviso por cosa de burla. Yo con amor proseguí en ello,
y respondí a Francia y a Inglaterra y a Portogal, que
para el Rey y la Reyna, mis Señores, eran esas tierras
y Señoríos. Las promesas no eran pocas ni vanas".
que debió escribirse en mayo o junio de 1505. Historia de las
Indias, etc., por fray Bartolomé de las Casas; libro II, ca-
pítulo XXXVII, en el tomo III, página 187.
(i) Carta del Rey de Portugal a Cristóbal Colón. Original
en el Archivo del duque de Veragua y publicada por Fer-
nández Navarrete en su Colección de los viajes^ etc., tomo II,
página 5.
212
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
De modo que cuando aquí en España se acogía el
proyecto de Colón como cosa de burla y éste proseguía
en su pretensión cerca de los Reyes, hacíanle ruegos y
valiosas promesas Francia, Inglaterra y Portugal. Aun-
que Colón exagerase y diera mayor importancia de la
que tenía a esos ruegos y promesas, lo cierto es que
hay motivos suficientes paia creer en la continuación de
las negociaciones pendientes con Portugal hasta 1490
o 1491, es decir, mientras Colón no tuvo seguridad de
que los Reyes de España iban a facilitarle los medios
de acometer la empresa. Por consiguientis si de 1490
a 1491 restamos los catorce años mencionados, estare-
mos en 1476 ó 1477, época generalmente admitida, se-
gún se ha dicho, como la de llegada de Colón a Portu-
gal. Con ella, con la época en que fué a aportar a Por-
tugal, relaciona Colón los catorce años, según se dedu-
ce del párrafo antes transcrito (i).
(i) Aportó Colón a Portugal catorce años antes de dar
por terminadas las negociaciones con Juan II para ir a descu-
brir. Según escribió D, Fernando en su citada Historia, estan-
do Colón en Portugal "empezó a conjeturar que del mismo
modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía,
podría navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en
aquel viaje". Después, en el capítulo X ,de la misma obra,
añade que cuando su padre trató de "correr el Océano bus-
cando las tierras referidas", propuso la empresa al Rey don
Juan. Este, como príncipe, y aun con el título de Rey (llegó
a coronarse como tal el 11 de noviembre de 1477), gobernaba
en Portugal desde 1476^ o sea cuando Colón llegó a este país,
y después también durante las prolongadas ausencias de su pa-
dre Alfonso V.
213
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
De todo lo dicho resulta como conclusión, en cuanto
al problema capital aquí planteado, que Cristóbal Colón
sirvió a Renato de Anjou y a los Colones corsarios en-
tre 1471 y 1476 (i). Si en cualquiera de estos años tenía
veintiodho de edad, había nacido entre 1443 y 1448. No
podía temr diez y nueve años en octubre de 1470.
3.' La rotunda afirmación que hace el Almirante de
que tenía veintiocho años cuando vino a servir a los Re-
yes de España no se aviene con las varias opiniones se-
gún las que Colón murió entre los sesenta y los setenta
años de edad. Por esto se ha indicado la posibilidad de
un error de copista, que escribió veinte y ocho en lui,^ar
de treinta y ocho o cuarenta y ocho. Admitida tal su-
posición, resultaría que nació Colón entre 1445 y 1448,
o entre 143 5 y 143^, y si nos atenemos a servicio hecho
a los otros, entre 1433- 1438, o entre 1423-1428. Elíjase
el año que se quiera, no podía tener diez y nueve años
en octubre de 1470 (2).
(i) Para los hechos de este período pueden leerse, además
de las partes correspondientes de la Raccolta y del citado es-
tudio del Sr. Altolaguirre, el del Sr. Paz y Melia, que se
titula "Más datos para la vida de Cristóbal Colónj", y fué
publicado en la revista El Centenario, 1892, números 2,^ y 24.
(2) Para poner ^de acuerdo la edad de Columbo con la edad
de Colón se ha dicho que acaso entonces, en Genova, bastaría
tener diez y nueve años para determinados actos o contratos, y
que el notario, con la frase major annis decemnovem quiso
decir que Cristóforo Colum^bo era mayor de diez y nueve
años, aunque menos de veinticinco, por lo cual podía tener
hasta veinticuatro años. Así, en el supuesto de los treinta y
ocho años cuando Colón vino a servir a los Reyes Católicos,
214
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
III
Además de la diferencia de edad entre Columbo, la-
nero, y Colón, marino, hay manifiesta incompatibilidad
entre uno y otro desde el punto de vista de la habitual
residencia y por la clase social a que pertenecían.
Por los documentos italianos sabemos dónde estaba y
qué hacía Columbo en varias épocas del periodo 1470-
1473. Resiciía en Genova y en Savona, compraba vino
y lana, era de profesión lanero y vivía entre gentes ái
su clase, modestos menestrales, zapateros, tundidores,
hormeros, fruteros, tenderos y sastres (que de todo hay
en las actas notariales de Italia), oficio éste de algún
individuo de la familia Columbo y del que tan pobre
idea tenía íColón, pues ya hemos visto cuan des,pectiva-
mente habla de los sastres en la carta de 1503.
Entretanto, Colón navegaba,, pues había entrado en
la mar desde su más pequeña edad, y se hacía el marino
atrevido, inteligente y experimentado que él mismo nos
retrata en sus escritos (i) y confirma con sus hechos.
pudo Colombo haber nacido en el mism-o año que aquél, en
1446, por ejemplo^ tener veinticuatro años en 1470 y ser, por
consiguiente, mayor de idiez y nueve. Aparte otras considera-
ciones, eruditos estudios acerca de la legislación vigente so-
bre el particular en aquella época han demostrado que no hay
fundamento para tal interpretación. (Véase Vignaud, obra ci-
tada, páginas 222-229 y 254-267.)
(i) Entre otros puede verse la earta a los Reyes de 6 de
febrero de 1502, en que expone observaciones sobre el arte
de navegar: Cartas de Indias, página 7.
215
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Navegando, y no cardando lana o tejiendo paño, pudo
adquirir los conocimientos y la práctica del mar que le
pusieron en disposición de acometer y realizar el descu-
brimiento de las Indias. *
En 21 de diciembre de 1492 decía Colón: ''Yo he an-
dado veinte y tres años en la mar, sin salir della tiempo
que se haya de contar, y vi todo el Levante y Poniente,
que dice por ir al camino de Septentrión, que es Ingla-
terra, y he andado la Guinea.. i" (i).
Si los veintitrés años se cuentan desde el día en que
escribe, estaba en la mar desde principios de 1470. Si
por haber salido del mar durante el tiempo — que valía
la pena de contarlo — en que estuvo en España, debe ha-
cerse el cálculo de los veintitrés años antes de venir a
nuestra patria, llegaremos a 1460' ó 1461. En tal caso,
es evidente que hacia 1470-73, cuando Coltimbo corn-
praba vkio y lana, y actuaba de testigo en testamentos
y comparecía en otros actos notariales. Colón era y te-
nía que ser bien conocido como hombre de mar en la
localidad en que hubiese nacido y donde residiera su
familia. Si él hubiera sido el Columbo que se obliga y
testifica en Genova y en Savona, no es verosímil que
en las correspondientes escrituras, en que se hace cons-
tar el oficio de los que otorgan o comparecen, se omitie-
se su profesión de marino para adjudicarle un oficio
que no ejercía.
Hay otro documento que aún más declara la profe-
(i) "Derrotas y caminos que hizo el Almirante, etc.", en
la Colección de los viajes, etc., de Fernández de Navarrete,
tomo I, página loi.
216
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
sión a que sa dedicó Colón durante toda su vida. Es la
carta antes citada que se conserva con el Libro de las
Profecías en la Biblioteca Colombina. En el principio
de la carta decía Colón: "Muy altos Reyes: De muy
pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he con-
tinuado fasta lioy. La mesma arte inclina a quien le pro-
sigue a desear de saber los secretos deste mundo. Ya
pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo
lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado." Como
se ve, resulta de esta carta lo mismo que de la cita del
Diario de viaje, correspondiente al 21 de diciembre
de 1492, o sea la de los veintitrés años andados en la
mar antes de 1483- 1484. En 1501 Colón nos dice que
ya pasaba de los cuarenta años el tiempo durante el cual
venía naveganfío; por tanto, navegaba — sin descontar
aquí salidas del mar — desde 1460 ó 1461.
IV
Volvamos a la carta del 7 de julio de 1503, la más
importante de todas las que escribió Colón. Es el único
documento en que nos habla de su edad. Clara y ter-
minentemente dice que tenía veintiocho años cuando
vino a servir. •
Hay que aceptar la primera de las interpretaciones a
que antes me he referido : Colón vino a servir a los Re-
yes Católicos a los veintiocho años de edad, y no cabe
referir la frase a otros servicios.
Tal o cual pasaje dudoso de cualquier documento
debe interpretarse ante todo en relación con el texto del
217
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
mismo. La carta de 1503 está dirigida a los Reyes Ca-
tólicos; a ellos viene siempre refiriéndose Colón, y la
frase *'io uine a seruir de ueinte y ocho años" está in-
mediatamente a continuación de otras en que aquél ha-
bla de las tierras que obedecen al Rey y Reina de Espa-
ña... de las tierras que hubo puesto bajo su Real y alto
Señorío..., de que él fué preso y echado con dos her-
manos en un navio... que nadie podría creer que iba a
alzarse contra sus Reyes... sin causa ni sin brazo de
otro Príncipe... y teniendo todos sus hijos en la Real
Corte. La duda acerca de si se trata o no de servicios
a los Reyes de España sólo cabe en quien no haya leído
la carta.
Y leyendo más, 10 que sigue a veint^ y ocho años y
antes he transcrito — ^''i agora no tengo cauello, en mi
persona, que no sea cano, i el cuerpo enfermo" — , se
comprenderá por qué Colón alude a la edad que tenía
cuando vino a servir a los Reyes Católicos. Se ve bien
claro que Colón lamenta su prematura vejez. Poco más
o menos viene a decir esto que hubiera dicho en caste-
llano más moderno :
"Era yo muy joven cuando vine a servir a VV. AA. ;
no tenía más que veintiocho años, y tanto he trabajado
y tanto he sufrido que ahora, en 1503, a los cuarenta y
ocho años, estoy liecho un viejo, completamente canoso,
enfermo y abatido."
Otro documento hay que plenamente confirma esta
conclusión relativa a la juventud del Almirante. Es la
hoja suelta antes mencionada, de fines de 1500, o sea el
papel escrito de propia mano del Almirante, que, origi-
218
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
nal, se conserva en el Archivo del Duque de Veragua y
que, según D. Martín Fernández de Navarrete, es una
minuta o borrador de la carta que escribiría, cuando le
trajeron preso, a algunas de las personas que le favore-
cían en la Corte, interesándolos en su d«Bgracia.
Empieza Colón hablando de los años que transcurrie-
ron y disputas que hubo antes de poder acometer la em-
presa de las Indias, y continúa : "Allá he puesto so su
Señorío (el de los Reyes) mas tierra que non es África
y Europa, y mas de mil y sietecientas islas, allende la
Española que hoja mas que toda España. En ellas se
cree que florecerá la Santa Iglesia grandemente.— Del
temporal se puede esperar lo que ya diz el vulgo.— £»
siete años hice yo esta conquista por voluntad Divina.
Al tiempo que yo pensé de haber mercedes y descanso,
de improviso fui preso y traído cargado de fierros, con
mucho deshonor mío, y poco servicio de SS. AA.— La
causa fue formada en malicia. La fe de ello fue de per-
sonas civiles, y los cuales se habían alzado, y se quisie-
ron aseñorear de la tierra. La fe y este que fue a esto,
levaba cargo de quedar por Gobernador si la pesquisa
fuese grave. ¿Quién ni adonde se juzgará esto por cosa
justa? Yo he perdido en esto mi juventud, y la parte
que me pertenece de estas cosas y la honra dello." Co-
lón, pues, el mismo Colón y de su propio puño y letra
nos deja escrito que había perdido su juventud en los
siete años (1493-1500) en que hizo la conquista de las
Indias. Esta juventud perdida es la del hombre que vino
a servir a los Reyes de España cuando tenía veintiocho
años de edad, y los sirvió, conquistando todas aquellas
219
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
tierras e islas, entre los treinta y siete y los cuarenta y
cuatro o cuarenta y cinco años. Al llegar a esta edad ya
nos dice que había perdido su juventud, ya se conside-
raba viejo. Escribe, pues, a fin de 1500 lo mismo que
había de escribir a mediados de 1503.
Si, como se ha supuesto, murió Colón (1506) entre
los sesenta y los setenta años, ¿qué juventud era esa
que había perdido en los siete años de conquista? ¿La
juventud de los cuarenta y siete a los cincuenta y cua-
tro años? ¿La juventud de los cincuenta y siete a los
sesenta y cuatro años?
No parece que Colón ni nadie pueda llamar juventud
a estos períodos de la vida del hombre. Sin embargo,
dada la confusión que suele haber entre los conceptos
de juventud y virilidad, cabe sospechar que al hablar
de aquélla quiso referirse Colón a la edad viril, la com-
prendida entre los treinta y cincuenta años poco más o
menos, esa edad en que vulgarmente se dice que aún se
es joven... porque no se ha llegado a viejo. Esta pudo
ser la relativa juventud perdida por Colón entre 1493
y 1500. En tal caso, podría admitirse el error del co-
pista que escribió veintiocho en lugar de treinta y ocho,
resultando así que en 1483-85 Colón tenía treinta y ocho
años, que, por consiguiente, había nacido hacia 1446,
que había perdido el vigor propio de la edad TÍril, es
decir, lo que él llamaba juventud, entre los cuarenta y
siete y los cincuenta y cuatro años, y que cuando lamen-
taba su prematura vejez, tres años antes de morir, tenía
cincuenta y siete o cincuenta y «cho, edad en que, por
220
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
regla general, sólo presentan el aspecto de senectud los
hombres que han sufrido y trabajado mucho.
Pero, de todos modos, con más o con menos años,
aunque siempre dentro del límite de esa juventud rela-
tiva que una y otra vez se atribuye, Colón había estado
en la mar desde 1461, o sea veintitrés años antes de
1484, y estaba navegando desde 1461 ó 1460, o sea cua-
renta años largos antes de 1501. Y admitido el error
del copista, aun estará también de acuerdo con las an-
teriores afirmaciones la que hizo D. Fernando Colón
con referencia a otro escrito de su padre (i), a saber:
que había empezado a navegar a los catorce años de
edad, es decir, en 1460,
**
En resumen. Colón nació cuando él lo dice, veintiocho
años antes de su venida a España, o treinta y ocho años
antes, si así lo dijo, pero hubo error de copia en el do-
cumento tantas veces citado.
Colón fué marino y empezó su vida de hombre de mar
cuando él lo dice, desde muy pequeña edad; veintitrés
años antes de su venida a España, o sea hacia 1460 ó
1461 ; cuarenta años ya cumplidos antes de 1501, es de-
cir, hacia 1460 ó 1461, cuando muy pequeño, niño aún,
si nació hacia 1456, o ya entrado en la adolescencia, si
nació hacia 1446, debía acompañar en sus navegaciones
o en otras faenas del mar a los mayores de la descono-
cida familia a que perteneció.
(i) En el capítulo IV de la Historia del Almirante, etc.
221
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Colón aportó a Portugal cmndo él lo dice, hacia
1476, o sea catorce años antes de dar por terminadas
sus gestiones para convencer al monarca lusitano.
Colón vino a España para entrar al servicio de sus
R^yts cuando él lo dice; esto es, en 1483-1485.
Colón murió cuando tenía cincuenta y uno o sesenta
y un años de edad; achacoso, envejecido, con todo el
aspecto del hombre que ha llegado a lo setenta años.
Por esto, los contemporáneos que hablan de la edad de
Colón le suponen más viejo de lo que era.
Cristóbal Colón, por último, el hombre que escribió
la carta de 7 de julio de 1503 y las demás que de él se
conocen, no puede ser el Cristóforo Columbo, lanero y
humilde menestral de Genova. Entre todos los escritos
de Colón hay siempre relativa conformidad, aun admi-
tiendo distintas interpretaciones. No la hay de ningún
modo, tómense los documentos que se tomen, háganse
las interpretaciones que se hagan, entre los escritos de
D. Cristóbal Colón y las citas y escrituras de Genova y
Savona referentes a Cristóforo Columbo.
El Colón de los documentos españoles no es el Co-
lumbo de los documentos italianos.
Para que Cristóbal Colón, el navegante desde la más
pequeña edad por todos los mares conocidos de su tiem-
po, pudiera ser el sedentario artesano e industrial de la
familia Columbo-Fontanarubea de Genova, habría que
rasgar todos los papeles escritos por el primer Almi-
rante de las Indias y suponer en éste, con el propósito
de ocultar su origen, tal previsión de lo porvenir, que
se pasó la vida calculando qué era lo que debía consig-
222
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
nar acerca de sus primeros años para anticiparse a des-
mentir lo que resultase de documentos que siglo tras si-
glo fueron apareciendo en los protocolos notariales de
Genova y Savona.
Ricardo Beltrán y Rózpide,
de la Real Academia de la Historia.
Septiembre de 1918.
Crucero en el lugar de Porto Santo, parroquia de San Salvador de Poyo,
frente a la casa en qxie la tradición dice que nació Cristóbal Colón. La
inscripción dice: "Juan Colon J?" año 1490", La R° puede ser "Recuerdo" ,
"Reconstruido'" o "Reedificado" .
• 5 o
; . ex. <j
i I t ^
4v
<■
í^.
•1-
■^^
""I
te
"O o
O « '^
^•2
M''
-i
<o ^-^
,-:í
/ •^'
e2f<o\;r\jií^e^^y ^
<L^ >y^
: ; ^iv^ e^ _i vir^^rS '^'^ n&iL
L
.^^4
&¿SKr":c.
^dH^j_^.5^^^
^^
Escritura ocorgada en 11 d^ octubre de ISIS a;iíg c/ Notario Alonso Gar-
cía de Sisfo, en que Juun Neto y Juan de Padrón dan fianza carcelaria
por Juan de Cclón. Esta escritura o su protocolo se halla en poder del
Archivero del Notariado D. Rafael López de Haro.
t^' " " ^ '^ "^' ''*'' '^ ^^
ív fe ^^ «ya:
^^I^I^Dn,.^
K YVi;
a
-^^ -^^ ^ -^2f-e ^-y>k) >--VÍ7 (^ WxJ^rfvV
rl '7 -^
rv^í-
v9c\s <C ^ ? v« tn jOX efe .^<^
«r^r^l^
v^
jj3v;-aBjr_»«^'^.
Escritura otorgada en 21 tit? septiembre de 1529 aníe el Notario Alonso
García de Sisto, en que rinde cuentas de la obra de la iglesia de Santa
María Juan de Colón. Se halla este protocolo en el Archivo del Notariado
a cargo del Notario D. Rafael López de Haro.
y
^
•/" — N
•*0
tf '<
#
/■o/a suelta de un libro de visitas del gremio de Mareantes que se guarda
en la Sociedad Arqueológica de Pontevedra a cargo de su Presidente,
D. Casto Sampcdro. en que aparece girando visita en 1575 el Muy Mag-
nífico y Reverendísimo Señor Maestre D. Cristóbal Colón.
H*i fn^ví^S
áwiirtir ■ -^ i'-^>^i>**^'^ ""- „/"-■■- r:^ ^ -^ . ^^ ^ ^ .^,......
Foja suelta de un libro de visitas del gremio de Mareantes que se guarda
en la Sociedad Arqueológica a cargo de su Presidente. D. Casto Sampedro.
en que aparece en 1576 girando visita el Muy Magnifico y Reverendísimo
Señor Maestro Cristóbal Colón.
\^m!d/¡iíi'i '■^f'^^ Ócj:^!^ VM^hy^yj, ¿¿ñ
__.•*«,,!! --T^ÍAy
- ' ^£xfmf.
^_^«.«^r^'-vx-^^^^^,^.^^^_v...^^,;..-M,
. i.ft« r^ ,t ;4 *^ 3t/ vi ÜaÍ*^- ^Aír
^i.
"v¿/i A.WjrV//
•ikz^'r»
t^'f^ 2 '-é'^^r K^i^r^Ff- ^^^J%^ a:^ ^ mx^
V *?>v „'-/- 41.,»,^^ x,^ n:»;í A « f,^ ^rf v^.</7'ui •v'i-.^^^-v £*t^^
T-
/leía de 28 de diciembre de 1576, entrante en 1577, gue í^ halla en el
Archive de la Cofradía de la Santísima Trinidad a cargo del Cura de la
parroquia de Santa María, en cuya Acta aparece girando ínsita el Muy
Magnifico y Reverendísimo Señor Maestro Cristóbal Colón.
■y^'
r~::.j^-r>.ív'^>.y.
4"
/,^i
¡fei^^
Foja del cuaderno de cuentas de la Cofradía de San Miguel (Marineros),
en poder de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra a cargo de su Pre-
sidente, D. Casto Sampedro, en que figura Ant.'' o Alfonso de Colón, cuyo
cuaderno comprende de 1480 a 1490.
\
j.J ? >^M*^j^i*^ y^^*^^^^'^ ' ^
t
,Q, . ., .' r^^^f^o.'f- .uf... b.:r;: c.r^.. c-¿.
^^7^'
,,":^-
Escritura de 13 de octubre de 1519 de un foro hecho de la heredad de
Anduriqíie , en San Salvador de Poyo, por el Monasterio de San Juan
de Poyo, a favor de Juan de Colón, mareante, y de su mujer, Constanza
Colón, vecinos del Arrabal de Pontevedra. Se halla esta escritura en
poder del hijo de D, Celso García de la Riega.
"^^r
Tou 1x1$ j^MOXe
^¿?? ,yp«/^ G?^^ iMt2te Q6uP díMaí d^ -
íJCtr
QUl
9AlO
w
t-
%je^faM4r; ^M^C^^^, -^A4>i%% ^^..Usthu.-4
fia.%- Q^ciMívx J^LÁ» f^^/^ay^áúars'. olLo^ QuíUs duifn &üj(Uí Ct. ua»o^»4^
, ^^ Máp %a/:
.A
k Oy>^
Escritura de 26 d^ /^í,r^ro de 1731, ^« /,od^r ¿W Dr. D. Joaquín Piñeirc, de
Pontevedra de compra de foros hechos por este señor, sobre tres casas dos
en las Curbaceiras (frente a Porte Santo) y otra en la calle de la Pedreira
de Pontevedra, que cobraba D.^ Catalina Colón, de Portugal, descendiente
del Almirante.
^tmm
^ó
>^f^
^rA^'lM
O) u
í- S
íi a 5»
55
I J I ... ti iP—w P^füfpw
-i *^1
L.
'o kcULíOt Uf ^- ^'a.ltft-n^
^ t^'/^.c»".!»- t^-trur*. /hin%%^. Aa-f-gaJ MCfUríj
¿Cu ^^^M/i
1
.1-L'Z^£\.Lu. Jc^^.nn,^^^
^
// ''
/^^..í^ ^,r>.Á^¿^^r^,e^^r>... c^'L ¿'..^f^^n^f^r^'^p-.
<Aitíttit.Crí í(w.
(■r.nixU. r.0ni
..^
^■u^'/^ru. ¿XI M) ¿a-H^if
ÁAt
..«?'. .'^y^^ y^i*n<¿ 0.
'"tf'Á^ .
V . ;/A'- '^<t *"
.;^^.-
>'■■■•. 1
gil
1 -^
Partida de defunción de D.» María Benita Henriquez Bargas y Colón
de 26 agosto de 1773, existente en la parroquia de San Bartolomé,
de Pontevedra.
II
El distinguido ñJólogo D. J. M. Riguera Montero,
de Coruña, uno de los mcás entusiastas defensores de
La Riega y de su tesis Colón, español, ha publicado una
hoja, Colón, gallego (Apuntes para un libro), que me
tomo la libertad de agregar a mis traijajos.
''COLÓN, GALLEGO
(Apuntes para un libro.)
El conocimiento de las palabras conduce al conoci-
miento de las cosas. Un nombre es muchas veces un mo-
numento histórico, y el estudio anatómico de la etimo-
logía de las lenguas, desdeñado por ignorantes, es fe-
cundo.
X. Por esto, un gran maestro de la ciencia de las len-
guas afirma con razón que, desde el punto de vista eti-
mológico, no hay nombres propios, y que la distinción
dé nombres propios y comunes, que todos los gramáti-
cos establecen en su capítulo del sustantivo, se disipa a
la claridad de la etimología. No hay, pues, nombre pro-
pio que no haya comenzado por ser nombre común sig-
nificativo. Si la significación se ha perdido, no por eso
ha dejado de tenerla y puede volverse a hallar.
225
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Para comprobación de estas verdades conviene decir
algo sobre el origen de los apellidos, cuyos elementos,
entre otros, fueron principalmente formados:
a) De la derivación del nombre paterno en el se-
gundo caso o genitivo de la declinación latina, tanto ais-
ladamente como acompañado de los vocablos filius,
pignus, proles (hijo, prenda, prole), verbigracia: Pela-
gius, filius Ruderici; Sancius, ptgnus, Ordonni; Mun-
nium, proles Giiterrici. Et sic de caeteris. Pelayo, hijo
de Rodrigo; Sanche, prenda de O r dono; Munio, gens-
ración de Gutierro, etc., etc.
Estos genitivos latinos se hispanizaron con la termi-
nación eúskaro-ibérica az, ez, iz, que significa de, indi-
cación de procedencia o descendencia de familia : Pela-
yo Rodríguez; Sancho Ordóñez; Munio Gutiérrez, et-
cétera, etc. De donde resultan: Díaz y Diez, hijo de
Diaco, Diago o Diego ; Alvarez, de Alvaro ; Domínguez,
de Domingo; Fernández, de Fernando; Martínez, de
Martín; Ramírez, de Ramiro; Ferrándiz, de Ferrando,
etcétera, etc.
h) De los reinos, provincias, ciudades, pueblos, lu-
gares: España, Valencia, Granada, Salvatierra, Burgos,
Villalba, Vaamonde.
c) De los árboles, arbustos, plantas: Carballo, Ro-
mero, Acebedo, Fraga, Soto, Castaño.
d) Del reino mineral e infinidad de objetos que ha-
cen parte de la Tierra: Roca, Peña, Montes, ' Oíero,
Seijo, Sierra.
e) Del modo de vivir u oficio a que se dedicaban:
226
I
ESPAÑA, PATRIA DÉ COLON
Guerrero, Mesonero, Tejedor, Quintero, Sastre, Ba-
llestero.
f) De un edificio, partes del mismo, muebles o me-
naje: Castillo, Palacio, Paredes, Telia, Mesa, Cocina.
gj Del estado eclesiástico y cargos de la Magistra-
tura, empleos, dignidades y títulos que tuvo alguno de
los antepasados: Abad, Alcalde, Conde, Marqués, In-
fante, Duque.
h) De la edad, de los defectos corporales, de las
buenas o malas cualidades y de otras varias circunstan-
cias: Mozo, Calvo, Delgado, Bravo, Cortés, Lozano.
i) Del color de la cara, del pelo o de los ojos: Blan-
co, Albo, Pardo, Moreno, Rubio, Canoso.
j) De los animales: León, Lobo, Cordero, Becerra,
Cuervo, Zorrilla.
k) De algún mote o apodo que pasaba de padres a
hijos: Redondo, Cuadrado, Cervicón, Cabezón, Nari-
gón, Cicerón (cicero), del latín cicer, cícerts, el garban-
zo, porque el célebre orador romano o alguno de sus
ascendientes tenía en la nariz una verruga de la forma
de un garbanzo.
Prescindiendo de otras muchísimas causas a que de-
ben su origen los apellidos, concretémonos boy al de
Colón. < i
Haremos notar, ante todo, que el eminente escritor
D. Ricardo Beltrán y Rózpide, de la Real Academia de
la Historia, secretario general de la Real Sociedad Geo-
gráfica, en una de sus últimas obras, intitulada Crista^
227 > - -'':-'■',
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
bal Colón y Cristóforo Columho, que acabo de leer, lle-
ga en su crítica luminosa a esta importante conclusión :
''El Colón de los documentos españoles no es el
columbo de los documentos italianos.
Cristóbal Colón, el hombre que escribió la carta de 7
de julio de 1503 y las demás que de él se conocen, no
puede ser el Cristóbal Columbo, lanero y humilde me-
nestral de Genova. Entre todos los escritos de Colón
hay siempre relativa conformidad, aun admitiendo dis-
tintas interpretaciones. No la hay de ningún modo, tó-
mense los documentos que se tomen, háganse las inter-
pretaciones que se hagan, entre los escritos de D. Cris-
tóbal Colón y las citas y escrituras de Genova y Savona
referentes a Cristóforo Columbo.
Para que Cristóbal Colón, el navegante desde la pe-
queña edad por todos los mares conocidos en su tiempo
pudiera ser el sedentario artesano e industrial de la fa-
milia Columbo-Fontanarubea de Genova, habría que
rasgar todos los papeles escritos por el primer Almi-
rante de las Indias y suponer en éste, con el propósito
de ocultar su origen, tal previsión de lo porvenir que
se pasó la vida calculando qué era lo que debía consig-
nar acerca de sus primeros años para anticiparse a des-
mentir lo que resultase de documentos que siglo tras
siglo fueran apareciendo en los protocolos notariales de
Genova y Savona."
• Fácilmente se comprende el grande interés que para
la Historia encierra la conclusión establecida por el se-
ñor Beltrán y Rózpide, en abierta oposición al falso
dogma de COLON, GENOVES.
228
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Nada de extraño tiene, en consecuencia, que escrito-
res italianos tan notables como Ambiveri, Corbani, Pe-
retti y Franceschi, citados por el mismo Beltrán y Róz-
pide, no crean que el descubridor de América haya sido
genovés; ni que los graves historiadores ingleses, ale-
manes y norteamericanos, Harrisse, Vignaud y Mahein,
después de pacientes y laboriosas investigaciones histó-
ricas, hayan asegurado sarcásticamente que todos los
documentos, auténticos y fidedignos, en que las nueve
o diez ciudades italianas se apoyan para disputarse y
destruirse reciprocamente el honor de haber sido h
cuna del descubridor del Nuevo Mundo, se guardan
reunidos en un archivo municipal al lado del violín de
Paganini. . .
Veamos ahora el origen del apellido Colón.
Así como el vocablo cervicón es nombre aumentativo
de cerviz, parte posterior del cuello, colón lo es de coló,
en gallego; cuello, en castellano.
Por esto. Valladares Núñez, en su Diccionario Ga-
llego-Castellano, nos presenta como ejemplo: "Neno,
vent'ó meu coló. Niño, ven a mis brazos, vente a mi
seno, ven a cogerte a mi cuello, etc. ¡ Cantas veces n'o
coló te levei ! ¡Cantas dormidle n'o meu coló! ¡Cuán-
tas veces en mis brazos, contra mi seno, te llevé! ¡ Cuán-
tas dormiste en mi regazo!"
Luego, el apellido Colón (cuellazo en catellano) es
un nombre genuinamente gallego, que sólo entre galle-
gos pudo primitivamente formarse para llevarlo más
229
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
tarde como apellido el osado nauta pontevedrés, que,
con su portentoso genio, borró los limites del mundo
hasta entonces conocido.
Resulta, pues, que, como los apellidos encierran una
idea y derivan de ideas, la etimología y significación de
aquéllos nos revelan la naturaleza de la persona.
Es tanta la importancia que en algunas naciones suele
darse a este género de estudios, que Alemania, antes
de la guerra, tenía doce filólogos que consagraban ex-
presamente sus vigilias a desentrañar estas cuestiones.
Y en Inglaterra se viene estudiando desde el siglo xvi
la cuestión del origen de los apellidos por hombres tan
notables como Camden, Kemble y Lov^er, cuyo libro,
en la tercera edición, contiene tres veces tanto como la
primera y doble que la segunda.
De modo que la etimología del apellido Colón nos
lleva como por un hilo al descubrimiento de la verdade-
ra naturaleza del primer almirante y virrey de las
Indias.
♦
Por otra parte, la historia de los descubrimientos geo-
gráficos nos patentiza que los descubridores bautizaban
con nombres de pueblos o lugares de su patria las tie-
rras que descubrían o conquistaban.
Así, vemos- que los nombres que Colón impuso a di-
ferentes islas y lugares que sucesivamente iba descu-
briendo en sus viajes, son exactamente los mismos que
recordaba y admiraba de los puntos de Pontevedra, don-
de nació y jugó en los primeros años de su infancia, sin
230
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
acordarse para nada de los de otras naciones o pro-
vincias.
Estos incesantes recuerdos que consagraba a Ponte-
vedra, y las palabras y locuciones puramente gallegas
que Colón espontáneamente empleaba en sus escritos,
bien claramente nos demuestran que, si el estilo es el
• hombre, el lenguaje es el pueblo, estilo y lenguaje en
que se refleja el vinculo sagrado que le tenía unido a
su adorada Galicia, el profundo y santo amor que sen-
tía por sus INOLVIDABLES PATRIOS LARES !...
J. M. RiGUERA Montero.
La Coruña, abril de lííiQ.'
III
Un año después, en 1920, D. Rafael Calzada publicó
en" Buenos Aires un libro titulado La patria de Colón,
del que reproduzco los siguientes capítulos :
COLON NO HABLABA EL ITALIANO
Los Reyes Católicos y la Corte entera aceptaron de
buena fe que aquel hombre fuese extranjero. Si él tenía
interés en ocultar su patria, nadie podía tenerlo en dudar
de que la que se atribuía como propia fuese o no la
verdadera ; dada la magnitud de la empresa con que so-
ñaba, eso era lo de menos. ¿ Que hablaba bien el caste-
llano y lo escribía con tanta corrección como un natural
de Castilla ? Esto nada tenía de particular y, además, él
sabría explicarlo perfectamente. Una permanencia ac-
cidental en España, durante sus primeros años, largas
navegaciones entre compañeros españoles, el estudio
empeñoso del idioma por soñar siempre con la protec-
ción de Castilla..., cualquier circunstancia de éstas, u
otra parecida, podía hacer verosímil su dominio del
castellano, bien que para más de uno habrá sido tal
dominio necesariamente sospechoso.
233
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
De cualquier manera, lo cierto es que todo convence
de que aquel hombre faltaba a la verdad al llamarse ex-
tranjero. Sus hechos demuestran que no conocía el ita-
liano. En su correspondencia con el famoso cosmógrafo
Toscanelli, al_ consultarle sus proyectos, ni se llama nun-
ca compatriota de éste, siquiera para hacérsele más gra-
to, ni emplea jamás el italiano, tanto que Toscanelli le
tenía por subdito del rey de Portugal, y así lo dice en
su carta de 1574, la segunda transcripta en la recorda.da
Vida del Almirante, cap. VII, con estas palabras: "Por
lo cual y otras muchas cosas que podrían decirse, no
me admiro que tengáis tan gran corazón, como toda la
nación portuguesa, en que siempre ha habido hombres
señalados en todas empresas." Como se ve, le consi-
deraba portugués y enaltecía a Portugal, procurando
halagar, probablemente, de ese modo, su amor patrio.
Como es de suponer, Colón no podía decir a Tosca-
nelli que fuese italiano, puesto que el embuste que-
daría en descubierto por el hecho de no conocer el idio-
ma. El mismo Lorenzo Ghiraldi, que lo puso en rela-
ción con Toscanelli, jamás insinuó a éste que Colón fue-
se su compatriota, como con toda seguridad lo habría
hecho si lo tuviera por tal. A todo esto puede agre-
garse que Colón dirigió un mensaje a la Señoría de
Genova, el Oficio de San Jorge, ofreciendo el diezmo
de sus rentas para disminuir el impuesto que gravaba
las "vituallas comederas" en aquella ciudad; y ese men-
saje lo escribió en castellano — así se conserva en el Mu-
seo Municipal de Genova — , cuando lo natural, dirigién-
dose a la más alta autoridad de "su patria", habría sido
234
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
que lo hiciese en italiano y, muy particularmente, en
genovés.
Sus biógrafos, aun aquellos que pasaron años y años
tratándole en la mayor intimidad, como el P. Las Ca-
sas, no dicen que, ni por casualidad, se le hubiese es-
capado una sola palabra ni una sola exclamación en ita-
liano. De su única interjección dice su hijo Fernando
(cap. III) : "Yo juro que jamás le vi echar otro jura-
mento que ''¡Por San Fernando!", y cuando se hallaba
más irritado con alguno era una reprensión decirle : "¡ Os
doy a Dios!, porque hicisteis esto o lo otro." ¡Un ita-
liano sin soltar un ''¡Cristo !...", o un "¡Sacramento!",
o algo parecido, que tan bien sienta y tanto consuelo nos
trae en ciertas circunstancias, y, en cambio, jurando
¡Por San Fernando!, probablemente la más española de
todas las interjecciones!
Toda exclamación, mejor aún, toda interjección,
como acto primo, viene forzosamente a nuestros la-
bios en el nativo idioma. Preguntad a un italiano o a
un francés, que hablen perfectamente el español y vi-
van entre españoles, cuál es la exclamación que sueltan
al recibir un garrotazo : a buen seguro que no se con-
tentan con un beatífico "¡Por San Fernando!". Esto
está bien para un español, muy español y muy creyente.
Napoleón, que sólo había pasado su niñez en Córcega,
cuando se hallaba en la intimidad, empleaba muy fre-
cuentemente exclamaciones o chistes en italiano, en el
amado idioma, no olvidado nunca, de sus primeros
años. Según sus biógrafos. Le Cases y O'Meara, su
médico, que estuvieron años a su lado en Santa Elena,
235
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
no escaseaba las interjecciones en italiano. Cuando se
refería al gobernador de la isla, Hudson Lowe, decía
a cada paso que era un boia, un hugiardo, un shirro si-
ciliano che ha qualchc o.getto cattivo in vista; y, hablan-
do de su Josefina, solía decir que era la donna piú gra-
dosa di Francia (i). ¿Cómo es que los íntimos de Colón,
tan prolijos en relatar ciertas menudencias de su vida,'
cuando ya fué Almirante, no nos dicen nada que a esto
se parezca ?
Sus cartas de carácter íntimo, como todas las dirigi-
das a su hijo Diego, escritas de su puño y letra, están
en castellano. Lo están igualmente todas las notas relati-
vas a sus gastos, sus créditos, sus deudas, etc., caso in-
verosímil si su idioma nativo fuese otro. En la interesan-
tísima colección de Los autógrafos de Cristóbal Colón,
publicados en 1892 por la duquesa de Berwick y de Alba,
descendiente del Almirante, todos inéditos y tomados de
su archivo, existen varias de esas notas, de las que,
como ejemplo, transcribo la que sigue, puesta al dorso
de un conocimiento por 100 castellanos de oro (todo él
autógrafo), dado por Cristóbal Colón en 22 de octubre
de 1 501 para un viaje a Sevilla: "En los ciento cin-
cuenta mil de que después le di conocimiento se descon-
taron éstos, los cuales 150.000 me mandaron adar s. a.
por ayuda de custa en sebilla en henero." Transcribo
otra nota puesta por el mismo Colón al dorso de una
carta que le escribió su concuñado Miguel Muüart:
(i) Doctor Barry O'Meara : Napoleón en el destierro. Pa-
rís, 1898. Páginas 58, 131, etc., tomo I, y 49, 59, 99, etc., tomo II,
236
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
''Carta de miguel muliart dti 29 mil maravedís que me
debe'' (i). Para mí, de igual modo que para cuantos
quieran mirar este asunto con la serena imparcialidad
que requiere, €sas notas, con toda su sencillez, son una
elocuente demostración de la nacionalidad de quien las
puso. Cada cual anota las cosas que le interesan en su
propio idioma. Suponer lo contrario es ir contra lo que
nos enseña la misma naturaleza. Todo ser busca siempre
la manera de aminorar trabajo, de disminuir dolor, y es
evidentemente mayor trabajo escribir en idioma ajeno,
por bien que se lo domine, que en el propio.
Cierto que Colón anotó algunos de sus libros en la-
tín— el ''latín macarrónico" del Almirante, según Lom-
broso, en su recordado estudio psicológico — ; pero no
olvidemos que ése era el idioma en boga entre los eru-
ditos de aquel tiempo, especialmente entre los hombres
de iglesia, y su empleo, ya que lo conocía, representaba
un buen alarde de superioridad, tan de acuerdo con su
carácter. Saber latín era encontrarse por encima de la
vulgaridad, que era lo que Colón buscaba y necesitaba.
Los libros que leía los anotaba invariablemente en
castellano o en latín. Yo recordaba haber visto esas no-
tas en la Biblioteca Colombina de Sevilla; pero ante el
natural temor de que no me fuese fiel la memoria, escri-
bí sobre el particular al Sr. Torres Lanzas, jefe del Ar-
chivo de Indias en aquella ciudad, el cual me contestó:
"En la Biblioteca Colombina hay varios libros con ano-
(i) Autógrafos de Cristóbal Colón, por la duquesa de
3erwick y de Alba. Madrid, 1892. Páginas 41 Y 47-
237
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
taciones de Colón: le citaré algunos: De Consuetudini-
bus et conditionibus orientalmm regionum, obra del ve-
neciano Marco Polo. Contiene numerosas notas margi-
nales de Cristóbal Colón, tnX^im. —Vidas de los ilus^
tres varones, de Plutarco. Contiene anotaciones en cas-
te llano/*
La mejor prueba de que Colón no conocía el italiano
nos la da él mismo en la carta que dirigió a Genova en
27 de diciembre de 1504, al embajador Nicolao Oderigo,
cuando, entre otras cosas, k dice; "... EJ suplimiento
del viaje en esta Ierra para que le deis a Micer Juan Luis
con la otra del aviso, al cual escribo que seréis ei. lec-
tor Y ENTÉRPRETE DE ELLA." Colón, como se ve, en-
cargaba a Oderigo, conocedor del castellano por su larga
residencia en la Corte de los Re}>es Católicos, que fuese
intérprete, es decir, que tradujese a Micer Juan Luis
la carta que él le anunciaba. Pues "si Colón era italiano,
¿por qué no escribía esa carta en su idioma, con lo
cual no necesitaría Juan Luis de ningún intérprete?
Sencillamente, porque no lo sabía.
Para terminar sobre este punto. Léase cualquiera de
los escritos de Colón, de los indubitablemente suyos,
como una de las cartas a su hijo Diego, un capítulo de
su Eibro de las Profecías, sus versos contenidos en los
folios Lili a LVIII de ese mismo libro, y la impre-
sión que dejan no es otra sino la de que aquello sola-
mente un español pudo haberlo escrito. Su bella página
dedicada a la bahía de Porto Santo, que es "persona-
lísima", la cual más adelante se transcribirá, no sólo es
un modelo de sentimiento, sino hasta de estilo lleno d%
238
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
naturalidad y elegancia. ¿ Cuándo pudo Colón asimilar-
se el castellano de esta manera ? ¿ Mientras cardó lana y
atendió su taberna en Genova? ¿Mientras residió en
Lisboa, donde no se sabe que haya tratado a ningún
español? ¿A bordo de los barcos italianos en que fué
corsario? Imposible, imposible, imposible. Quien así
escribía aprendió el castellano en España, y no viejo ya,
porque en edad madura no se aprende ningún idioma
con perfección, y menos con la necesaria para poder
versificar en él. He aquí, como prueba, la última estrofa
de su trova glosando el Memorare novissima tua (i):
**/« ceternum gozarán
Los que lo bueno abrazaron
Y asimismo llorarán
Porque continuo arderán
Los que la malicia amaron ;
Y pues siempre se agradaron
Del mundo y de sus cudicias
De las eternas divicias
Para siempre se privaron."
Humbolt, que tan a fondo estudió la psicología de
Colón, era un verdadero admirador de la manera como
escribía el castellano, aun reconociendo sus incorreccio-
nes. Según él, para poder apreciar toda la riqueza y la
brillantez del estilo del insigne navegante, era preciso
conocer nada menos que los secretos de nuestro idioma,
caso en realidad más que estupendo si ese idioma no hu-
(í) Relaciones y cartas de Cristóbal Colón, Biblioteca Clá-
sica, tomo CLXIV, página 340.
239
PRUDENCIO OTERO S A N C H ri Z
biese sido el propio de Colón, el aprendido ^or él en sus
primeros años. He aqui cómo lo dice el gran historiador :
"En estos cuadros de la naturaleza (¿por qué no dar
tal nombre a trozos descriptivos llenos de encanto y de
verdad?), el viejo marino muestra algunas veces una ri-
queza de estilo que sabrán apreciar los iniciados en los
secretos de la lengua española y prefieren el vigor del
colorido a una corrección severa y acompasada." (i)
Demasiado se me alcanza que, a pesar de todo, no ha
de faltar quien sostenga que el lancrius genovés, maduro
ya, se fué a España y "se apoderó" del castellano con
tanta perfección, que llegó a escribir en ese idioma estro-
fas tan elegantes y de tanta pureza gramatical como la
que dejo transcripta; pero... sé también que eso no tiene
remedio. Es muy dueño cada cual de sostener lo que
mejor le cuadre. Por de pronto, no ya los hijos de Italia,
en quienes la buena fe y el patriotismo excusarían has-
ta la mayores exageraciones : son los voceros españoles
del "Colón genovés" los que tienen la palabra.
VI
AUTÓGRAFO DE COT-ÓN DEMOSTRATIVO DE QUE ESTE
NO ERA ITALIANO
Hemos visto que Colón no empleaba el italiano ni aun
cuando era de rigor que lo emplease, de lo cual tenemos
que deducir, por una regla elemental de buen sentido,
(i) Humboldt: Cristóbal Colón y el descubrimiento de
América, tomo II, capitulo IX.
240
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
que no lo conocía. Pero ¿ es que en realidad no lo cono-
cía, o es que, aun conociéndolo, no le parecía conveniente
hacer uso de él? Afirmo categóricamente que el idioma
italiano no era el de Colón, que apenas lo conocía ; y de-
m strado esto, llegaremos necesariamente a la conclusión
de que el Descubridor, al decirse genovés, se atribuyó
una falsa patria, mientras no se pruebe lo contrario.
Veamos. El doctor D. Simón de la Rosa y López,
miembro que fué de la Real Academia Sevillana de Bue-
nas Letras, en el discurso que pronunció en 1891, con
motivo de su ingreso en aquella Corporación, trató exten-
samente una materia de tan excepcional interés como los
libros y autógrafos del Descubridor existentes en la Bi-
blioteca Colombina de Sevilla. Dijo en su discurso el se-
ñor de la Rosa que había tenido la suerte de encontrar
**ocho códices que pertenecieron a D. Cristóbal, dos ma-
nuscritos y seis impresos, conteniendo cuatro de estos úl-
timos en los márgenes varias anotaciones de su puño
y letra, y los restantes, otros signos demostrativos de la
misma procedencia" (i). Entre otras muchas cosas, a
cual más interesante, dijo que había encontrado en uno
de los referidos códices la siguiente nota, considerada
''como uno de los autógrafos más indubitados del Al-
mirante" (pág. 14):
(i) Doctor D. Simón de la Rosa y López, bibliotecario de
la Colombina, Libros y autógrafos de Cristóbal Colón. Sevilla,
1891, página 10. Debo la posesión del folleto en que apareció
este notabilísimo discurso a la bondad de mi excelente amigo
el Sr. D. Pedro Torres Lanzas, jefe del Archivo de Indias de
Sevilla. Véase apéndice núm. i.
241 16
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
DEL AMBRA ES CIERTO NASCERE IN INDIA SOTO TIERRA
HE YO NE HO FATO CAUARE IN MOLTI MONTl IN LA ISOLA
DE FEITI BEL DE OI^IR BEL DE CIPANGO, A LA QUALE HABIÓ
POSTO NOME SPAGNOLA Y NE O TROUATO PIEQA GRANDE
COMO EL CAPO, MA NO TOTA CHIARA, SALUO DE CHIARO, Y
PARDA Y OTRA NEGRA, Y VENE ASAy".
Pues bien : de estas sesenta y una palabras, son cas-
tellanas las siguientes, por su orden : del - es - cierto
TIERRA - YO - LA - de - DE - DE - Y - PIEgA - COMO - EL - NO
SALVO - DE - Y - PARDA - Y - OTRA - NEGRA - Y, es decir,
más de una tercera parte. Las palabras del - la y salvo
son al mismo tiempo italianas ; pero dada la manera como
se hallan colocadas en la oración, deben ser consideradas
como castellanas. De las italianas están escritas en una
orma que revela un verdadero desconocimiento de ese
dioma, las siguientes: del amhra (del ámbar), que en
italiano debió escribirse delPambra; he (y), que en ita-
iano debe ser e; fato (hecho), que se escribe fatto; in la
isola (en la isla), que debió ser nellHsola; habió (bahía),
que es aveva, y que no es palabra italiana ni española ;
spagnola (española), que debe ser spagnuola; o (he), que
es ho; tota (toda), que debe escribirse tutta; vene, que
podría tomarse por hene (bien), pero que debe querer de-
cir: allí hay, que se escribe ve n'é, y asay, mucho, que se
escribe assai.
Y todavía, para que la jerigonza resultase más comple-
ta, intercaló el Descubridor en el texto dos veces la pa-
labra bel, conjunción latina vel, que significa o. No es-
tando seguro, sin duda, de cómo se escribiría la italiana,
optó por latinizarla.
242
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Para que pueda juzgarse al primer golpe de vista de
toda la extraña irregularidad de esta nota, con la que
no pudo buscar otra cosa el Descubridor que el dar color
de verdad a su simulación de extranjeria, se transcribe
a continuación, en una columna, literalmente, con un
tipo especial para las palabras castellanas ; y en otra co-
lumna, la misma nota, aun con su pésima estructura
gramatical, tal como resultaría escrita en italiano, lle-
vando también tipo especial las palabras italianas es-
critas por Colón en castellano; y se verá, sin el menor
esfuerzo, que Colón desconocía en absoluto la morfo-
logía y, especialmente, la sintaxis de aquel idioma.
LA NOTA, EN EL ITALIANO
. DE COLÓN
DEL amhra es cierto ñas-
cere in india soto tierra
he YO ne ho fato cauare
in molti monti in la isola
de feyti bel de ofir bel
DE cipango, a la qiiale ha-
bió posto 7iome spagnola y
ne o trouato pieqa grande
COMO EL capo, ma no tota
chiara, salvo de Maro, y
PARDA Y OTRA NEGRA, Y
vene asay.
LA NOTA, EN ITALIANO
DELh'ambra e certo ñas-
cere in india sotto Terra
ed 10 ne ho fatto cauare
in molti monti nell' isola
di feyti o di ofir o di
cipango, alia quale eveva
posto nome spagnuola e ne
ho trovato pezzo grande
COME iL capo, ma non tutta
chiara, salvo di chiaro, E
GRIGIA ED ALTRA ÑERA, E
ve n'é assai.
Dice Colón: "del ambra es cierto nascere in india*\
lo cual, traducido literalmente quiere significar : del ám-
243
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
bar es cierto nacer en India, empleando el infinitivo ñas-
cere, nacer, por nasce, nace, tercera persona del indica-
tivo. La lectura de esta frase produce exactamente el
mismo efecto que si un extranjero, conocedor a medias
del castellano, nos dijese: "Yo venir de París"^ o "yo
estar bueno". Ningún italiano es capaz de decir "io
parlare italiano'* por "io parlo italiano", o "voi essere
spagnuolo" por "voi siete spagnuolo". Lo propio pue-
de decirse del infinitivo nascere, no siendo posible que
ningún italiano, algo conocedor siquiera de su idioma,
lo use por nesce, porque seria un verdadero barbarismo.
Además, aun poniendo nasce por nascere, la construc-
ción de la frase siempre resultaría imperfecta a más no
poder, no explicándose a qué responde el empleo del
es cierto, como una afirmación innecesaria. "Del ámbar
es cierto nacer en India..." No se ve aqui la gramática
por ningima parte.
Del resto de la nota puede decirse lo propio. A su
final nos encontramos con este galimatías: "Pieza
grande como la ' cabeza, pero no toda clara, salvo de
claro, y parda y otra negra..." ¿Qué es lo que quiso
decir con lo de salvo de claro, y parda? Lo de salvo
de chiaro no tiene otra traducción que la de "salvo de
claro", con lo cual nada se dice. Lo que hay necesaria-
mente es que quiso poner se no (si no) y puso salvo, no
sabiéndose de ese modo qué es lo que se propuso expre-
sar con esas dos palabras chiaro y parda — entre las
cuales, que son una italiana y la otra española, no hay
siquiera concordancia— a no ser echándose a adivinar,
o bien conociendo su manera d^ escribir el castellano,
244
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
es decir, sabiendo que empleaba el saho por sino, como
cuando dice: '^S. S. A. A., no gastaron ni quisieron
gastar en ello salvo un cuento de maravedís/' El em-
pleo del salvo en esta forma demuestra claramente que
él trazó ese rarísimo cuerpo de escritura pensando en
.castellano y vertiendo de su lengua a la italiana las pa-
palabras que de ésta conocía; y, las que no, las puso en
la propia.
Desde luego, la trabajosa y enrevesada construcción
de esa nota prueba por sí sola que no brotó fácil y
espontáneamente del conocimiento del idioma en que se
trató de escribirla, sino por consecuencia de un penoso
esfuerzo de pésima traducción. Léase si no : in la isola,
que escribió traduciendo las palabras en la isla, en vez
de escribir: neirisola. Dice también: o la quale hablo
posto nome spagnola; pero su autor, al trazar esas pa-
labras, se encontró, por lo visto, con que el habla no le
sonaba a italiano y, no ocurriéndosele el aveva, puso
hablo, por parecerle, probablemente, que sería el habla
italianizado. En cuanto al posto, puede pasar, aunque
del^ió haber empleado la palabra messo, del verbo met^
tere, poner, que era el más propio para el caso; pero
como componía su nota traduciendo, pensando en el
puesto, escribió posto. Es consecuencia inevitable de
habUr o escribir lo que se piensa en el propio idioma,
traduciéndolo a otro que apenas se conoce, o se conoce
muy mal.
Lo demás de la nota ya no es castellano mal tradu-
cido, sino casi todo castellano. Plega grande como el,
de igual manera que y parda y otra negra, y, son todas
245
PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
palabras de nuestro idioma. Lo que acaso no escribió
Colón traduciédolo fueron las dos últimas palabras:
vene asay; pero, en cambio, como escritura del italiano,
lo hizo de una manera desgraciadísima. Quien tal es-
cribió sabía que estas dos palabras significaban : ollí hay
mucho, por haberlas oído ; pero no supo escribirlas. En
lugar de ve (allí), n'é (hay) y assai (mucho), le pareció
bien escribir : vene asay. Se atuvo a una reminiscencia
puramente fonética ; pero como no conocía el italiano,
escribió la frase con la torpeza que salta a la vista, de
igual modo que un español que conociese sólo de oídas
la palabra francesa toujours escribiría, con toda seguri-
dad, tuyur o tuchur, probando con ello no conocer el
francés ni a medias, que es exactamente como el italia-
no Colón conocía el italiano.
No creo que haya quien se atreva a sostener, salvo
que desconozca por completo lo que fué Italia en los
pasados tiempos, que esa nota fué escrita así, tan torpe-
mente, a causa de no haber alcanzado entonces el ita-
liano la maravillosa perfección que hoy tiene. No. Dos
siglos antes, más o menos, habían escrito ya el Dante,
su Divina Comedia; Petrarca, sus Rimas y sus Sonetos;
su Decamerón, Boccacio, y, por el mismo tiempo de Co-
lón, escribían sus obras admirables Ariosto y Machía-
velli.
No ha de faltar quien ponga en duda la bondad del
hallazgo de este manuscrito, suponiendo que acaso no
pertenezca al propio Descubridor ; pero con sólo fijarse
en que quien lo escribió hablaba en primera persona
diciendo lo ne ho fato..., agregando después hahio posto
246
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
nome spagnola, es evidente que el Sr. De la Rosa afirmó
con toda razón ser ése '^mo de los autógrafos más in-
dubitables del Almirante", pudiendo haber dicho que es
absolutamente indubitado, por cuanto se trata , de su
ITopia letra, bien conocida, y nadie, si no él, puso nom-
bre, personalmente, a la isla Española (i).
Un caballero italiano de vasta ilustración y grande
amigo mío, a quien yo hablaba del asunto, me observa-
ba que no era justo olvidar la circunstancia de ser Co-
lón genovés, por lo cual bien podía suceder que cono-
ciese tan sólo su dialecto, y no el italiano; pero bien se
comprende que esto no es verosímil, tratándose de quien
dominaba el latín, lengua madre del italiano, y que ha-
bía estudiado en varias obras que no consta hayan sido
nunca escritas en genovés, suponiéndose por lo mismo
que las estudió en textos italianos. Pero aun admitiendo
la posibilidad de que sólo conociese el genovés, lo na-
tural es que supliese las palabras italianas que no le
fuesen familiares al tratar de escribir en ese idioma con
las correspondientes de su dialecto itálico, jamás con
otras castellanas. Es decir, que si es imposible que esa
nota haya sido escrita por un italiano, lo es más aún
que lo haya sido por un italiano de la región genovesa.
Y bien: ¿habrá quien se atreva a sostener que ese
cuerpo de escritura fué hecho por un italiano? Yo co-
nozco la imprsión que ha producido en más de un hijo
(i) Quien tuviese duda acerca de la autenticidad de esa
neta consulte la Raccolta di documenti e studi, etc.. que la
reproduce como autógrafa de Colón en la parte primera, volu-
men III, tav. CI, núm. 23.
247
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
de Italia, de los buenos conocedores de su idioma, por
supuesto : ha sido de verdadero estupor. Les parecía in-
creíble. Para ellos, el autor de esa nota no conocía abso-
lutamente el italiano. Y es que quien tal escribió sabía
lo suficiente de este idioma para chapurrearlo, para ha-
cerse entender en él medianamente, hasta para hacerse
pasar por italiano, diciendo y, probablemente, pronun-
ciando bien alguna que otra frase, que fué lo que buscó
y consiguió el Almirante; pero ¿lo conocía? No. Y si
alguien sostuviese lo contrario, allá se las haya con su
conciencia.
Si pues Colón no hablaba ni conocía el italiano, la
consecuencia, según se ha dicho, es ésta necesariamente:
no era italiano, mientras no exista prueba indubitable
de lo contrario. ¿Que esa prueba es su propia declara-
ción? De todo lo expuesto resulta que tal confesión,
por responder puramente a sus personales convenien-
cias, no es verdadera. Es bien sabido que la confesión,
a no ser en materia civil, jamás se considera suficiente
para condenar a nadie, mientras no existan circunstan-
cias que la hagan verosímil y convenzan al juez de que
quien la hizo no faltó a la verdad, aun en contra suya.
Es ésta una prescripción terminante de las leyes por
que se rigen todos o casi todos los pueblos cultos, y se
inspira en un elemental principio de justicia. Yo podría
citar casos, en que tuve ocasión de intervenir ejerciendo
mi profesión, de individuos que se reconocieron autores
de graves delitos, por responder esto a un fin determi-
nado, resultando después reconocida su inocencia. No
se trata aquí de ningún hecho punible, es cierto; mas
248
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
para el caso es lo mismo. Se trata de una confesión sim-
ple, hecha con fines interesados, en un documento he-
ráldico, y que, lejos de estar abonada por hechos que
convenzan de su sinceridad, sucede precisamente todo lo
contrario: son infinitas las circunstancias que hacen
presumir, más aún, que prueban plenamente ser esa con-
fesión una de las muchas simulaciones que el descu-
bridor creyó necesarias para la realización de sus pla-
nes. Como dice con toda verdad el marqués de Dos
Fuentes, en su citada obra, en el Colón italiano, todo
resulta absurdo, contradictorio, imposible, lleno de os-;
curidad; mientras que, en el Colón español, todo se
nos presenta lógico, natural, perfectamente concorde con
sus declaraciones, con sus hechos, con su apellido y has-
ta con su idioma.
No sería, pues, admisible semejante objeción. La úni-
ca observación posible sería esta : , Colón nació en Ge-
nova, es el mismo vir ligiir mentado por los historiado-
res, el mismo Christóphoro Columbo a que se refiere
la montaña de escrituras de la Raccolta; mas su familia
le llevó al extranjero, siendo una criatura, por lo cual
no pudo haber aprendido el italiano, ni tampoco el ge-
novés. Pero la insubsistencia de tal explicación saltaría
a la vista. Aun sin contar que es rarísimo el padre que
no enseña su idioma a sus hijos, vaya a donde fuere,
¿no es ese mismo Columbo el que cardó lana y fué ta-
bernero en Genova, según ya veremos, hasta después
de los diecinueve años, como rezan los referidos pa-
peles de la Raccolta? ¿No es el mismo que en 7 de
agosto de 1473, siempre según dichos papeles, otorgaba
249
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
una escritura en Savona, afianzando a su padre Dome-
nico para sacarle de la cárcel, a donde le habían llevado
sus deudas, y en la cual estuvo él mismo a punto de
caer de igual modo? Si así fuese, Colón se habría cria-
do y formado en Genova, lo cual haría inverosímil que
desconociese el *italiano, o, cuando menos, el genovés.
Siendo, pues, imposible, si hemos de atenernos a la do-
cumentación italiana, la hipótesis del Columbo, o Colón,
que se crió y educó lejos de Genova, no obstante haber
nacido en ella, quedamos en lo dicho: Cristóbal Colón,
descubridor de América — que no es> ni puede ser, el
Colimibo de la Raccolta — , se atribuyó una falsa patria
al fundar su mayorazgo en Genova, siendo de ello una
prueba incontestable el hecho de no conocer el italiano.
Léase, entretanto, todos los escritos de Colón en
castellano, que son muchos, y en buena parte, de su
puño y letra, y si, por excepción rarísima, contuviesen
alguna palabra italiana, jamás esto indicaría la italia-
nidad de su autor, y mucho menos por aquellos tiempos
en que tan poderosamente influía el italiano en el in-
cremento de nuestro idioma. Lo natural habría sido que,
después de haber pasado toda su juventud navegando
en buques italianos y oyendo hablar constantemente a
hombres de esa nacionalidad, hubiese adquirido, no al-
gunas, sino muchas de las frases que escuchaba, las
cuales forzosamente tendría que usar para hacerse en-
tender, como pudiese, de aquella gente. Verdaderamen-
te, sería cosa de sorprenderse de que, después de esa
su vida marítima, "tan italiana", y de sus "catorce
años" de Lisboa, hubiese podido defender la pureza
250
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
de su idioma al extremo de escribir con toda corrección
versos como los de la glosa del Memorare novissima
iua, del Libro de las Profecías, y páginas como aque-
lla tan sentida que, según se ha dicho, dedicó a la
bahía de Porto Santo.
Enfrente de la nota que dejo analizada, he aqui otra
del Descubridor, también indubitada, que el señor de
la Rosa transcribe de las Memorias manuscritas de
Cristóbal Colón: ''Jueves 29 de febrero de 1504, es-
"tando yo en las yndias, en la ysla de janayca en el
"poerto que se diz de Sancta Gloria, que es casi en el
"medio de la ysla, de la parte septentrional, obo eclipsis
"de luna, y porque el comiengo fué primero que el sol
"se pusiese, non pude notar saluo el término de quando
"la luna acabo de volver en su claridad"... Nótese bien
que esto lo escribió el propio Colón, pues dice... ''Estan-
do yo en las yndias" y se ha tomado de sus Memorias
manuscritas. ¿Cuántas palabras o giros italianos Con-
tiene ? Ninguno. ¿ Cuántas faltas gramaticales en el idio-
ma español? Casi ninguna. Y he aquí demostrado con
los autógrafos del propio Descubridor que, mientras
escribía correctamente el español, no sabía escribir ape-
nas el italiano, de lo cual debe lógicamente deducirse
que podría ser cualquiera su patria, menos la genovesa.
Si, pues, al señor de la Riega cupo la gloria de haber
descubierto en el Museo Arqueológico y en los archivos
notariales de Pontevedra, elementos de convicción que
le llevaron a suponer, con todo fundamento, que el Des-
cubridor era hijo de aquella región de Galicia, pienso
que no ha sido pequeña mi suerte il haber encontrado
:¿51
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
entre los autógrafos existentes en la Biblioteca Colom-
bina de Sevilla la prueba plena, incontestable, de que
Cristóbal Colón no era italiano, consiguiendo con ello
que las suposiciones del ilustre historiógrafo ponteve-
drés deban pasar de la categoría de una mera hipótesis
a la de una verdad histórica, que tengo la certeza se
encargará de consagrar el tiempo de una manera defi-
nitiva e indubitable."
ÍNDICE
Páginas.
Dedicatoria 5
Al Lector 7
I. — Génesis de la obra de Celso García de la Riega
"Colón, español" II
II. — Génesis del presente libro -. 15
III. — Nuevas investigaciones 3 ^
IV. — Un requerimiento a la Academia de la Historia. 47
V. — Colón, genovés, según un académico "]!
VI. — Pleito académico 113
VIL— Mi alegato H?
Apéndices ^99
OBRAS DE DIVULGACIÓN
HIS-
TÓRICA PUBLICADAS POR
LA
BIBLIOTECA NUEVA
J. García Mercadal:
España vista por los extranjeros
(3 tomos)
12
Ángel Ossorio y Gallardo:
Los hombres de toga en el proce-
so de D. Rodrigo Calderón
3,50
Ricardo Fuente:
Reyes, favoritas y validos
4
E. González-Blanco:
Historia del periodismo
4
Carlos Pereyra:
La obra de España en América...
4
E. Rodríguez Solís:
Historia de la prostitución
5
Prudencio Otero Sánchez:
España, patria de Colón
4
THIS BOOK IS DUE ON THE LAST DATE
STAMPED BELOW
AN INITIAL FINE OF 25 CENTS
WILL BE ASSESSED FOR FAILURE TO RETURN
THIS BOOK ON THE DATE DUE. THE PENALTY
WILL INCREASE TO 50 CENTS ON THE FOURTH
DAY AND TO $1.00 ON THE SEVENTH DAY
OVERDUE.
NOV 24 1941 Y
NQ¥24
OCT O ms
^^i
•*'"s r^ií^-i^^
403582
// z
UNIVERSITY OF CALIFORNIA LIBRARY
w^^^-'mQ